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Si las exportaciones no crecen es difícil que el país avance

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Nuevas retenciones a la soja

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27 de febrero de 2020  

Quienes se interesan en temas económicos deben tener siempre en cuenta dos elementos vitales: la restricción presupuestaria y los incentivos. Si, ya sé, se suele decir que la oferta y la demanda son lo más importante, pero es que precisamente las mismas están condicionadas por estos dos elementos. La restricción presupuestaria indica que los recursos son escasos y deben ser asignados de la mejor manera posible. Nada más y nada menos; hasta ahí llega la economía. La política es la que define cuál es la mejor manera posible respondiendo dos preguntas muy básicas: ¿De quiénes obtener los recursos? ¿Dónde asignar los recursos?

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Para que la política pueda actuar se debe analizar los efectos de sus decisiones. ¿Quiénes y cómo se ven beneficiados o afectados? ¿Cuánto impacto habrá en su comportamiento actual y futuro? De eso se tratan los incentivos: son los estímulos o motivaciones para la conducta económica. Las personas actuamos diferente ante el garrote o la zanahoria, el castigo y la recompensa. Los elementos de restricción presupuestaria e incentivos están presentes en (prácticamente) todas las decisiones de nuestra vida.
Los impuestos son tanto recursos como incentivos y cuando se aplican, por loable que sea el objetivo a alcanzar, al mismo tiempo se está castigando al que lo paga. Muchas veces se ponen impuestos tan altos que desincentivan completamente la actividad. El punto apropiado para poner impuestos es muy difícil de identificar y debe mantenerse un cierto nivel de actividad económica. Por eso los impuestos son muy diferentes cuando son sobre un stock (por ejemplo, valor de automotores o inmuebles, etc.) o sobre un flujo (ingresos, ganancias, exportaciones, etc.). Los stocks no se crean o desaparecen rápidamente, pero los flujos sí lo hacen.

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Sin embargo, nuestros gobiernos parecen ignorar algo tan básico. Se definen gastos sin asignar prioridades ni respetar límites y se cargan impuestos sin considerar sus consecuencias. Se privilegia el corto sobre el largo plazo, lo que explica la falta de crecimiento argentino. Algunos impuestos sobre stocks son tan elevados que carcomen justamente el stock o capital. Al mismo tiempo, algunos impuestos sobre flujos desincentivan la producción o trabajo. Entonces, ¿por qué tomar estas medidas?

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La respuesta es que las medidas o remedios están vinculadas a un diagnóstico. Si éste es equivocado, las medidas no darán el resultado buscado. Si adicionalmente las medidas ni siquiera son las apropiadas para el diagnóstico (equivocado) nos enfrentamos a una situación donde es difícil predecir el resultado.
El diagnóstico del gobierno actual fue que había un problema de actividad económica y un faltante de dólares para pagar la deuda. Creo que esa es la consecuencia pero no el origen del problema. Lo relevante es entender por qué había/hay poca actividad y porqué hay problemas con la deuda.

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En base a este diagnóstico se aumentaron impuestos al comercio exterior a través de retenciones, el impuesto solidario, restricciones a importaciones, y volver a viejos métodos “manuales” de autorizaciones diversas. En la creencia de que es necesario tener más dólares se llega a un comercio exterior hiperreglamentado, discrecional y con serios problemas de rentabilidad. Será muy difícil que las exportaciones crezcan y las importaciones serán muy costosas. Ninguna de estas medidas permitirá crecer sostenidamente nuestra balanza comercial, y su resultado será efímero. A la postre habrá menos dólares.

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Si el diagnóstico hubiera sido que es necesario que el gobierno tuviera pesos para comprar los dólares de los exportadores, las medidas hubieran sido muy diferentes: se hubieran auspiciado exportaciones para que haya más dólares cuyo precio sería menor y que pudieran ser comprados por el Tesoro reduciendo otros gastos de menor prioridad.
Con las medidas actuales hay pocos incentivos a crecer en exportaciones. Los ingresos para el empresario serán menores a lo previsto. Si las exportaciones no crecen es difícil que el país crezca. Esperar que el consumo interno apuntale el desarrollo es ingenuo, y aun cuando pudiera ser efectivo, no hay porqué desarmar un sector que crecía para favorecer a otro. Tampoco hay medidas que hagan crecer a otros sectores porque los ingresos que llegarán adicionalmente a la base de la pirámide de personas con menos recursos sean detraídos de otras personas. Sin dejar de lado los aspectos morales y de equidad que pudieran hacer necesarias medidas de esta naturaleza, tengamos en cuenta que lo único que se logra es reasignar entre diferentes personas el tamaño de la porción de una torta que no crece.

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Los incentivos para crecer son vitales para el desarrollo de un país. Sin afán de ganancias, innovación y superación es muy difícil que haya inversión, indispensable para mejorar nuestra calidad de vida. Quien ingenuamente no crea en los incentivos, puede confiar en J.M. Keynes que definió en 1936 los “Animal Spirits” para identificar los elementos que guían el comportamiento económico. Cito textualmente: “gran parte de nuestras actividades posi-tivas dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica”.
El optimismo por el futuro económico dependerá de la lectura de cada uno sobre sus propios incentivos. Para el país en su conjunto debemos considerar los compromisos de la deuda en un contexto sin crecimiento. Será difícil creer en la promesa del gobierno de pagar cuando el país crezca si al mismo tiempo está inhibiendo el crecimiento. Es una in-consistencia cuyo resultado es difícil de prever.

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La misión de la política es lograr el delicado equilibrio entre recursos y necesidades generando los mejores incentivos. Con la ley de emergencia se obtendrán los recursos. Falta el presupuesto para saber a qué necesidades los asignará. Espero que haya mayor cuidado con los incentivos y que una ligera mejora de corto plazo no nos lleve a un problema aún mayor en el (no tan) largo plazo.
(Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la Ucema. .

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Por:
Diana Mondino

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