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El cine a través de la música regresa a la TV Pública

Después de estrenar su primer capítulo en agosto por la Televisión Pública, El cine a través de la música tendrá su segundo capítulo este sábado 6 de febrero, a las 21. Presentado por El Instituto Nacional de la Música (INAMU) y dirigido por Emilio Cartoy Díaz, el ciclo hace un recorrido memorable por la cinematografía y las bandas sonoras musicales argentinas más importantes de todos los tiempos.
La producción que reúne más de 120 películas nacionales contará con la participación de directores y productores que explicaran la importancia de la música en el cine. Además, la cinta hará un reconocimiento a todos los que forman parte de la industria, tanto técnicos, como guionistas, autores, productores y actores.Gustavo Santaolalla, Luis María Serra, Pino Solanas Sebastián Escofet, Lita Stantic, Emilio Kauderer, Luis Puenzo, Vanessa Ragone, Leo Sujatovich, Lorena Muñoz, Alejandro Lerner, Iván Wyszogrod, Carlos Galettini, Federico Jusid, Litto Nebbia, Andrés Goldstein, Daniel Tarrab, Ramón Ayala, Lito Vitale y José Martínez Suárez son algunos de los que aportarán testimonios en el programa.

Norma Aleandro y Héctor Alterio en “La historia oficial”, un clásico del cine nacional que tiene música de Atilio Stampone y canciones de María Elena Walsh. .

Cartoy Díaz, junto a Cristian Jure, está detrás de producciones del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) como los documentales La guerra de otros medios (2010), que buscó representar el modo en que los pueblos indígenas utilizan sus propios medios de comunicación para resistir a la invasión de sus territorios y el saqueo de recursos; y Generación Bicentenario (2011), que registra testimonios, vivencias y la pasión con la que participaron las juventudes de todo el país en las jornadas nacionales con el lema “Florecen mil flores, pintamos mil escuelas”.En la primera parte de El cine a través de la música se vieron escenas de reconocidas películas como Juan Moreira, La historia oficial, La casa del Ángel, El secreto de sus ojos, Orquesta de señoritas, El exilio de Gardel, La hora de los hornos, El Club del Clan y Pizza, Birra, Faso, entre otras.En noviembre de 2019, antes de su debut en la pantalla chica, El cine a través de la música fue presentado en el Festival Internacional de Mar del Plata y fue todo un éxito. Y es que lo posicionaron como un reconocimiento a “los hacedores del cine argentino” y como “un viaje a la emoción, al recuerdo, a revivir los momentos emblemáticos de la música en el cine, que nos dejaban tarareando a la salida de cada función”.

Gustavo Santaolalla es uno de los compositores que dieron su testimonio para “El cine a través de la música”.

Ahora es el turno de sorprender a los televidentes nuevamente con imágenes de alta calidad en las que se podrá ver a los hitos del mundo de la música y el cine.A través de un tráiler en la cuenta de Instagram @inamuargentina escribieron “La música en el cine argentino junto a la palabra de quienes componen y dirigen. Inamu presenta una serie documental de 4 capítulos sobre el arte de narrar con música e imagen. Un reconocimiento a quienes hicieron grande nuestro cine y a los inolvidables momentos musicales que son parte de nuestras historias”.“Imperdible”, “¡Qué maravilla!” y “Que lindo. ¿Será que también podrá verse en YouTube?”, fueron algunas de las respuestas de los seguidores que están expectantes ante la próxima entrega.WD

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El hombre que volvió de la muerte y regresa para desafiar a Putin

Por Jorge SaboridoLa Justicia rusa volvió a condenar la semana pasada al opositor Alexei Navalny a una pena de prisión efectiva, luego de que regresara de Alemania, donde se recuperó de un intento de asesinato. No será su primera estadía en la cárcel ya que el gobierno soviético parece avocado a perseguir y encerrar al abogado, sordo ante las protestas que se multiplican en Rusia y los clamores internacionales se hacen oír. El mismo día de la condena, el martes 2 de febrero, más de mil personas fueron detenidas por marchar en favor de Navalny, según estimaciones de la ONG OVD-Info.
El envenenamiento de Navalny con agua que ingirió en un hotel de Siberia hizo recordar otros actos aparentemente protagonizados por sectores vinculados al gobierno como, para citar solo un par de ejemplos muy conocidos, el asesinato en 2006 de la valiente periodista Anna Politskovskaya, que investigaba los excesos de las fuerzas rusas en el conflicto con Chechenia, o el sospechoso envenenamiento en ese mismo año del espía Alexander Litvinenko.

Navalny forma un corazón con sus dedos mientras decenas de personas son arrestadas en las calles por darle apoyo. (Moscow City Court via AP)

Sin embargo, en esta ocasión nos encontramos ante un hecho de dimensiones muy diferentes, justamente por la personalidad del afectado, el crítico más popular de la gestión de Vladimir Putin desde hace casi una década. Las diferentes medidas adoptadas desde el Kremlin para impedir su accionar político e incluso –como ha ocurrido– para privarlo de su libertad, den cuenta de un encono hacia su persona que va mucho más allá de la casi indiferencia que genera en las altas esferas del poder los otros dirigentes opositores, cuya actividad es permitida casi sin mayores tropiezos.Por lo tanto, la pregunta que genera la figura de Navalny es la siguiente: ¿por qué Putin se empeña con tanta determinación en neutralizar su accionar hasta el punto que –por supuesto se trata solo de sospechas– puede (aparentemente) llevarlo a intentar acabar con su vida y reprimir con tanta dureza toda manifestación en su favor?Para intentar responder a esta pregunta vamos a resumir la vida y las ideas de este personaje inusual para la Rusia gobernada por Putin.Nacido en 1976, Navalny es hijo de un oficial soviético destinado a las operaciones con misiles por lo que pasó su niñez en bases militares. Su abuela estuvo entre las tropas soviéticas que capturaron el Reichstag en 1945.Estudió leyes pero también tomó cursos en la Academia Financiera de Moscú. Durante varios años fue un militante del partido Yabloko, uno de los partidos de orientación liberal surgidos a lo largo de la década de 1990 (“soy uno de los pocos que reconozco haber votado por Yeltsin”). Expulsado del partido en 2007 por marchar junto a grupos nacionalistas radicales, en adelante se dedicó a denunciar la corrupción del régimen de Putin aunque en esos primeros años tuvo algunas actitudes que lo vinculaban con grupos xenófobos.Su primera actividad significativa se desarrolló en 2007 y fue la compra de acciones de empresas del Estado seguida de la participación en las reuniones anuales de accionistas planteando preguntas comprometedoras respecto, por ejemplo, del uso de partidas destinadas a actividades de caridad que, según todos los indicios, encubrían operaciones corruptas. La exposición de estos hechos en las redes sociales le permitió ganar decenas de miles de seguidores y lo llevó a crear la Fundación Navalny contra la Corrupción destinada a mostrar el comportamiento del gobierno desde pequeñas obras que no se realizan hasta la revisión de todas las licitaciones convocadas por el gobierno. El objetivo explícito era que “todos dedicaran 15 minutos al día a luchar contra la corrupción del gobierno”.De cualquier manera, la influencia de Navalny en el escenario político ruso fue insignificante hasta su participación en las manifestaciones de 2011–2012, originadas por la maniobra de Putin de retornar a la presidencia luego de dejar su puesto durante un período de cuatro años a Dmitri Medvedev. La implementación de duras leyes destinadas a controlar la oposición condujo a Navalny a la cárcel acusado de robar grandes cantidades de madera de una compañía estatal. Pese a que varias veces el juicio estuvo por cerrarse por falta de pruebas finalmente fue condenado en julio de 2013 a una pena de 5 años a cumplir en un campo de trabajo. Sorprendentemente, las autoridades lo dejaron libre para que participara en las elecciones municipales de Moscú pensando así en legitimar los comicios. En esas elecciones, contra todos los pronósticos, obtuvo el 27 por ciento de los votos, siendo la segunda figura más votada, aunque se sospecha que el porcentaje fue mayor.

El domingo 31 de enero de 2021, la gente se enfrenta a la policía durante una protesta contra el encarcelamiento del líder de la oposición Alexei Navalny en Moscú, Rusia. (AP Photo/Alexander Zemlianichenko, File)

Luego del impacto de las elecciones, los fiscales montaron un nuevo caso, ahora contra él y su hermano Oleg –dueño de una empresa naviera– por malversación de fondos en perjuicio de la compañía de belleza Yves Rocher, pese a que ésta negó haber sufrido alguna pérdida. Finalmente, ambos fueron sentenciados a tres años y medio de prisión y a gruesas multas, pero la sentencia de Alexei fue suspendida, reemplazada por la prisión domiciliaria con una tobillera electrónica. Como esto es ilegal en Rusia cuando el acusado ha sido sentenciado, Navalny filmó para las redes el momento en que se quitó la tobillera y comenzó a circular libremente por las calles de Moscú, vigilado por la policía.Desde 2016 anunció que se iba a presentar a las elecciones presidenciales de 2018 y acto seguido estableció una red de oficinas electorales por todo el país. Sin embargo, en 2017 recibió la notificación oficial de la Comisión Electoral Central en la que su candidatura era imposible porque tenía antecedentes penales y las leyes rusas prohíben que quien está condenado pueda ir a las urnas como elegible. A partir de ese momento su accionar personal y la actuación en las redes fue consolidando su posición en todo el país, hasta que se produjo el envenenamiento que conmovió al mundo. Mientras tanto entraba y salía de la cárcel con frecuencia; su definición del régimen de Putin como el gobierno “de los estafadores y los corruptos” se generalizó entre los opositores.Un nacionalista conservador.Una vez resumido su accionar político es importante conocer las ideas de Alexei Navalny más allá de su oposición frontal a Putin. En este aspecto la fuente más adecuada disponible es la transcripción de los diálogos que mantuvo en 2014 con Adam Michnick, uno de los principales intelectuales polaco, caracterizado disidente durante la década de 1980.De ese intercambio de ideas podemos resumir lo siguiente: es un nacionalista conservador, de carácter cívico, opuesto frontalmente al nacionalismo imperialista “el más tóxico y peligroso de los nacionalismos”. Su postura no predica la superioridad nacional sino que reivindica los derechos civiles y plantea la necesidad de desarrollar todas las potencialidades de Rusia “sin necesidad de expandirnos”.

Alexei Navalny participa en una marcha en memoria de Boris Nemtsov que marca el quinto aniversario de su asesinato en Moscú, el 29 de febrero de 2020. EFE/EPA/YURI KOCHETKOV

Esta posición en un ambiente polarizado como es la vida política rusa conduce a que sea “calificado de liberal por los nacionalistas y de nacionalista por los liberales”.Ante la cuestión que ha agitado a los intelectuales rusos desde el siglo XIX respecto de su relación con Occidente, su europeísmo no presenta fisuras: “cualquier régimen que no se funde a partir de las reglas europeas solo puede sobrevivir mediante el fraude, la censura y la represión”. Los “caminos especiales hacia la modernidad” siempre han llegado a alguna forma de totalitarismo.Otro de los rasgos de su pensamiento es la importancia otorgada a la religión pero frente a la significación que Putin le otorga a la iglesia su postura es que ésta debe limitarse al campo espiritual.Las críticas a Putin se centran tanto en aspectos internos como en la política exterior. En política interna sostiene que el objetivo de Putin es el establecimiento de una “democracia imitativa” en una versión modelo Alemania Oriental, manteniendo en última instancia el contrato social soviético basado en la concesión de beneficios económicos y sociales a cambio del desinterés de los ciudadanos por la política. Lamentablemente opina, muchos rusos acuerdan y lo disfrutan, lo que constituye un verdadero “síndrome de Estocolmo”.En cuanto a la política exterior, partiendo de la rotunda frase “la invasión de Ucrania fue un crimen contra todo el mundo. Rusia incluida”, sin embargo formula su principal crítica al accionar occidental: más que discutir la pertenencia o no a la Organización del Atlántico Norte, la expansión del programa de defensa misilística violó el principio de paridad nuclear, un importante componente del sistema de seguridad internacional, y este acto “empujó” a Putin, para quién la política exterior es un instrumento de política interna, a reanudar la carrera armamentista contando con un importante apoyo dentro del país.La cuestión de la anexión de Crimea lo lleva a introducir matices: se trata de una acción ilegal, que viola acuerdos existentes pero se debe comprender que ha pasado también a ser un problema. Más de dos millones de pasaportes rusos han sido enviados a residentes de Crimea; “lo único que cabe hacer es anular el referéndum –totalmente ilegal– de marzo de 2014 y realizar un referéndum transparente bajo supervisión internacional. Y aceptar los resultados, aun sabiendo que el problema se va a extender por décadas”. No es casual que la prensa occidental conceda tanta importancia al accionar de Alexei Navalny; sus ideas sintonizan con la prensa liberal y lleva a pensar que Rusia podría seguir un rumbo diferente al que le imprime Putin. Sin embargo, cada vez que los rusos han sido convocados a las urnas han mostrado su apoyo mayoritario al presidente. Evidentemente, las ideas de Navalny son expresión del pensamiento de las clases medias ilustradas de Moscú, San Petersburgo y otras grandes ciudades de la Rusia europea; de ninguna manera son compartidas por el conjunto del pueblo ruso.

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Pero lo que realmente deja perplejos a los observadores es la saña con la que Putin lo persigue y persigue a sus seguidores. La explicación más plausible es que su obsesión por asumir que él y sus ideas expresan el sentir del conjunto de Rusia lo lleva a desplegar operativos masivos para enfrentar a los que –es de imaginar– en su esquema mental son traidores, simplemente traidores, y como dijo en alguna ocasión en una entrevista “los traidores deben ser aniquilados”.

Jorge Saborido es historiador. Fue titular de cátedra en la UBA y decano en la UNLPam. Foto: Fernando de Orden

Jorge Saborido es historiador. Fue titular de cátedra en la UBA y decano en la UNLPam.

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