Hay dos Abel Pintos (35). Uno abierto al diálogo pleno y otro en modo enigmático. Es que el cantante se siente cómodo al hablar de sus músicas o del tremendo show sinfónico que promete dar en el Movistar Arena, pero ocurre todo lo contrario cuando se le pregunta sobre su vida privada. Allí dice poco y nada. Y está en su derecho, claro.Intentar conseguir, entonces, una declaración sobre su noviazgo con Mora Calabrese (31) es toda una aventura, un desafío.Pero Abel es Abel en sus dos versiones. Siempre atento y predispuesto, pero con una cuota de misterio que genera una enorme curiosidad. Ahora está sentado en el centro de la redacción de Clarín. Unas treinta personas miran detrás de cámara y unas cien mil estarán atentas a la transmisión que en instantes comenzará por Facebook. A él, sin embargo, parece no importarle.

Abel Pintos durante su visita a la redacción de Clarín.

De hecho, se incomoda cuando, iniciado el live, se lo presenta como “el artista número 1 de la Argentina”. “No sé, nunca entendí muy bien el tema de los rankings. Ser número 1 nunca fue algo que me interese”, dice, en voz baja y como al pasar.En este caso, Abel está de visita en el diario para promocionar sus tres shows de Universo Paralelo, un concierto sinfónico que brindará el 21, 22 y 23 de noviembre en el Movistar Arena. Y lo primero que cuenta es que convocó al compositor Guillo Espel y le hizo un claro pedido: “Reversioná mis canciones”.”Le dije que se tomara las libertades y licencias necesarias para que los temas pudieran crecer lo que tuvieran que crecer en el modo sinfónico, e hizo un trabajo impresionante”, destaca. Y agrega: “Es el concierto más conceptual que yo haya hecho nunca, es que no viene agarrado de un disco y serán tres únicas noches”.

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-¿Y cómo se te ocurrió hacer algo así, Abel?-Todo comenzó como la idea de darme un gusto porque tenía el tiempo para hacerlo. Había detenido la gira para descansar y dedicarme al disco nuevo que saldrá el año que viene. Y como tenía el tiempo, quise cumplir un sueño.-¿Y con qué te encontraste?-Lo más difícil fue que tuve que volver a conocer mis canciones. Guillo, cuando hizo los arreglos, acentuó pasajes musicales que yo jamás había acentuado. Esto que voy a decir es bastante lógico pero yo no lo había pensado. Hay 50 personas tocando al mismo tiempo, la presión sonora es enorme. Lo que yo supuse es que iba a tener que ir a mis clases de canto y entrenar mucho la presión de aire para poder mantener durante una hora y media mi máximo volumen como cantante, porque iba a tener que subirme al volumen de la orquesta, pero resultó completamente lo contrario.-¿Por qué?-Es que es cierto que hay cincuenta personas tocando, pero la canción se hace fuerte en los silencios que esos cincuenta músicos hacen. Yo no estoy cantando cuando se me canta, estoy cantando en los espacios que la orquesta me brinda. Comprender eso fue una sorpresa.

“El sinfónico será el concierto más conceptual que yo haya hecho nunca”, asegura Abel.

Abel, sin dudas, brindará uno de los conciertos de su vida. Pero es una bestia musical, en el buen sentido de la palabra, que comenzó a estudiar de grande. Y con algún que otro miedo.”Es que cuando arranqué me encontré con una especie de advertencia un poco incómoda. Algunos amigos me decían ‘mejor no estudies, a ver si te ponés muy obsesivo con las reglas y dejás la intuición de lado'”, recuerda.-¿Y qué pasó?-Yo encaré y no me encontré con esa situación todavía. El estudio tuvo etapas de stand by, pero ahora retomé. Quiero agilizar la lectura y sobre todo la composición con distintas cantidades de instrumentos, ojalá algún día en composición orquestal. Ahora estoy más en la teoría.-¿O sea que antes lo tuyo fue todo autodidacta?-Sí, durante los primeros años no tenía la posibilidad de estudiar. Luego tenía las posibilidades y no me hacía el tiempo. Pero en un momento decidí que tenía que encontrar el equilibrio.-¿Por qué?-Al principio, lo que más estaba buscando era crear un circuito de trabajo y convertir la música literalmente en mi vida, poder vivir de eso. O sea, cuando empecé a trabajar mucho, quería trabajar todo lo que podía y eso no me dejaba el espacio.-Tampoco te hacés mucho espacio para hablar de política. ¿Por qué no te involucrás tanto?-En realidad, opinar por el lugar que ocupás es un tema bastante complejo para mí. Soy activo en mis ideales. Pero si entiendo que puedo ayudar a cambiar algo voy, digamos, al trabajo de campo. Colaboro pero desde allí. Y tengo mis opiniones formadas, obviamente, pero trato de encontrar mi forma de poder darlas de manera tal que yo sienta que estoy aportando. No se trata de que no me interese o de que no me involucre, tengo mi propia forma de opinar.-Pero ocurre que algunos se inclinaron por el kirchnerismo, otros por el macrismo y vos nunca nada. Es decir, nunca hiciste una opinión política concreta. ¿Por qué?-Uno tiene un momento muy especial para poder brindar su opinión con mayor contundencia: el voto. Y a mí me interesa mucho participar de las situaciones electorales.-¿Pero qué es lo que más te agrada?-Sinceramente siento que no soy tan partidista. Dentro de los partidos hay opiniones diversas. Y yo soy más de los que prefieren que se haga a que se diga. Como dije, el momento del voto me parece importante. De hecho, en alguna ocasión me ocupé de pedirle a los jóvenes que vayan a votar. Les dije: “Votá a quien quieras, pero votá”.-Vos estabas de viaje para las últimas elecciones presidenciales. ¿Lo sufriste a eso?-Sí, fue raro. Me resultó muy curioso que yo quise ir a votar y en la ciudad en la que estaba, en Miami, no se podía ir a votar si no eras residente. Hice las averiguaciones y me terminé enterando de esto. Me resultó una pena.-¿Te acostumbraste a que esté todo el mundo mirándote, como ahora?-No, y mucho menos en esta situación. Si estuviera con la guitarra, todavía. Pero que haya gente que tome su tiempo para escuchar lo que yo pueda responder de cualquier cosa, eso sí que es más curioso. Yo no soy un generador de opinión.

Abel revolucionó la redacción y sus fans se acercaron a pedirle una foto.

-¿Y qué cosas no te permite la fama?-No hay nada que sienta que no pueda hacer por ser conocido.-¿Nada?-Nada.-¿Vas al cine igual, por ejemplo?-Sí, pero cambian las formas. En distintos momentos del año, dependiendo de las exposiciones que tenga, la popularidad se reaviva. Si hace meses que no toco y estoy de descanso, ir al supermercado me toma media hora, pero si voy hoy seguramente me lleve más tiempo. Pero, de verdad, no hay nada que no pueda hacer. Supongo que tiene que ver con cómo siento en el cuerpo que la gente venga a saludarme.-¿Qué te genera?-Lo disfruto. Lo manejo con naturalidad. A veces estoy apurado y no me detengo a sacarme todas las fotos. Si vos tenés sensaciones de ahogo porque te vienen a saludar cuando estás eligiendo la yerba que vas a comprar, entonces probablemente no lo disfrutes. Pero eso no me pasa.-Hablando del “peso” de la fama, ¿no sentís cierta calma ahora que ya todos saben que estás de novio?-No…

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-Me refiero a que paralelamente a eso, justo una semana después de la noticia, apareció una foto tuya caminando de la mano con ella. Y pareció como que pensabas “ya está, ahora puedo caminar de la mano tranquilo”.-Es lógico el razonamiento, pero no funciona de esa manera. Yo no tomo decisiones personales por la repercusiones que puedan tener. Yo las tomo por cómo yo voy necesitando hacer las cosas. Entonces, si voy haciendo las cosas distinto es porque en otro momento no deseaba hacerlo de esa manera. No siento una calma especial porque en definitiva a mí nunca me incomodó que me pregunten, yo siempre elegí hasta dónde responder de mi vida.-¿Y ahora hasta dónde?-Ahora, por ejemplo, elegí responder cuando alguien del público me preguntó (por Instagram) si era cierto que estaba en pareja.-Bueno, eso llamó la atención.-Claro. Y bueno, en algún momento me dijeron, “bueno, entonces ahora sí vas a hablar…”. No, “ahora sí”, no. Yo hablo de lo que yo necesito, de lo que me parece divertido, de lo que me da ganas, no quiere decir que haya cambiado algo en mí.-También es cierto que las redes te dan la posibilidad de confirmar o desmentir directamente. Te preguntaron si te ibas a casar y pusiste que no, no dejaste ni lugar a la repregunta. ¿O no?-Me han repreguntado un montón, pero yo tuve ganas de responder eso y otras cosas no.

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-¿Es complicado para vos conocer a alguien?-Sí, es complicado, pero no más que para otra persona.-En tu caso, según trascendió, tu novia era una fan que conociste un recital y empezaste a tener contacto. ¿Quizá ese contacto te dio un poco de miedo?-A mí no me da ganas de explicar qué de lo que se dice es cierto, ahí es donde elijo no hablar. Cómo se dieron las cosas, es un tema mío, no me dan ganas de compartirlo. Ahora, si es para mí igual que para vos o para otra persona… nada en general es igual para nadie. La complejidad de relacionarse con alguien, de confiar en alguien, de depositar en alguien tu tiempo, tu intimidad, es igual de complejo para todos los que estamos acá.-Hay algo muy lindo que trascendió, que dormiste en la casa de una familia cuando fuiste a un festival y no lo hiciste en un hotel. ¿Eso fue así?-Es cierto y no… te voy a contar cómo son las cosas estando de gira. Muchas veces vamos a tocar a ciudades que no tienen una gran capacidad hotelera, pero el festival recibe muchísima cantidad de gente y bandas. A veces no me puedo alojar en la propia ciudad, y en lugar de hacerme 100 kilómetros prefiero eso.-¿No te importa el lujo?-A mí este tema de los hoteles, sin son cinco estrellas, tres estrellas, si tienen pileta o no, me da igual. Yo no voy de vacaciones, voy a estar a un rato, a descansar y después me subo al bondi y me voy a la siguiente ciudad. Entonces para resolver logísticamente accedemos a que el contratante disponga de una casa o casaquinta que me dé un lugar donde pasar el día descansando, una cama con sábanas y toallas limpias, no mucho más.-Igual vos sos bastante sencillo para las giras. Viajás en micro y no en avión, por ejemplo.-No pasa por ser sencillo o no, es una elección de comodidad. Hay mucho de esto de “ah, se tomó un avión privado”. En realidad, muchos músicos toman a veces uno por una cuestión logística, no por lujo. Yo nunca tomé un avión privado pero no tendría problema de hacerlo si soluciona algo. Lo que me pasa a mí es que en la gira de verano, que tocamos en ciudades que no tienen aeropuerto, es más incómodo viajar en avión que subirse al bondi. Por eso lo elijo.JA

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