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La Patrulla Fronteriza en crisis por los migrantes

Este artículo fue escrito por Manny Fernandez, Miriam Jordan, Zolan Kanno-Youngs y Caitlin Dickerson.Un agente de la Patrulla Fronteriza en Tucson, Arizona, dijo que lo habían llamado “vendido” y “asesino de niños”. En El Paso, Texas, un agente relató que sus colegas y él evitan comer juntos cuando llevan uniforme, salvo en ciertos restaurantes “amigables con la Patrulla Fronteriza”, porque “siempre existe la posibilidad de que escupan en tu comida”. Un agente en Arizona renunció el año pasado a causa de la frustración. “Enjaular a la gente por una actividad no violenta comenzó a carcomerme por dentro”, dijo.Durante décadas, la Patrulla Fronteriza fue una fuerza de seguridad en gran medida invisible. A lo largo de la frontera suroeste, su labor era polvorienta y solitaria. Entre persecuciones impulsadas por la adrenalina, las cáscaras de las semillas de girasol se apilaban afuera de las ventanas de sus camionetas pick-up inmóviles. Su especialidad era conocida como “guardarse”, lo cual significaba ocultarse en el desierto y los arbustos durante horas, esperando y observando, sin hacer nada más.Hace dos años, cuando el presidente Donald Trump llegó a la Casa Blanca con la promesa de cerrar la puerta a la inmigración ilegal, todo eso cambió. Los casi 20 mil agentes de la Patrulla Fronteriza se convirtieron en la vanguardia de las medidas enérgicas más agresivas contra los migrantes jamás impuestas en Estados Unidos.Ya no eran una organización medio militar con la tarea de interceptar a los traficantes de drogas y perseguir a los contrabandistas. Su principal labor se transformó en bloquear y detener a cientos de miles de familias migrantes que huían de la violencia y la pobreza extrema —metiendo a miles de personas en tiendas de campaña y jaulas, separando a los niños de sus padres y enviando a éstos a prisión, tratando de identificar a quienes estaban demasiado enfermos como para sobrevivir en los centros de procesamiento hacinados.

Algunos agentes de la Patrulla Fronteriza han dicho que tienen que tener cuidado donde eligen comer de uniforme. (Ilana Panich-Linsman para The New York Times)

Desde septiembre de 2018 han muerto 10 migrantes bajo la custodia de la Patrulla Fronteriza y la agencia de la que depende, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.En meses recientes, la saturación extrema en la frontera ha comenzado a disminuir, con los migrantes rechazados y obligados a esperar en México mientras sus solicitudes de asilo son procesadas. Este mes, la Suprema Corte permitió al gobierno requerir a los migrantes de países que no son México demostrar que les fue negado el refugio en otro país antes de solicitar el asilo.La Patrulla Fronteriza, cuyos agentes han pasado de tener uno de los trabajos menos visibles dentro de la imposición de la ley a uno de los más odiados, sufre una crisis tanto en su misión como en su moral. A principios de este año, la revelación de un grupo privado en Facebook donde los agentes subían referencias crueles y sexistas sobre los migrantes y los políticos que los apoyan reforzó la percepción de que los agentes suelen ver a la gente vulnerable a su cuidado con una mezcla de frustración y desprecio.Entrevistas con 25 agentes y ex agentes en Texas, California y Arizona —algunas realizadas con la condición del anonimato— pintan un retrato de una agencia en un atolladero político y operacional. Abrumados este año por migrantes desesperados, muchos agentes se han amargado y puesto a la defensiva.El presidente del sindicato de los agentes afirmó que había recibido amenazas de muerte. Un agente del sur de Texas dijo que algunos agentes que conoce estaban buscando otros trabajos en agencias federales de imposición de la ley. Un agente en El Paso dijo a un agente jubilado que estaba tan indignado por los escándalos en los que la Patrulla Fronteriza ha sido acusada de descuidar o brindar maltrato a los migrantes, que quería que se eliminara el lema “Honor Primero” de sus vehículos.“Pasar de donde la gente no sabe mucho acerca de nosotros a donde la gente realmente nos odia es difícil”, comentó Chris Harris, quien fue agente durante 21 años y funcionario del sindicato de la Patrulla Fronteriza hasta que se jubiló en junio de 2018. “No hay duda de que la moral estaba baja en el pasado y hoy está por los suelos. Sé de muchos colegas que sólo quieren irse”.En general, la agencia ha estado dispuesta a hacer cumplir las políticas migratorias más duras del gobierno de Trump. En videos difundidos el año pasado, podían verse a agentes de la Patrulla Fronteriza destruyendo los bidones de agua dejados en una sección del desierto de Arizona donde grandes cantidades de migrantes han sido encontrados muertos.“Las intensas críticas dirigidas a la Patrulla Fronteriza son necesarias e importantes porque sí creo que existe una cultura de crueldad o insensibilidad”, dijo Francisco Cantú, autor de “The Line Becomes a River”, sus memorias sobre su tiempo en la agencia, de 2008 a 2012. “Hay falta de supervisión. Hay mucha impunidad”.La Patrulla Fronteriza se creó en 1924. La labor principal de los primeros agentes era detener a los traficantes de whisky de la época de la ley seca. La agencia se ha convertido en un inmenso brazo de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), la agencia federal de imposición de la ley más grande del país, responsable de vigilar más de 11300 kilómetros de la frontera norte y sur de Estados Unidos, 153 mil kilómetros de costas y 328 puertos de entrada.A nivel práctico, los centros de la Patrulla Fronteriza a lo largo de la frontera mexicana, conocidos como sectores, operan hasta cierto punto como feudos. En las ciudades fronterizas, los jefes de sector se vuelven personajes famosos e incluso ofrecen informes anuales sobre estado de la frontera.En las comunidades fronterizas, convertirse en agente hace mucho tiempo que es considerado un boleto a la clase media. Un agente recién egresado con un título del secundario puede esperar ganar 55800 dólares al año, incluyendo el tiempo extra, y eso puede aumentar a 100 mil dólares en tan sólo cuatro años.Pero en vista de las largas horas de trabajo solitario, a menudo bajo un calor sofocante y en lugares remotos, y la creciente carga de trabajo, la agencia ha tenido dificultades para reclutar: sigue teniendo un déficit de 1800 agentes de sus objetivos de contratación.Algunos ven el origen de la creciente frustración entre los agentes en 2014, cuando un gran número de familias migrantes, así como niños no acompañados, comenzaron a llegar a la frontera. Muchos agentes dijeron que no se les dieron los recursos para manejar la crisis. Madres desesperadas y niños enfermos tuvieron que ser metidos en recintos cercados porque no había dónde más ubicarlos.Algunos agentes culparon a los padres migrantes por traer a sus hijos a este caos. Su rabia comenzó a crecer durante la presidencia de Barack Obama. Luego, con la elección de Trump, encontró una voz. “Dijo en público, ‘voy a considerarlos a ustedes, al sindicato, en los expertos del tema sobre cómo aseguramos la frontera’”, dijo Harris. “Nunca habíamos escuchado eso de nadie antes”.El grupo en Facebook, que se creó en 2016 y tenía más de 9 mil miembros, se convirtió en un foro para que los agentes se desahogaran.Una publicación se burlaba de la muerte de un migrante de 16 años mientras estaba en la custodia de la Patrulla Fronteriza con una imagen que tenía la leyenda “Ni modo”. Un integrante propuso lanzarles burritos a dos congresistas latinas.Las publicaciones reflejaban una cultura que durante mucho tiempo fue evidente en partes de la agencia. Durante años, la Patrulla Fronteriza ha tolerado la terminología racista. Algunos agentes se refieren a los migrantes como “mojados”, versión abreviada de “espaldas mojadas”. Otros los llaman “toncs”.

“Se ha convertido en un trabajo más estresante”, dijo Susan Zepeda, una agente de la Patrulla Fronteriza en el sector El Centro. (Kendrick Brinson para The New York Times)

Jenn Budd, una ex agente que ahora critica de manera abierta la agencia, dijo que un supervisor en la estación de la Patrulla Fronteriza en California le explicó el término: “Dijo que era el sonido que hace una linterna cuando se usa para golpear a un migrante en la cabeza”.Josh Childress, un agente de Arizona que renunció en 2018, dijo: “Los chistes no son el problema. Tratar a las personas como si no fueran humanos es el problema”.Caléxico, California, a 195 kilómetros al este de San Diego en el Valle Imperial del sur de California, ofrece un vistazo a la relación entre una comunidad fronteriza y los agentes. El valle, rodeado de montañas, desierto y el río Colorado, tiene una economía que gira en torno a los trabajos agrícolas de temporada y el trabajo gubernamental.Las temperaturas superan los 43 grados centígrados en el verano. Unos 800 agentes de la Patrulla Fronteriza trabajan en el vasto sector de El Centro, que se extiende unos 115 kilómetros por el valle.Cuando Trump visitó la ciudad de 40 mil habitantes en abril para promocionar 3,7 kilómetros de un nuevo muro fronterizo, Ángel Esparza organizó una marcha de unidad binacional que atrajo a 200 personas. Esparza explicó que el motivo de la marcha era protestar contra Trump. “Los agentes de la Patrulla Fronteriza son parte de la comunidad”, afirmó.Sin embargo, la Patrulla Fronteriza, que opera en comunidades cuya población es mayoritariamente hispana y hostil hacia la agenda de Trump, se ha vuelto más abiertamente política que en cualquier otro momento de su historia. Muchos agentes ven a Trump como el primer presidente que toma en serio la seguridad fronteriza. El sindicato dio su respaldo a Trump en 2016, acción que ha creado fricciones en las comunidades fronterizas de mayoría demócrata.Los legisladores demócratas acudieron en bandada a la frontera de Texas en la primavera, muchos de ellos dieron conferencias de prensa para criticar las condiciones de suciedad y hacinamiento en las que se tienen a los migrantes, incluyendo niños.Los agentes dijeron que han tratado de hacer lo mejor posible —algunos compraron juguetes para los niños— pero que estaban rebasados por la cantidad de detenidos.Sólo el cinco por ciento de los agentes son mujeres. Algunas agentes entrevistadas hablaron muy bien de la agencia y de sus colegas hombres. Otras describieron una cultura de acoso sexual en la que las mujeres eran menospreciadas, ignoradas para ascensos y agredidas sexualmente.En un recuento por escrito del tiempo que pasó en la agencia, Budd describió a mujeres que eran obligadas a practicar sexo oral a compañeros. “Nunca conocí a una agente que no fuera víctima de los agentes masculinos”, dijo.El trabajo ha cobrado una factura psicológica. De 2007 a 2018, más de 100 empleados de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, muchos de los cuales trabajaron como agentes de la Patrulla Fronteriza, se suicidaron. Ross Davidson, que se jubiló después de veintiún años en la agencia, mencionó que está seguro de que el estrés laboral fue un factor que los motivó a cometer ese acto.“La monotonía repetitiva de hacer lo mismo una y otra vez y no ver resultados, ver que no tiene fin y que nada cambia”, comentó Davidson. “Eso cala cada vez más hondo y empeora gradualmente”, agregó.© 2019 The New York Times

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