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El misterioso grupo industrial que moldea la política alimentaria mundial

Cuando el gobierno indio se rindió ante las empresas de alimentos poderosas el año pasado y pospuso su decisión de poner etiquetas rojas de advertencia en los alimentos envasados no saludables, los funcionarios también buscaban aplacar las críticas por la demora en crear un panel de expertos para revisar el sistema de etiquetado propuesto, que habría avanzado mucho más allá de lo que hicieron otros países en la batalla para combatir los índices de obesidad crecientes. Pero el hombre designado para dirigir el comité de tres miembros, el Dr. Boindala Sesikeran, nutricionista veterano y ex asesor de Nestlé, solo enfureció aún más a los defensores de la salud.
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Esto se debe a que Sesikeran es administrador del Instituto Internacional de Ciencias de la Vida (ILSI, por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro estadounidense con un nombre que suena inocuo que ha infiltrado silenciosamente los entes gubernamentales de salud y nutrición en el mundo. Creado hace cuatro décadas por un ejecutivo de Coca-Cola, ahora el instituto tiene sucursales en 18 países. Está casi totalmente financiado por los gigantes de la agroindustria, la industria alimenticia y farmacéutica.
El Instituto Internacional de Ciencias de la Vida es una organización sin fines de lucro estadounidense que ha infiltrado silenciosamente los entes gubernamentales de salud y nutrición en el mundo. Durante las décadas del ´80 y ´90 defendió los intereses de las tabacaleras en Europa y Estados Unidos. Ahora ha expandido sus actividades en Asia y América Latina, regiones que proveen una participación creciente de ganancias en las empresas alimenticias.

La organización, que defendió los intereses de las tabacaleras durante las décadas del ´80 y ´90 en Europa y Estados Unidos, más recientemente ha expandido sus actividades en Asia y América Latina, regiones que proveen una participación creciente de ganancias en las empresas alimenticias. Ha estado especialmente activa en China, India y Brasil, la primera, segunda y sexta nación más poblada del mundo, respectivamente. En China, el instituto comparte personal y espacio de oficinas con la agencia responsable de combatir la epidemia de enfermedades relacionadas con la obesidad en el país. En Brasil, los representantes del ILSI ocupan cargos en una cantidad de paneles sobre alimentación y nutrición, que previamente estaban reservados a investigadores universitarios. Y en India, el rol de liderazgo de Sesikeran en el comité de etiquetado de alimentos ha planteado cuestionamientos acerca de si los reguladores finalmente serán influenciados por los productores de alimentos procesados que dicen que las etiquetas rojas de advertencia dañarían las ventas.

Leyendo cuidadosamente las etiquetas de los envases, todos podemos ser fiscales y evitar las trampas de las publicidades engañosas.

“¿Qué podría salir mal?” preguntó sarcásticamente Amit Srivastava, coordinador del grupo del Centro de Recursos de India. “Tener a un grupo lobista de la industria alimenticia oculto que decide la política de salud pública y está mal y es un conflicto de intereses descarado”. La organización rechaza las acusaciones de que trabaja para los intereses de sus miembros corporativos. “Bajo ninguna circunstancia el ILSI protege a la industria de ser afectada por la política y leyes desventajosas”, dijo el grupo en una declaración. Después de décadas de operar en gran medida bajo el radar, el ILSI está cada vez más bajo la lupa de los defensores de la salud en Estados Unidos y el exterior, donde afirman que es poco más que un grupo de choque en favor de los intereses de los 400 miembros corporativos que proveen su presupuesto de 17 millones de dólares, entre ellos, Coca-Cola, DuPont, PepsiCo, General Mills y Danone.

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El año pasado, la empresa fabricante de caramelos Mars se retiró del ILSI, argumentando que no podía tolerar más a una organización que financia lo que un ejecutivo de Mars describió como “estudios realizados por la defensa”. En 2015, el ILSI perdió su acceso especial a los entes rectores en la Organización Mundial de la Salud, después de que los críticos plantearan cuestiones acerca de sus nexos con la industria. En los 40 años que pasaron desde su creación, el ILSI cultivó metódicamente aliados entre los académicos y el gobierno a través de las conferencias que patrocina en el mundo, y de reclutar científicos influyentes para comités que trabajan en temas como la seguridad alimentaria, agroquímicos o la promoción de suplementos probióticos.
En China, el instituto comparte personal y espacio de oficinas con la agencia responsable de combatir la epidemia de enfermedades relacionadas con la obesidad en el país. En Brasil, los representantes del ILSI ocupan cargos en una cantidad de paneles sobre alimentación y nutrición, que previamente estaban reservados a investigadores universitarios. Y en India, el rol de liderazgo de Sesikeran en el comité de etiquetado de alimentos ha planteado cuestionamientos acerca de si los reguladores finalmente serán influenciados por los productores de alimentos procesados que dicen que las etiquetas rojas de advertencia dañarían las ventas.

Aunque los temas de la conferencia rara vez se ocupan de temas políticamente conflictivos, los críticos dicen que sirven a un fin mayor: cultivar científicos y funcionarios que normalmente podrían evitar un evento directamente patrocinado por McDonald’s o Kellogg’s. “También ayuda que estos eventos se realizan siempre en hoteles cinco estrellas y que sirven el almuerzo”, dijo el Dr. Shweta Khandelwal, nutricionista que trabaja en la Fundación de Salud Pública de India sin fines de lucro. “Seguramente nosotros no tenemos dinero para pagarle el almuerzo a la gente”. De distintas maneras, Sesikeran es la persona ideal para ser reclutado por el ILSI: ex funcionario gubernamental de alto rango y nutricionista destacado. En los siete años desde que se retiró como director del Instituto Nacional de Nutrición de India, Sesikeran asesora a empresas como Nestlé, la gigante japonesa de la industria alimenticia, Ajinomoto, y la empresa italiana productora de chocolate, Ferrero.

Las etiquetas nutricionales son bastante confusas para el consumidor promedio.

Desde 2015, Sesikeran ha sido administrador de las operaciones tanto del ILSI en India, como las globales de la organización con sede en Washington, y es un disertante frecuente en los eventos del ILSI, donde ha dado conferencias sobre los beneficios de los edulcorantes artificiales y los cultivos modificados genéticamente. Los cargos en el ILSI son ad honorem, pero vienen acompañados de viáticos y gastos pagos para asistir a las reuniones en el mundo. El año pasado, cuando la Autoridad de Seguridad Alimentaria y Estándares de India necesitaba a alguien para dirigir su panel sobre las etiquetas de advertencia, los funcionarios eligieron a Sesikeran. Pawan Kumar Agarwal, el jefe ejecutivo de la autoridad, habló en todos los seminarios del ILSI junto a Sesikeran, y en 2016, apoyó a Sesikeran para un comité que ponderó los pros y contras de las plantas de mostaza modificadas genéticamente.
En los 40 años que pasaron desde su creación, el ILSI cultivó metódicamente aliados entre los académicos y el gobierno a través de las conferencias que patrocina en el mundo, y de reclutar científicos influyentes para comités que trabajan en temas como la seguridad alimentaria, agroquímicos o la promoción de suplementos probióticos.

De acuerdo con las leyes de India, los puestos en esos paneles científicos están reservados para los expertos independientes, un punto destacado en una carta que Srivastava del Centro de Recursos de India recientemente envió a la autoridad alimentaria. “Los regulados no pueden ser los reguladores”, escribió observando que las formas de divulgación del ILSI requieren que los miembros del directorio pongan a la organización por encima de todos los otros intereses. Sesikeran no respondió a los pedidos de entrevista. El Dr. Arun Gupta, pediatra de Defensa de la Nutrición en el Interés Público-India, dijo que en privado, Sesikeran defendió su estrecha relación con la industria, y agregó que podía traer el cambio necesario al trabajar con las grandes compañías de la industria alimenticia, y no en contra de ellas.

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Rekha Sinha, directora ejecutivo del ILSI-India durante mucho tiempo, dijo que las sugerencias de que la organización promueve la industria estaban equivocadas. En las dos décadas desde su fundación, ILSI-India financió estudios sobre diabetes, ayudó a promover la fortificación obligatoria de los alimentos procesados con vitaminas y aconsejó al gobierno sobre la manera en la que la nutrición afecta a quienes tienen VIH y SIDA. “Las críticas a ILSI-India que están circulando por ahí son muy dolorosas porque no son justificadas”, afirmó. Mientras se expande por el mundo, el ILSI atrae la atención nada elogiosa. Durante el año pasado, los investigadores documentaron cómo la filial china de la organización ayudó a moldear campañas de educación en contra de la obesidad que subrayaban la actividad física por sobre los cambios en la dieta, una estrategia patrocinada por mucho tiempo por Coca-Cola, que los críticos dicen que está diseñada para proteger las ganancias corporativas. En Beijing, las relaciones entre el ILSI y el gobierno están tan entrelazadas que los líderes principales del ILSI duplican a los altos funcionarios en el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades en China. A través de los pedidos de libertad de prensa, los autores de un estudio reciente en Estados Unidos obtuvieron emails entre los administradores del ILSI, sus miembros corporativos y aliados del grupo entre los académicos, en los que los presionaban a redoblar su lucha contra la postura cada vez más dura de la OMS respecto del azúcar. En un intercambio en 2015, Alex Malaspina, fundador del ILSI, buscó las sugerencias de los administradores del ILSI y de un funcionario en los Centros para Control y Prevención de las Enfermedades en Atlanta, respecto de cómo influir sobre la Dra. Margaret Chan, entonces directora general de la OMS.

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“Debemos encontrar un camino para comenzar el diálogo”, escribió Malaspina, quien se retiró como presidente del ILSI en 2001 pero que todavía está en contacto frecuente con su personal, administradores y miembros de las corporaciones. “De no ser así, ella seguirá haciéndonos explotar con consecuencias negativas significativas sobre una base global. Esta amenaza a nuestro negocio es seria”. James Hill, administrador del ILSI y experto en manejo del peso, respondió: “Estoy de acuerdo en que necesitamos hacer algo para intentar e impedir que la OMS tome una posición totalmente en contra de la industria alimentaria en el campo de la obesidad”.
Las economías emergentes es donde está la acción. Estos son lugares donde la infraestructura sanitaria está menos establecida y las poblaciones pueden estar menos informadas sobre los riesgos para la salud. Si las corporaciones pueden ingresar desde el principio, pueden moldear los relatos y políticas alrededor de los productos no saludables

Laura A. Schmidt
Profesora de política sanitaria en la Universidad de California, San Francisco

En una declaración, el ILSI, con sede en Washington, dijo que los afirmaciones de que buscaron influir en la OMS fueron “infundadas e inexactas”, Aunque no dio más detalles, ni respondió a preguntas específicas sobre sus actividades en el exterior, la organización expresó que las entidades del ILSI pueden proveer a los reguladores “información relacionada con asuntos fácticos dentro del conocimiento científico del ILSI”. Además de sus oficinas extendidas, el ILSI dirige una fundación de investigación y un instituto concentrado en temas de salud y ambiente, ampliamente financiado por la industria química. También edita Nutrition Reviews, una publicación científica académica que organiza decenas de conferencias científicas en el mundo. Gran parte del trabajo del ILSI en los últimos años se centró en fomentar las relaciones en los países en desarrollo.

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“Las economías emergentes es donde está la acción”, dijo Laura A. Schmidt, profesora de política sanitaria en la Universidad de California, San Francisco. “Estos son lugares donde la infraestructura sanitaria está menos establecida y las poblaciones pueden estar menos informadas sobre los riesgos para la salud. Si las corporaciones pueden ingresar desde el principio, pueden moldear los relatos y políticas alrededor de los productos no saludables”. El informe anual de la organización y el sitio de Internet rebosa de certezas acerca de su compromiso con la transparencia. De acuerdo con su código de ética, los proyectos del ILSI “deben abordar temas de interés sanitario del público en general”. Pero la organización tiene una larga historia de defender los intereses corporativos. En 2001, un informe de la OMS criticaba al grupo por su rol en la financiación de estudios que traen aparejadas dudad acerca de los peligros de fumar, y en 2006, la agencia le prohibió al ILSI realizar actividades que involucraran el establecimiento de estándares para alimentos y agua, después de que sus esfuerzos ocultos por influir la política en favor de la industria salieran a la luz. Durante la última década, el ILSI recibió más de 2 millones de dólares de las empresas químicas, entre ellas Monsanto, que fue adquirida por Bayer el año pasado. En 2016, el ILSI cayó dentro de las críticas destructivas después de que un comité de la ONU emitiera una regla en la que aparecía que el glifosato, ingrediente clave de Roundup, el herbicida de Monsanto, “probablemente no era carcinogénico”, lo que contradecía a un informe anterior de la agencia del cáncer de la OMS. Resultó ser que el comité estaba dirigido por dos funcionarios del ILSI, uno de ellos Alan Boobis, vicepresidente de ILSI-Europa que realizó trabajos de consultoría para el sector químico.
El poder de esta industria es aún mayor que el de la industria tabacalera. Pero son tan misteriosos que estos jugadores no se atreven a sentarse a la mesa representando a la industria alimenticia, porque nadie aceptaría a Coca-Cola o Pepsi en la sala.

Sunita Narain
Directora del Centro para la Ciencia y el Ambiente en Nueva Delhi

En India, la influencia en expansión del ILSI coincidió con los índices crecientes de obesidad, enfermedad cardiovascular y especialmente diabetes, que afecta a más de 70 millones de indios. Los expertos dicen que esa cantidad podría aumentar a 123 millones en la próxima década, a medida que más gente elige los alimentos procesados ricos en grasas, azúcares y sal. El gobierno respondió con medidas osadas, que incluyen un impuesto del 40% a las bebidas gaseosas azucaradas introducido en 2017. Pero otros esfuerzos, incluyendo la prohibición de venta de comida chatarra en las escuelas y sus alrededores, se han estancado entre la oposición de las empresas de alimentos y bebidas. “El poder de esta industria es aún mayor que el de la industria tabacalera”, dijo Sunita Narain, directora del Centro para la Ciencia y el Ambiente en Nueva Delhi. Hace cuatro años, participó de un panel del gobierno sobre las etiquetas de advertencia cuyo informe fue rápidamente cajoneado. “Pero son tan misteriosos que estos jugadores no se atreven a sentarse a la mesa representando a la industria alimenticia, porque nadie aceptaría a Coca-Cola o Pepsi en la sala”. ILSI-India se ha distinguido por llegar a sus aliados en la sala. Además de los roles de Sesikeran, el Dr. Debabrata Kanungo, miembro del ILSI y ex funcionario del Ministerio de Salud de India, participa de dos paneles alimenticios científicos: uno que considera la seguridad de los residuos pesticidas y otro sobre aditivos en los alimentos procesados. Sinha, directora ejecutiva del ILSI-India y economista de formación, trabajó brevemente en un panel sobre nutrición del gobierno junto con Sesikeran, aunque ambos fueron removidos luego de no declarar su relación con el ILSI como un conflicto de intereses.
Un proyecto de investigación financiado por el ILSI sobre obesidad infantil en Argentina fue cancelado hace tres años luego de que los padres cuyos hijos estaban inscriptos en el estudio, tuvieran más conocimiento sobre la organización.

Incluso mientras su influencia en los países en desarrollo en el mundo aumenta, el ILSI enfrentó un retroceso ocasional. Un proyecto de investigación financiado por el ILSI sobre obesidad infantil en Argentina fue cancelado hace tres años luego de que los padres cuyos hijos estaban inscriptos en el estudio, tuvieran más conocimiento sobre la organización. Y en 2015, los funcionarios del ILSI en Washington suspendieron al ILSI-México después de que los medios informativos en ese país escribieran de manera desfavorable sobre una conferencia sobre edulcorantes que organizó. Resultó ser que muchos de los disertantes eran defensores famosos para la industria de las bebidas, y en ese momento, el gobierno mexicano estaba considerando hacer modificaciones a un impuesto recién aprobado sobre las bebidas azucaradas. No ayudó que el director de ILSI-México fuera Raúl Portillo, ex ejecutivo de Coca-Cola a cargo de los asuntos regulatorios y científicos.

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En un email a uno de los administradores del grupo, Malaspina, fundador del ILSI, calificó al incidente como un “lío” y dijo que estaba entristecido por la decisión de suspender al ILSI-México. “Espero que ahora hayamos tocado fondo y finalmente nos recuperemos ya que Coca y el ILSI están preocupados”, escribió.Resultó que la suspensión duró menos de un año y que ILSI-México está funcionando y con un nuevo director ejecutivo: J. Eduardo Cervantes, ex director de asuntos públicos en Coca-Cola de México.* Por Andrew Jacobs. The New York TimesRR

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