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Polémicas publicaciones de Stephanie Salas, la madre de la hija de Luis Miguel

En las últimas horas, Stephanie Salas (51), mamá de Michelle Salas (31), la hija de Luis Miguel (51), sorprendió a sus 234.000 seguidores de Instagram y a toda la prensa de su país con inesperados posteos vinculados a la serie del Rey Sol.
Es que la segunda temporada de la ficción producida por Gato Grande y MGM y emitida por Netflix narra la complicada relación entre el cantante y la reconocida artista, proveniente de una de las familias más famosas del espectáculo mexicano.¿Pero cuál es el conflicto? Al parecer, la versión que dan a conocer en la serie no es la misma que vivió Stephanie, quien habría criado sola a su primogénita, ya que los encuentros entre el intérprete y su hija habrían sido muy pocos y espaciados a lo largo de la infancia y adolescencia de Michelle. 

La imagen de Stephanie Salas con una misteriosa frase. Foto: Instagram

“Mejor cuéntame uno de Pinocho”, escribió la cantante y actriz mexicana junto a dos imágenes de ella al natural, luciendo solo un jean y una campera de corderito negro. Y, acto seguido, compartió en sus historias de Instagram un contundente comunicado de un conocido maquillador de su país que dice: “Oigan, hoy por fin pude ver la segunda temporada de Luismi y todo súper bueno, actuaciones, caracterización, vestuario, etc…”.”Pero me quedé pensando y para cuándo la serie de Stephanie Salas y todas las mujeres que tienen que lidiar con ser madres solteras, que no se pueden ir 11 años y después regresar”, continuó diciendo visiblemente indignado.

El comunicado que Stephanie Salas compartió en sus historias de Instagram.

Además, en ese escrito que la propia Stephanie replicó en sus redes, el hombre agrega: “La historia de Michelle y cómo fue a ver a su papá de lejos… Otra vez, que bueno que Luismi contó su versión, que bueno que retomó la relación con su hija pero siento que las historias de esas mujeres no las vemos tanto en pantalla y contadas con justicia, sin hacerlas víctimas o las ‘abnegadas'”. Cabe destacar que esta no es la primera vez que Stephanie habla de la serie de Luis Miguel. Tras el estreno de esta segunda temporada, la mamá de la primogénita del Rey Sol subió a su cuenta de Instagram una imagen de ella junto al título de una canción que ella le habría escrito en su pasado al músico.Es que Stephanie posteó esa foto de ella junto a la canción: Qué fácil se nos hizo, cuya letra habría sido inspirada en su amorío con el galán: “Qué fácil se nos hizo amarnos a escondidas, comprar un paraíso en el último piso frente a donde vivías, un amor sin permiso, dos llamas encendidas y nació un compromiso, en el último piso, cuando aún me querías…”.

Stephanie Salas y Michelle Salas. Foto: Instagram

Además, este fin de semana, Sylvia Pasquel (71), la reconocida actriz mexicana y mamá de Stephanie, aseguró en una entrevista para Venga la Alegría que su hija siempre fue una mujer “respetuosa” y nunca hizo reclamos públicos a Luis Miguel.”Realmente ella siempre fue una mujer muy respetuosa, una mujer muy entregada a su hija, sin necesidad de estar haciendo escándalos ni reclamos públicos…”, mencionó la actriz, quien también destacó todo el “amor y la buena disposición” que Stephanie siempre tuvo “para un encuentro y un acercamiento de Michelle con su papá”.  JA

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Un recorrido por las salas de terapia intensiva, termómetro de la pandemia en España

La unidad de terapia intensiva del hospital Clínic de Barcelona sorprende a quien (por suerte) la haya visitado poco. Aquí están los enfermos más graves, que requieren más cuidados, pero hay calma y silencio. Incluso una señal con una oreja luminosa se enciende si suben demasiado los decibeles.
“La uci -así llaman en España a las unidades de cuidados intensivos- no ha de ser un lugar de caos, debemos anticiparnos a cómo estará el enfermo, todo debe estar previsto, aquí no hay que gestionar imprevistos como en urgencias”, explica Pedro Castro, jefe de sección de vigilancia intensiva del hospital.Las unidades de cuidados intensivos son en este momento el termómetro más sensible para ver si se controla la epidemia de coronavirus. Todos miran su ocupación: si baja, es que se ha reducido la propagación del virus. En Cataluña, aún suben los ingresos, pese a frenarse la semana pasada el crecimiento de los contagios.Hay 591 internados, con datos del miércoles. Ocupan cerca del 60% de las ucis, casi el doble de lo que el Departamento de Salud ve sostenible por el sistema de forma prolongada (300 pacientes). En la mitad de las regiones d España, el Covid-19 ocupa más del 35% de las unidades de terapia intensiva. Y una uci siempre está en torno al 80% –en el país no hay un número elevado de estas camas, 9,7 por 100.000 habitantes, frente a 16 en Francia o 34 en Alemania–. Si llegan muchos enfermos por el virus, se desborda la capacidad y hay que ampliarla a costa de otra asistencia.

Médicos y enfermeros se protegen con trajes especiales, pero igual temen contagiarse el coronavirus. Foto: REUTERS

Capacidad colmadaEl Clínic, uno de los principales hospitales públicos de España, ha dado acceso a La Vanguardia, lo que permite ver cómo se vive en estos momentos la epidemia en las uci. Este hospital tiene seis (de cardiología, de enfermedades infecciosas…) y suman 48 camas. Esta capacidad ya se ha rebasado y las ucis se extienden a las 50 camas de semicríticos. Este miércoles había 40 enfermos de Covid-19, el 40% de los internados, pues hay además pacientes de otras patologías (infartos, hemorragia cerebral, operados…). La cifra de infectados por el virus ha ido subiendo en las últimas semanas; hay 3-5 ingresos diarios. Por la terapia intensiva del Clínic ya han pasado 365 enfermos de la Covid-19. En abril, se atendió hasta a 110 a la vez, repartidos por ucis, quirófanos y salas diversas.Pero una uci no es solo el espacio, que es importante porque requiere un sofisticado equipamiento. También es su personal. Se estima, por ejemplo, que se necesita una enfermera por cada dos pacientes, además de otro personal. No es fácil abrir camas, subraya Castro. No sobra el personal; es un temor compartido en todos los hospitales que surja un brote de Covid-19, que se multipliquen las bajas y cuarentenas.

Los pacientes que llegan a terapia intensiva en los hospitales de España tienen entre 30 y 80 años. Foto: REUTERS

En primavera, todo el personal del hospital pasó a atender a enfermos de Covid (y casos de urgencia vital), personal de quirófano, por ejemplo, reforzó las ucis. Pero no se puede relegar a los pacientes de otras patologías; también tienen la necesidad y el derecho de ser atendidos, recuerda el médico. Por eso se hacen esfuerzos para atender a todos. Hasta esta semana al menos, el Clínic ha mantenido el 95% de actividad no Covid-19, pero se está en el límite.Es por esta presión en los hospitales y los centros de atención primaria (CAP) que se intenta modular la epidemia. “Nuestra presión depende de lo que ocurra en la sociedad; lo ideal sería volver a la situación de junio (muy pocos casos de Covid-19), porque creo que esto va para largo, pero entiendo que hay que tomar decisiones pensando en el conjunto de la sociedad”, reflexiona el coordinador de urgencias. Ante este otoño e invierno, se ha acumulado un stock razonable (tampoco infinito) de material como equipos de protección o medicamentos y el Clínic, como otros hospitales, ha comprado respiradores nuevos.En la uci de cirugía cardiovascular, con boxes cerrados a ambos lados de un pasillo, hay 10 pacientes (casi el doble que el viernes, por ejemplo). Es uno de los espacios destinados a enfermos de Covid-19. Y si allí habitualmente ya se manejan enfermos muy graves, como apunta Alba, enfermera, el virus lo complica todo más todavía. El personal lleva un rato preparando a un paciente para llevarlo a hacerse un TAC pulmonar. Ana, médica residente, y los camilleros van enfundados en trajes especiales, con lentes de protección (muchos llevan doble mascarilla) y Ana carga una gran mochila-heladera “con material por si le pasara algo al enfermo”.Tampoco extraña que llamen a la camilla “atómica” con todo el aparataje que lleva. ¡Y solo van de la planta 3 a la -1! Siete horas de turno así (10 por la noche) se antojan agotadoras, aunque los trabajadores se muestran animosos.“Seguimos teniendo miedo a la dolencia y estamos cansados”, admite Alba. Pero cree que la primera oleada fue más difícil, “porque no sabíamos qué esperar de la evolución de los enfermos”.El temor de médicos y enfermeros  a contagiarse“Ahora –dice– nos adelantamos más cuando vemos su gravedad, vamos más seguros, aunque siempre son pacientes muy complejos”. Se mantiene la angustia ante el riesgo de contagios, porque supone dejar a los compañeros con uno o varios menos, porque todo el mundo tiene su vida personal… Se han acostumbrado a hacer poca vida social, a comer separados del resto de personal, en grupos pequeños. “Mi pareja pasó el Covid en la primera oleada, así que estoy más tranquila, pero cuando visito a mis padres nos vemos al aire libre”, cuenta Sílvia Pons, fisioterapeuta.¿Qué fisioterapia hace con estos enfermos? Depende de su estado, de si estan intubados y sedados o si pueden participar, les mueve o les hace mover las extremidades, para evitar la rigidez de las articulaciones. O hacen ejercicios para respirar mejor, extraer mucosidad y para que no se angustien cuando sufren disnea, el ahogo que sienten la mayoría. Es común cambiar de posición a los pacientes (boca arriba, boca abajo), cada 16 horas aproximadamente para ayudar a repartir mejor la sangre y el oxígeno por sus afectados pulmones.

Un paciente con coronavirus es trasladado en un hospital en Barcelona, semanas atrás. Foto: AP

El jueves ya había mejorado y pasado a una habitación de planta, pero en un box había un paciente que padece lo que algunos artículos médicos han descrito como “happy hypoxia”, una de las particularidades de la infección por el coronavirus, explica el doctor Castro. El enfermo tiene un nivel muy bajo de oxígeno en la sangre, pero parece no sufrir para respirar. Aunque lo nota al intentar hacer algo: éste tenía ataques de tos al hacer fisioterapia.Los enfermos por el virus no pueden recibir visitas (solo se autorizan en casos de final de vida). Se llama a las familias, “si el paciente está bien, cada día; si está mal, las veces que haga falta”, señala el médico. Si pueden hablar, les dan móviles o tabletas para mantener el contacto con sus allegados.De los 10 pacientes de esta sala de terapia, hay tres mujeres. Llegan más hombres porque normalmente presentan más complicaciones al tener más factores de riesgo (como hipertensión o diabetes). Y las edades de todos los enfermos de Covid-19 críticos, internados ahora en el Clínic, van de 39 a los 81 años.“La edad no determina si a alguien se lo trata o no en la uci, no se ingresa aquí para alargar la vida a cualquier precio, miramos si el paciente se puede beneficiar del tratamiento, si necesita estar intubado –la práctica totalidad de pacientes Covid-19 llega porque tiene insuficiencia respiratoria y hay que intubarlos–, si tiene muchos problemas arteriales…”, detalla Pedro Castro recordando la polémica que hubo en la primera oleada ante el gran número de enfermos mayores de 80 años y si requerían cuidados intensivos o no.Diferencias de la segunda olaEl médico corrobora lo que en las últimas semanas han dicho otros intensivistas: están viendo al mismo tipo de pacientes que en marzo y la gravedad del Covid-19 es la misma. “Ahora, los infectados llegan antes a primaria y a urgencias, les tratamos antes de que estén tan graves. No hay tratamientos nuevos, pero se ha visto qué fármacos funcionan mejor en las distintas situaciones”, precisa. Algunos de los hospitales de referencia como éste utilizan incluso la ECMO, oxigenación extracorpórea, un aparato que actúa como una diálisis de pulmón (se creó para enfermos del corazón a los que se tenía que oxigenar la sangre fuera del cuerpo). La mortalidad entre los pacientes de uci por Covid-19 no llega al 10%. Castro cree que, a falta aún de estudios, en esta segunda oleada, se ha reducido ligeramente, es muy probable que por esa atención más pronta. No hay decesos cada día. También se ha acortado la estancia hospitalaria (a una media de 10 días), dice, aunque aún no se ha calculado si también en la uci. Todo apunta a que sí, pero sigue siendo de al menos dos semanas. Aquí en el Clínic hay un paciente de la segunda oleada, de unos 70 años, que lleva un mes internado. Y otro de menos de 40, casi un mes. Antes de la epidemia, la estancia media de un paciente en la uci era de una semana.El paso por la uci es como una carrera de fondo, exige paciencia y resistencia, aunque parezca contradictorio con que hay un elevado riesgo de muerte. La gran mayoría ganará a la enfermedad, aunque tarden semanas.Por Josep CorbellaCB​

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Desde Venecia, un ruego de reabrir las salas de cine

VENECIA (AP) — El director español Pedro Almodóvar se ha sumado a un coro de voces en el Festival de Cine de Venecia que exhorta a reabrir las salas y regresar a la normalidad del cine después de las restricciones del coronavirus. Las películas, dijo, están hechas para verlas en la pantalla grande, no en casa.Directores y actores han expresado júbilo al regresar a la alfombra roja en el Lido y las proyecciones —aunque en forma modificada— después que la pandemia cerró las salas en todo el mundo.“El solo hecho de prepararse para hoy fue bastante surrealista y había una sensación de normalidad”, dijo la actriz francesa Stacy Martin al presentar en la competencia “Lovers”, de Nicole García.Los organizadores de Venecia se enorgullecen de realizar el festival en forma presencial a pesar de las costosas y molestas restricciones antivirus que incluyen el uso de la mascarilla protectora, las salas reducidas a la mitad o un tercio de su aforo, los controles de la temperatura, la higienización de las manos. Procedieron con el primer gran festival de la era COVID, convencidos de la necesidad de despejar un camino para una industria duramente golpeada por las restricciones.Almodóvar, que estrenó su película breve “La voz humana” el jueves, dijo que las plataformas de streaming cumplieron un “papel esencial” al divertir a la gente durante los meses de encierro en casa a los que los forzó el coronavirus.Pero también contribuyeron al fenómeno “peligroso” de que la gente se siente cada vez más cómoda al vivir, trabajar y comer en casa, una suerte de “encarcelamiento” que según él se debe resistir.“Y el antídoto es el cine”, dijo, al describir la salida y el sentarse al lado de extraños en una sala “donde te encuentras llorando o disfrutando con otros”.“So coloco mi filme en una plataforma como Netflix, de alguna manera pierdo ese contacto y ese punto de encuentro con el espectador”, dijo. “Por eso hay que decirle a la gente que vaya al cine, que vaya a las salas, porque algunas cosas solo se descubrirán en la pantalla grande, en la oscuridad con la persona que no conocemos”.Con todo, la experiencia no será la misma.“Ties”, el drama familiar de Daniele Luchetti, recibió una ovación al inaugurar el festival el miércoles por la noche. Pero el director italiano dijo luego que algo no era normal. Bajo las normas de distanciamiento social, los espectadores sentían que estaban encerrados en una “burbuja al vacío”, y el ruido de los aplausos al final sonaba disperso.“Sé muy bien cómo reacciona una audiencia a una película, tanto cuando les gusta como cuando no les gusta”, dijo Luchetti a The Associated Press después del estreno. ”Esta vez la atmósfera era muy rara. El solo hecho de no tener a alguien a tu lado: no podía girar y ver a una multitud que reía o miraba atentamente”.Dijo que escuchó los aplausos al final, pero que eran dispersos, dado que había una butaca vacía entre cada una ocupada. “Era un aplauso en un espacio con un balance distinto”. Sin embargo, reconoció, “creo que tenemos que acostumbrarnos a esto”.Tilda Swinton, quien protagoniza el cortometraje de Almodóvar y recibió un León de Oro a la Trayectoria, dijo algo similar desde el escenario de la sala principal del Lido, al sostener que le conmovía ver los ojos y las orejas de los espectadores (aunque no sus bocas, cubiertas por las mascarillas).“Cuando me pregunto cómo puedo expresar debidamente mi gratitud por este honor, me faltan las palabras”, dijo. “Pero creo que puedo decirles de alguna manera qué significa estar aquí con ustedes esta noche. Qué significa estar a punto de ver una película en Venecia.“Pura felicidad”, dijo.

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