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En diciembre Miami tendrá mucho arte argentino

En la Bienal de Venecia las autoridades porteñas difundieron el exitoso acuerdo que coronaría el programa Art Basel Cities a modo de bonus track de alta visibilidad: arte público en el Collins Park. Por eso este fin de semana, Florencia Battiti y Diana Wechsler, las argentinas designadas para curar esa muestra en Miami Beach, ya están allí. Ubicado en la popular avenida donde se jalonan los hoteles, este parque supo ofrecer muestras durante algunos años, funcionando como KM 0 de la Feria, hasta que se discontinuó . Fue así como pasó por allí Matías Duville y el suizo Ugo Rondinone dejó su menhir flúo -donado por el Museo Bass.Sin embargo, la crisis económica y el precio del dólar –cuando no una interpretación limitada de la apuesta- vienen erosionando la iniciativa. Aunque se consiguió hasta ahora una quita del 50%, los costos siguen siendo elevados y leoninos. Ojalá que los galeristas puedan hacer causa común. Hay dos artistas en firme, Gabriel Chaile y Agustina Woodgate, ambos de la galería Barro.
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Collins Park no será el único espacio para el arte argentino en diciembre, más allá de Art Basel. ¿Cómo olvidar que – de noche y de día-, mientras el cambio climático prosigue su dramática corrosión, el mamut de Damien Hirst sigue ahí, absorbiendo los rayos solares? Gone but not Forgotten, Muerto pero no olvidado, es el título funerario de la obra de Hirst. Los veraneantes primero quedan encandilados y proceden a clasificarlo como simple fondo de una selfie. El mastodonte del Hotel Faena tendrá rivales a partir del 2 de diciembre con The last supper, una última cena de arte público que ocupará el patio central del hotel y la playa y tapará la dorada osamenta a modo de eclipse. En el conjunto, que abordará las religiones en relación con los ritos de la gastronomía y que es curado por Zoe Lukow, participarán artistas como la mexicana Pía Camil, el colectivo vietnamita The Propeller Group, la haitiana Myrlande Constant, que tomará el vudú con ofrendas de canela y cenizas, y el argentino Gabriel Chaile. El artista pondrá allí cinco esculturas, una de tres metros de alto y otra que será un horno funcional.Este ha sido un año venturoso para el tucumano, tocado por el fervor crítico de Cecilia Alemany ( y todo lo que eso derrama). La curadora del High Line neoyorquino es, además, una conocedora del arte argentino tras su participación en Art Basel Cities. De hecho, en la 50° edición de la feria en Basilea, en junio, Chaile expuso su instalación compuesta de ollas intervenidas, procedentes de comedores comunitarios en actividad en Tucumán -e inició a los funcionarios suizos en el rito del mate cocido-. Una arqueología del hambre en tiempo presente. Chaile vendió todas las “baterías” de ollas por un total de 100 mil dólares (el 10 por ciento se destinó a esos comedores). Entre los compradores, primera fue la coleccionista uruguaya Estrellita Brodsky, asesora del MoMA.Pese a sus auténticos orígenes pobres -él recuerda como un hito familiar cuando su madre consiguió hacer la carpeta de portland en su casa con piso de tierra-, Chaile fue objeto de un intenso bardeo, bajo la acusación de oportunismo y de hacer folklore. ¿No se lo podría destacar como emergente de la movilidad social perdida? Su caso recuerda, no sin amargura, que el medio local sigue siendo insuficiente para consagrar y globalizar por sí solo a sus artistas. El 15 de octubre se instalará en Miami para producir la obra del Faena; la inauguración culminará en un asado.

Agustina Woodgate y su “National times”, expuesto en la Bienal Whitney. Estará en el Espacio 23, de Jorge Pérez, y en Collins Park.

En la primera semana de diciembre también abrirá Espacio 23, el nuevo warehouse del desarrollador argentino-cubano Jorge Pérez, fundador del museo PAMM. Exhibirá un centenar de piezas, bajo el título “Tiempo de cambio: arte y agitación social en la Colección Perez”. Estará curada por José Roca, en diálogo con Patricia Hanna y Anelys Alvarez, e incluirá a un centenar de artistas latinoamericanos que hicieron del compromiso político su lema. desde León Ferrari hasta los chilenos Eugenio Dittborn y Alfredo Jaar. Entre quienes activarán la muestra se encuentra Woodgate, la argentina que participa en la Bienal Whitney y una de los ocho artistas que pidieron se retiraran sus obras del museo en repudio al filántropo Warren Kanders, ya apartado de su cargo.Chaile y Woodgate -quien todavía batalla por los permisos municipales que requiere su obra, con bebederos- han confirmado su participación en Collins Park. Pero de las catorce galerías originalmente interesadas, pocas siguen en firme. Algunas argumentan que han subido la apuesta dentro de la Feria central –como Orly Benzacar, que llevará obra de Luciana Lamothe a la nueva sección Meridians, dedicada al arte de escala monumental- y prefieren concentrar su energía. El gobierno porteño se esfuerza ahora en conseguir que se reduzcan los costos. mientras algunos deslizan que el envío porteño podría completarse con obras de Marta Minujín y Amalia Pica, que reside en el exterior.

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Ricardo Piglia: dos jornadas para leer juntos al gran escritor

Cuando se le preguntaba qué idea guiaba su obra como narrador, crítico, profesor y editor de prestigio internacional, Ricardo Piglia (Adrogué, 1941-Buenos Aires, 2017) contestaba, con estas u otras palabras, que lo suyo era “enseñar a leer”. Poner en evidencia cómo lee un escritor es fundamental para construir relatos y analizarlos (sean literarios, sociales o políticos), afirmaba Piglia, para quien “la realidad está tejida de ficciones”.

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Renzi, alter ego de una consciencia

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Lector fascinado de primeras novelas y del género policial, que une la intensidad de la investigación y la épica del peligro, Piglia cruzó permanentemente en su obra ensayo y ficción. Con la “voluntad de experimentar” como faro, apostó por ampliar el territorio la escritura. “La literatura tiene que salir del ámbito académico, de la jerga y poder contar con la misma naturalidad con la cual uno recomienda, regala o presta un libro que le gusta”, proponía el autor de Respiración artificial (1980), para entonces un clásico contemporáneo, en una entrevista concedida a la revista Ñ en 2007.Con esa convicción, señalaba como su mayor aporte a la crítica, la sección de literatura que editó desde 1984 en la revista de historietas Fierro, llamada La Argentina en pedazos, que arrancó con una versión de El Matadero de Esteban Echeverría, dibujado por Enrique Breccia. Allí Piglia proponía: “La reconstrucción de una trama donde se pueden descifrar o imaginar los rastros que dejan en la literatura las relaciones de poder, las formas de la violencia. Marcas en el cuerpo y en el lenguaje, antes que nada, que permiten reconstruir la figura del país que alucinan los escritores”. Esa forma de vivir, escribir y enseñar literatura es una de las claves de su fecundo legado.

El joven escritor en los años 80. Apasionado del género policial, cruzó en su obra ensayo y ficción. “La literatura tiene que salir del ámbito académico”, proponía.

El deseo de “recoger nuevas miradas” sobre la obra del Premio Formentor 2015 (un galardón que recibieron, entre otros, Beckett y Borges), anima las Jornadas Ricardo Piglia que se realizarán en el Malba los días 7 y 8 de agosto, con entrada libre y gratuita. Organizadas por el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la UBA, reunirán a críticos y escritores de diversas generaciones, que reflexionarán sobre ficción, ensayo y textos autobiográficos del autor de Plata quemada (1997). Luis Gusmán, Martín Kohan, Syilvia Saitta y Noé Jitrik son algunos de sus participantes estelares.El encuentro alegraría a Piglia, para quien la conversación, el debate y la colaboración eran estaciones creativas imprescindibles. Una certeza que explica en parte sus trabajos en cine (con Héctor Babenco, por ejemplo), ópera (adaptó con el compositor Gerardo Gandini su novela La ciudad ausente) y piezas con artistas como Eduardo Stupía (Fragmentos de un diario) y Justo Barboza (Algunos son el dos), entre muchos otros.Entre la tradición más exigente y la cultura popular, Piglia leyó y escribió (cuentos, clases, guiones televisivos…) para entender. “Querer saber” atraviesa como una sed todos su libros. Leer para comprender es una idea que reaparece y encuentra su forma más feliz y personal de homenaje en El último lector (2005), “hecho de casos imaginarios y de lectores únicos”. En esas páginas desfilan tanto el Quijote como el Che Guevara, Madame Bovary y Kafka ejemplificando diversas formas e historias de lectura.Cuando ese libro se publicó en España (donde comenzaron a editarlo recién en 2000, con 20 años de retraso), Piglia enseñaba literatura latinoamericana en los EE.UU., en la Universidad de Princeton (también había sido profesor en Harvard y en la Argentina). Se jubiló en 2011 y volvió a Buenos Aires lleno de planes.

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Ricardo Piglia, elogio de la lentitud

Como editor inició en el Fondo de Cultura Económica la Serie del Recienvenido, que propuso el rescate de “grandes obras de la literatura argentina de las últimas décadas del siglo XX”. En la Televisión Pública dio clases en dos ciclos magníficos: uno sobre la novela argentina (2012) y otro sobre Borges (2013), en los que desplegó algunas ideas que lo acompañaban desde Crítica y ficción (1986 y reediciones). Publicó también Antología personal (2014) y Las tres vanguardias (2016), transcripción de un seminario sobre Saer, Puig y Walsh que dictó en la UBA en 1990, diez años después de haber publicado Respiración artificial, la primera de sus cinco novelas (allí, en plena dictadura, usaba a Rosas como símbolo para preguntarse cómo narrar el horror).

Recuerdo. Una presentacion de piglia en la feria del libro, auspiciada por revista Ñ.

Vida y literatura siempre estuvieron entreveradas en la obra de Ricardo Piglia. Todos sus relatos tenían un disparador o antecedente autobiográfico, principio que rigió incluso su monumental proyecto final, Los diarios de Emilio Renzi, tres tomos en los que le regala su memoria al personaje emblemático que lo acompañó desde los cuentos inaugurales de La invasión (1967).En esa obra, que es a la vez bitácora de la construcción de una voz y fresco generacional de los intelectuales que protagonizaron las polémicas de la literatura argentina de los 60 en adelante, Piglia noveló el diario que escribía desde la adolescencia. La esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que le diagnosticaron en 2014, convirtió ese trabajo en una batalla desigual contra la erosión y la muerte, registrada con belleza trágica por Andrés Di Tella en el documental 327 cuadernos.

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Ricardo Piglia, la épica de la novela policial

Explorar el lazo entre experiencia y sentido (“una cuestión que muchas veces las sociedades dejan de plantearse”, Piglia dixit) fue su modo de indagar las tensiones que existen entre pasado y presente, una preocupación persistente desde sus años de estudiante de Historia en La Plata.Sobre esta y otras cuestiones, sus libros siempre deparan lúcidas sorpresas. Mientras esperamos la anunciada publicación del diario de su viaje a China en 1973, leemos: “La pregunta del escritor fracasado recorre la literatura argentina. La comparación anula. Podríamos decir que la comparación es la condición del fracaso. A esa situación, en el relato, Arlt la llamaba ‘la grieta'”.Piglia Básico​Ricardo Emilio Piglia Renzi (Adrogué, 1941-Buenos Aires, 2017) fue novelista y crítico literario. Estudió Historia en la UNLA y trabajó en distintas editoriales. Vivió en Estados Unidos, donde fue profesor durante quince años en universidades como Harvard y Princeton. En 2014 le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica y su salud se deterioró. FichaJornadas Ricardo Piglia que se realizarán en el Malba los días 7 y 8 de agosto, con entrada libre y gratuita. Arrancan el miércoles a las 15. Entre otros, Luis Guzmán diserta a las 19. El jueves, a las 15, se presenta Sylvia Saitta. El cierre es a las 20. La programación, en malba.or.ar VA

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Filosofía en 3 minutos: David Hume

Admirado por Voltaire y Rousseau, David Hume ha influido a grandes pensadores de Occidente: Kant, Nietzsche, Bertrand Russell, Husserl, Einstein y Gilles Deleuze, entre otros.

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Todavía falta encontrar más de 300 obras de arte perdidas en los días finales del nazismo

Por Catherine Hickley The New York Times
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El caos reinaba en las calles de Múnich, destruidas por las bombas el 29 de abril de 1945. Las tropas estadounidenses se acercaban. Adolf Hitler estaba a un día de suicidarse en su búnker de Berlín. Los guardias nazis que custodiaban los edificios importantes habían huido. Multitudes hambrientas tomaron por asalto el Führerbau, el edificio del Führer. Primero saquearon la comida, las bebidas alcohólicas y los muebles. Después bajaron al refugio contra ataques aéreos, que estaba lleno de obras de arte, escalando pilas de granadas antitanques Panzerfaust para llegar a las pinturas. “Al terminar el segundo día, cuando el saqueo finalmente se detuvo, todas las pinturas habían desaparecido”, escribió en un informe de 1949 Edgar Breitenbach, oficial de inteligencia de arte del Ejército de los Estados Unidos. Fue un momento de incongruencia: Hitler, el hombre que convirtió la confiscación ilegal de obras de arte en un oficio nacional, sufría el saqueo de las propias. Ahora el Instituto Central de Historia del Arte de Múnich está llevando a cabo la primera investigación amplia sobre el destino de las obras que estaban guardadas en el edificio del Führer y el cuartel general nazi vecino.Muchas de ellas habían sido llevadas allí por marchands que recorrieron la Europa ocupada buscando obras de arte para ayudar a llenar el “Führermuseum” que planeaba Hitler para Linz, su ciudad natal. La mayor parte de esas piezas ya estaban almacenadas en minas austríacas de sal para protegerlas de los bombardeos.

Naturaleza muerta con libro y bolso. Del artista Gerard Dou.

Pero los edificios de Múnich todavía contenían unas 1.500 obras, descubrieron los investigadores, y por lo menos 700 de ellas fueron saqueadas durante los dos días de pillaje, muchas más de lo que se pensaba anteriormente. Numerosas obras ya eran propiedad robada, puesto que habían sido confiscadas por los nazis de colecciones judías. Cientos de las obras almacenadas allí, por ejemplo, habían sido robadas a la familia de Adolphe Schloss, judío francés que había coleccionado a los viejos maestros holandeses y flamencos que Hitler veneraba.Tras el saqueo, las autoridades pudieron recuperar casi 300 pinturas, muchas en las semanas que siguieron al expolio. Algunas estaban enterradas en un sembradío de papas cercano. En 1948, se hallaron treinta pinturas en una casa ubicadas a unos minutos de caminata del Führerbau.El trabajo de recuperación recibió la ayuda de los llamados Monuments Men, oficiales de la unidad de Monumentos, Bellas Artes y Archivos del Ejército estadounidense, pero su número no bastaba para rastrear tantos objetos desaparecidos.Y, en las décadas que siguieron, los funcionarios alemanes no hicieron demasiado por encontrar las más de 400 obras que todavía faltaban, quizá para evitar hacer un reclamo oficial por objetos que habían sido robados por sus antecesores del Tercer Reich.Pero ahora el gobierno alemán, impulsado por la nueva investigación, está realizando un esfuerzo serio para encontrar las obras. Hasta ahora, la investigación ha encontrado el rastro de unas tres docenas de las obras faltantes. Una está en el Museo de Arte Fisher de la Universidad del Sur de California (USC), que descubrió hace catorce años que una pintura de su colección había sido saqueada del Führerbau.La pintura de Gerard Dou, Naturaleza muerta con libro y bolso, ingresó a la colección en 1964 como parte de una donación de Armand Hammer, que la había comprado en Nueva York en 1947. Pero la historia de a quién perteneció antes de la guerra y las circunstancias en que llegó a Hitler aún no se conocen.“Siempre tenemos interés en recibir más información sobre las piezas de nuestra colección que podrían ser problemáticas en algún sentido”, escribió en un correo electrónico Selma Holo, directora ejecutiva de los Museos de la USC. El museo, añadió, “siempre hará lo correcto con respecto a sus piezas”.Un obstáculo para la plena restitución de las obras, aun cuando sean halladas, es un principio del derecho alemán conocido como Ersitzung. Este establece que quien adquiere un objeto de buena fe y lo posee durante diez años se convierte en su legítimo propietario. Por eso en Alemania, incluso en casos en los que el gobierno quiera restituir una obra que ha hallado, puede ser difícil quitársela legalmente a un coleccionista que la compró sin conocimiento de que era robada.Stephan Klingen, historiador del arte que participó en el proyecto de la investigación, dijo que le gustaría que el gobierno, en tales situaciones, piense en comprar las obras.“Sería bueno que el gobierno asumiera la responsabilidad, adquiriera las obras, realizara la investigación sobre su procedencia y restituyera cuando fuera necesario”, señaló. “Esto también ayudaría a los actuales poseedores, que quizá hayan comprado las obras de buena fe, pero que ahora tendrán dificultades para venderlas”.El gobierno alemán sigue siendo el propietario registrado de los cientos de obras que, pese a la primera impresión del Ejército estadounidense, fueron dejadas por los saqueadores de Múnich en 1945. Desde 2000, el gobierno ha restituido 54 de esas obras tras concluir que habían sido robadas a judíos.Otras iniciativas han sido menos exitosas.Klingen dijo que en 2009 ubicó una pintura de Frans Francken el Joven, El sermón del monte, en un programa de la TV alemana similar a Antiques Roadshow. La reconoció como una obra que había estado destinada al museo planeado para Linz y que había sido robada del Führerbau. Alertó a la policía.Había algunos indicios de que la obra había sido tomada de una colección judía, pero los funcionarios no estaban en absoluto seguros. Entonces la justicia la devolvió a los últimos poseedores de la pintura, descendientes del cuidador de unas barracas del ejército alemán que había vivido en Múnich en 1945. El tribunal dictaminó que los herederos no sabían que había sido robada y, por lo tanto, tenían derecho a poseerla a través de una herencia de buena fe conforme a la norma de Ersitzung.De la desilusión por ese esfuerzo nació la decisión del Instituto Central de Historia del Arte de llevar a cabo una amplia investigación sobre la totalidad de las obras de Múnich que aún faltan.“Estas obras aparecen esporádicamente en las subastas, y es probable que surjan más”, dijo Klingen. “Nos parece importante crear conciencia de su historia y elaborar una política para tratarlas en lugar de empezar de cero cada vez que aparece alguna. El entorno legal no favorece la restitución a los herederos de los dueños originales”.

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El Centro Cultural Recoleta, con los jóvenes en la mira

El niño observa el androide desde abajo. Le llaman la atención sus alas de vitral viejo, sus ojos de barómetro, la escafandra de chatarras que el artista Rubén Santurian ha confeccionado para su criatura. Su hermana mayor se acerca y le comenta que se parece a “aquel personaje de Star Wars”. El niño hace caso omiso (demasiado joven para saber de qué se trata). Escudriña una vez más la escafandra en busca de detalles. Después se apresura a alcanzar a su madre, que ya está frente a otra de las obras de Mito, espectáculo y futuro, una de las variadas muestras que el Centro Cultural Recoleta acaba de inaugurar, con la mira puesta en el público infantil y juvenil, pero también en los más grandes.Curada por Laura Spivak y Julián Manzelli, la exposición que ocupa las salas 3, 4 y 5 del antiguo convento de los recoletos propone un recorrido vasto y dinámico por distintas obras de artistas argentinos contemporáneos. El eje está puesto en un concepto tan controversial como atractivo: el ídolo. “La creación de personajes o criaturas es una práctica que acompaña la humanidad desde sus orígenes –señalan los curadores–. Depositarios de fe, avatares del espectáculo, portavoces de presagios y pesadillas, acompañantes terapéuticos o compañeros de vidas artificiales. Las sociedades se han valido de este instrumento con fines religiosos, espirituales, de consumo, de control o adoctrinamiento”. En las amplias salas se despliegan, entonces, más de 30 piezas de los más diversos artistas, desde León Ferrari hasta Diego Bianchi, entre muchos otros.

Obras de Renata Schussheim en “Mito, espectácuulo y futuro”. Foto Lucía Merle.

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Mucho animismo y cierto aire de ritual (pagano) telúrico, se respira en la primera sala. Formando una especie de escuadrón de esculturas, en su espacio oblongo se suceden “Irene” la matrona atávica de Gabriel Chaile; los animales, entre candorosos e inquietantes, de Nushi Muntaabski; el “Guardián” de resina de Diego Perrotta, y el “Monstruo” de Fernando Brizuela (que con cierto espíritu de cómic y recubierto de flores de cannabis, es parada obligada para la foto de los más jóvenes).Pero en la posmodernidad el tótem y tabú al que se idolatra son el sexo y la belleza efímera, y en la segunda sala, entonces, la cosa se pone más sarcástica. Mucho de ese tono tienen las mujeres-bocado de Camila Valdez, mitad humanas mitad golosina, y las Barbies exultantes, y en extremo delgadas, que Martín Di Girolamo realiza en resina epoxi. El estridente mural escenográfico para la película Psexoanálisis, que Héctor Olivera dirigió en 1968, les hace de fondo. Su contraparte son los ídolos que condensa la tercera sección de la muestra, articulados en torno a la tecnología y a la figura del héroe. El espectro es amplio, e incluye las ingeniosas figuras de Santurain, el “robot proletario” de Pedro Perelman, y las más abyectas criaturas de Diego Bianchi (hechas de pelo, látex, madera y fibra de vidrio). Pero hay también espacio para versiones más sórdidas de lo que es la idolatría. La “Máquina para ternero nonato con mandíbula rumiante y velocidad variable”, de Nicola Costantino, es un dispositivo mecánico que evoca oscuramente la mordida de un ternero, pero parece una extraña máquina de tortura. Y en “Kamasutra”, de León Ferrari, una mujer sexy se funde en fogoso y espasmódico abrazo con un extraño ente hecho de… espuma de poliuretano. No cabe duda de que el plástico es el ídolo contemporáneo.Fuera de las salas, los afiches callejeros de distintas agrupaciones feministas copan los espacios comunes del Centro Cultural. Tomamos el paraíso se llama la intervención curada por la ilustradora Irana Douer que abarca los pasillos de la planta baja y el primer piso. Su nombre alude a la figura bíblica de Lilith, la pecaminosa dama antes de Adán y Eva, primera expulsada del Edén. Temas como el aborto, los femicidios, la violencia y la diversidad sexual se instalan así en el centro de la escena: saliendo y entrando de una sala a la otra, será imposible no quedar atrapado por esta batería de ingeniosas imágenes.“Lilith explota en las paredes del Recoleta –describe la curadora– trasmutada en las jóvenes artistas, ilustradoras y fotógrafas activistas feministas, que intervienen pasillos y espacios comunes alzando su voz a través del arte. El feminismo activista se hace presente en un espacio que condensa múltiples manifestaciones –panfletos, textos, ilustraciones, fotos con una estética trash– que hablan en primera persona, no piden ni reclaman un lugar desde el enojo; sino más bien se lo dan a sí mismas diciendo: así soy, este es mi deseo, este es mi lugar”.

Un momento de descanso y lectura. En primer plano, parte de la intervención “Tomamos el Paraíso”. Foto Lucía Merle.

Pensados para la calle, y realizados con el poder de síntesis y efectividad que eso requiere, los afiches se despliegan como pegatinas que se cubren unas a otras. Entre ellos destaca una serie de imágenes que juega con personajes emblemáticos dentro de la Historia del Arte. Poniendo patas arriba una serie de mandatos (para los que el arte ha sido, durante siglos, un vehículo más que efectivo) aquí las “Tres Gracias” de Botticelli pierden el decoro tomando cerveza del pico, la “Dama del armiño” de Leonardo pugna por la autogestión del placer y la Mona Lisa lleva pañuelo verde. El recurso no es nuevo, pero no por eso pierde eficiencia. Menos si se trata de un espacio asociado al arte y la cultura visual. Lista para competir con los estímulos a los que nos enfrentamos cotidianamente en la ciudad, aquí cada imagen cobra una fuerza magnética e inusitada, y el espacio, mucho más contenido, nos invita a detener la marcha y observar, y seguir pensando.También con el ojo puesto en la la vida urbana, Continente ilustrado presenta una selección de los finalistas de los dos últimos años del premio Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas. Curada por Amadeo Gandolfo, la muestra exhibe las secuencias finales de muchos relatos presentes en los libros, siempre en torno a los encuentros y desencuentros que ocurren en las calles de las metrópolis modernas de España y América del Sur. La muestra da cuenta además del crecimiento del género y de la versatilidad de una práctica artística que fluye libremente entre la pared y la página.Apostando al público joven, las propuestas del Recoleta son diversas pero mantienen un tono común: ágiles, dinámicas y visualmente atractivas, habilitan un modo de abordaje del arte líquido y brillante, en estrecha afinidad con los tiempos que corren.Atracciones para los más chicosAdemás de una amplísma agenda de talleres de arte y todo tipo de actividades, dos de las exposiciones inauguradas recientemente en el Centro Cultural Recoleta son el mayor foco atractivo para los más pequeños. Crisálida, del colectivo Cábinet Óseo (Celina Saubidet y Marina Molinelli Wells), consiste en una serie de esculturas en metal que evocan aquellas estructuras naturales en las que algunos insectos se gestan y desarrollan. Desplegadas en una sala a oscuras, y musicalizada con sonidos de la naturaleza, las esculturas invitan a los más pequeños a treparlas, saltar sobre ellas e introducirse en cada una de sus formas, para conectarse con la naturaleza vivenciando todos aquellos aspectos que escapan a nuestros ojos.En la sala Cronopios, La serpiente y el jaguar, del colectivo de arte electrónico Biopus, también invita a una experiencia interactiva, pero esta vez a través de medios electrónicos.Mientras algunos espectadores recorren el interior de una serpiente gigante en el centro de la sala, el resto puede ver, desde afuera y proyectados en su “piel”, las respuestas del público a través de su participación en las redes, a una serie de preguntas lanzadas por los mismos artistas.“Biopus ensaya posibles conversaciones –señala Laura Spivak, la curadora de la exhibición– entre figuras ancestrales, como la serpiente y el jaguar, con una actualidad en la que diferentes maneras de entender el mundo están mediatizadas por la tecnología y las nuevas formas de presentarnos, conectarnos, vincularnos”. Para aprender jugando.El Centro Cultural Recoleta, en Junín 1930, abre de martes a domingos, de 13:30 a 22, con entrada gratis. La agenda puede consultarse en www.centroculturalrecoleta.org ​

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El flamante premier Boris Johnson, sin el amor de los artistas

Con menos de una semana en ejercicio, el Primer Ministro británico Boris Johnson ya colecciona el rechazo de artistas, primero por su posición pro-Brexit pero en gran medida por sus propias controversias mientras fuera alcalde, entre 2008 y 2016.Michael Elmgreen, del dúo escandinavo Elmgreen & Dragset, observó que “es ridículo oírlo tan nacionalista ahora, cuando no parecía molestarle que grandes parcelas de Londres fueran vendidas a inversores extranjeros mientras fue alcalde”.
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El fotógrafo Martin Parr, con base en Bristol y conocido por sus documentales, dice que no es optimista con el período que comienza y ante la decisión de Johnson de lograr la salida de la UE a toda costa para el 31 de octubre: “Nos encaminamos a un no acuerdo –indicó a la prensa-. Aunque creo que el parlamento frenará la locura y tendremos que ir nuevamente a elecciones generales. Quienes se beneficiarán con el Brexit son solo los que ganan más de 50 mil libras por mes”. Ante la misma pregunta, Jeremy Deller, el premio Turner, quien ya se había manifestado contra el Brexit junto a la artista Tracy Emin, consideró que el único que se beneficiaría es “el hombre mismo”, en referencia al flamante mandatario.Y más… Las dos ferias de arte londinenses, la Frieze y Frieze Masters, suceden a comienzos de octubre, de manera que escaparán a la vigencia del divorcio con Europa por apenas unos días. La directora de la Frieze, Victoria Siddall, ya ha dicho que “la feria seguirá defendiendo la libre circulación de obras de arte en Europa y la exención temporaria de gravámenes a la importación”. De hecho, Siddal destaca que la edición de 2019 será “la más global” de la historia, con la presencia de galerías de 36 países. Esta apertura queda claramente amenazada.En marzo la galería que administra a Robert Rauschenberg informó que baraja la posibilidad de mudar toda su obra de Londres a París. El apuro llegó a la junta directiva del museo Tate, que prepara un plan b para el caso de que las obras europeas en préstamo deban enfrentar impuestos no calculados al momento del contrato. El gobierno ha informado que publicará un instructivo para importaciones y exportaciones en el caso de que no haya acuerdo con Europa, y alertó a quienes deban mover obra de un país a otro que preparen sus declaraciones aduaneras. 

Carnales con el alcalde Boris. Antes de que Donald Trump se consagrara presidente, en 2016, recreando un famoso mural de Berlín Occidental.

Sin embargo, Bo Jo, como llaman al Primer Ministro, soliviantó a muchos al anunciar que espera abrir puertos libres piloto cuando Gran Bretaña se “independice” de Europa, “al estilo Singapur”, agregó, en referencia a los hangares secretos para guardar arte que existen en Suiza y el sudeste asiático, ruta clandestina y depósitos de proporciones museísticas para evadir impuestos. Con esto se propone seducir a los coleccionistas británicos espantados por los impuestos que los bienes suntuarios tributan en Europa. Estos puertos libres, una solución en negro en el gigantesco negocio de lavado de activos, podrían ubicarse en ciudades de todo el Reino, como Belfast, Aberdeen, Peterhead, Bristol y Liverpool, según indicó un artículo de The Guardian,. Con ellos, el arte se implicaría en la vasta economía en negro, en desmedro de las arcas estatales.El nuevo premier tiene profundos lazos personales con el mundo del arte –e incluso de familia, dado que su madre, Charlotte Johnson Wahl, es una pintora que expuso hace pocos años en las Mall Galleries de Londres. Johnson era alcalde de Londres cuando el ríspido affair de la escultura de Anish Kapoor, el ArcelorMittal Orbit, una torre con acceso al público, a la que se agregó una serpenteante montaña rusa con vista al Parque Olímpico Reina Elizabeth. Primero hubo piropos cruzados entre Johnson y el artista indio-británico. Pero enseguida arreció la disputa cuando fue convocado Carsten Holler, para adosar a la torre un tobogán serpenteante en caída libre de 178 metros. Acaso sintiéndose un papa, llegaba a la exaltación: “Es fantástico tener a estos dos artistas extraordinarios colaborando en el proyecto, como si Bernini viniera a adornar el trabajo de Miguel Angel”. La torre pasó a ser apodada “el berretín de Boris”. Según Kapoor, el alcalde había convertido su obra de arte en parque de atracciones. El proyecto acabó en escándalo, por la enorme pérdida de dinero, situación que condujo a la vociferante enemistad del influyente Kapoor: “Espero que el alcalde Johnson sea el primero en tirarse por el tobogán”.

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Testimonios de una sobreviviente de la AMIA

En la trastienda de Rolf se cuenta la historia de la piedra con el que visitante se tropieza al entrar a la galería. De la pared cuelga una de las pocas fotografías que existen de la fachada de la AMIA antes del atentado. Con trazo rojo está señalado el fragmento que Marcelo Brodsky halló en la costa rioplatense. Ana E. Weinstein, presente en la inauguración, es protagonista de esta historia. A la directora del Centro de Documentación e Información sobre Judaísmo Argentino Marc Turkow acudió el artista buscando respuestas.“Un día llega al centro Brodsky, me muestra sus fotografías, y me doy cuenta que era el mármol negro donde estaban talladas las letras en mayúscula AMIA”, cuenta conmovida. “Imaginate mi emoción de saber que esas piedras estaban ahí pero después de estar sobre los que quedaron enterrados bajo los escombros y todas las capas de significados que se suman, el Río de la Plata, su historia, todas tienen que ver con el desprecio por la vida humana”.
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Weinstein es, además, una sobreviviente del atentado. “Ahora sé que entré al edificio unos minutos antes, saludamos con mi asistente a las personas de la planta baja y me fui a resolver algo pendiente al fondo del edificio. En el momento que llegué fue la explosión: ahí fue todo oscuro, el polvillo, los gritos, el ruido de las cosas que seguían cayendo”. En la foto del fachada, arriba de las grandes letras mayúsculas, se ve la ventana de la oficina del segundo piso de la que se ausentó solo unos minutos antes, y por lo que salvó su vida.Falta compartida Obras de Sacco, Brodsky, Porter, Rivas, Res, Piffer, Travnik, Verona, Rojas Mugica, Jarpa & Muñoz Rolf Art (Esmeralda 1353, CABA).Lunes a viernes de 11 a 20.Hasta el 22 de septiembre.

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El misterio del escritor genial y desconocido

En la Bretaña francesa, una biblioteca alberga todos los manuscritos rechazados por las editoriales. ¿Es posible encontrar una joyita literaria entre tantas producciones que nadie quiso publicar? Hacia allá va la joven Delphine, editora ella, y su marido escritor. Lectura va, lectura viene, encuentran una obra maestra –una historia de amor, cuándo no–, escrita por un tal Henri Pick. Pero el tal Henri ya no está en este mundo y su viuda asegura que, fuera de la lista del supermercado, Henri, que se había ganado la vida amasando pizzas en un pequeño local, jamás leyó un libro ni menos que menos escribió uno. ¿Entonces? Misterio y boom de ventas. Con un séquito de lectores de al menos cuatro millones en todo el mundo, La biblioteca de los libros rechazados de David Foenkinos, parisino de 44 años, seduce por su ironía y humor, por lo entrañable de sus personajes y por los guiños a otros autores, entre ellos, y siempre que haya una enorme biblioteca de por medio, Borges.

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Unas vacaciones de invierno divertidas e ilustradas

Siempre que llegan las vacaciones de invierno en las calles, teatros, plazas y museos porteños se percibe la presencia de María Elena, la gran creadora de cuentos, canciones y espectáculos para los más chicos. En el Hall Central del Teatro San Martín se realizará por segunda vez el ciclo Canciones para jugar. Una instalación participativa sobre María Elena Walsh. Con actividades musicales, de artes plásticas y juego libre para toda la familia, se invita a grandes y chicos a conocer la infancia de la autora, interpretar algunos de sus personajes más famosos y jugar con sus poemas. Con actuaciones del grupo CHECA y curaduría musical de Mariana Cincunegui. Para chicos a partir de 3 años acompañados por un adulto, desde el sábado 20 de julio al domingo 4 de agosto, actividades continuas de martes a domingos de 14 a 18 y entrada gratuita.En la Fundación Proa (Av. Pedro de Mendoza 1929) los domingos de vacaciones se ofrecerán recorridos participativos para familias por la muestra “Minimalismo, Posminimalismo y Conceptualismo / 60-70” (21 y 28 de julio y 4 de agosto de 15:30 a 17). Además, desde el martes 23 de julio se podrá encontrar en las salas una nueva valija didáctica con recursos, materiales y dispositivos para recorrer la exhibición y tener una experiencia distinta con las obras. (Disponible de forma permanente de 11 a 19). Las dos actividades son gratuitas con inscripción previa y cupos limitados. El ciclo de cine para chicos presentará dos funciones diarias, a las 14 y a las 16, con entrada gratuita. Con películas clásicas como El circo, de Charles Chaplin, Locos del aire, de Stan Laurel y Oliver Hardy, La Pantera Rosa o Los Aristogatos y otras más nuevas como Un jefe en pañales y Los cuatro reinos.
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El MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415) invita a niñas y niños de 5 a 9 años a pasear por el mundo de Frida Kahlo: conocer rincones de su casa como el jardín, la cocina o el teatrito; descubrir qué cosas le gustaban y, de paso, apreciar sus cuadros. Con ayuda de la imaginación -porque la verdadera casa en México está lejos- la actividad propone un recorrido por la vida y obra de esta artista única, que incluye una visita a las distintas salas del museo y un espacio de taller, orientado a desarrollar la creatividad. La duración es de 90 minutos y el costo de $ 150 por niño o niña, acompañado/a por un adulto, que abona la entrada general del museo. Los lunes 22 y 29 de julio y los jueves 25 de julio y 1 de agosto, de 15 a 16:30, con cupo limitado. El miércoles 31 de 15:30 a 17, el museo ofrece el taller de lectura y creación literaria para chicos de entre 7 y 13 años Más extraño que la ficción. Lecturas de patas cortas, dictado por Greta Gamondes. Se compartirán lecturas de efemérides curiosas, definiciones, taxonomías y entradas de enciclopedias y se explorarán los límites entre la literatura y la no ficción. Cada niño o niña (acompañado/a por un adulto) abona $ 200. Por pago de tres o más inscripciones hay 20 % de descuento.En las vacaciones de invierno la Usina del arte, en La Boca, estará dedicada por completo a los más chicos. Convertida en una gran ciudad para que niños y niñas disfruten de su tiempo libre, este año se incorpora el espacio iUpiiiii para la primera infancia, un sector de más de 200 metros cuadrados con actividades diseñadas para estimular a los chicos de 0 a 3 años con formas, sonidos y colores especiales para ellos: juegos de encastre, animales interactivos, una pirámide luminosa con sonido, un tobogán gigante con forma de arco iris y pelotas flotantes. También habrá opciones para los grupos de edades de 4 a 7 y de 8 a 12 años, con una programación destinada a cada etapa del desarrollo, con nuevos espacios que se extienden hasta el Bajo Autopista, transformado en un Club, y una Pista Urbana que concentrará las propuestas de artes urbanas. Además, se podrá recorrer la muestra participativa de Lola Mora Viaje a un tiempo de Pioneras, o la Zona Tech, y visitar la Libroteca o un espacio de Pic-Nic para llevarse la merienda desde la casa. También habrá shows musicales y teatrales para chicos y chicas de entre 4 y 12 años, con 5 funciones diarias gratuitas. Se presentarán Mariana Baggio, Dúo Karma, Koufekin, CuatroVientos, Melocotón Pajarito y Capitán Sanata, entre otros. El Boliche será un espacio destinado al baile, con clases para todas las edades y los ritmos. Además, habrá propuestas teatrales con intérpretes de Lengua de Señas Argentina y recorridos previos para niñas y niños con discapacidad visual. Las entradas para Iupiiiii y todos los espectáculos son gratuitas, se reservan online en buenosaires.gob.ar/usinadelarte/entradas desde el lunes anterior al día de la función.El Museo Ana Frank (Superí 2647) ofrece visitas guiadas a través del testimonio visual legado por la niña judía que escribió su diario desde un refugio en el que se escondió con su familia de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. De 14 a 19 se organizan visitas guiadas de dos horas, de martes a sábados de 14 a 19. En el mismo horario pero de miércoles a sábados se ofrece un recorrido por el “Anexo secreto” de la casa de Ana a través de la realidad virtual, con la posibilidad de sumergirse en sus pensamientos mientras se atraviesa cada habitación recreada fielmente y restaurada. Esta actividad tiene un costo de $50 adicional a la entrada general del museo, que es de $115 y de $90 para docentes, estudiantes y jubilados. Los menores de 10 años ingresan sin cargo. De viernes a sábados, además, continúa en cartelera Ana Frank, el musical dirigido por Angel Mahler, en la sala de teatro del museo.Los sábados y domingos de vacaciones a las 17 se realizan visitas guiadas para chicos y grandes por la Casa Museo de Benito Quinquela Martín, en la ribera boquense y a una cuadra de Proa,  un recorrido a través de las salas con objetos y obras del pintor emblemático del barrio de La Boca. De 11:15 a 18, siempre durante los fines de semana, se puede visitar el Espacio Didáctico del museo, con juegos tradicionales como un dominó de paisajes argentinos, un memotest de retratos de la colección, un juego de la vida de Quinquela o la búsqueda del tesoro vinculada a su patrimonio artístico. A las 15 horas se ofrecerán talleres de marionetas con elementos reutilizados, a partir de las obras, imágenes de archivo y objetos de Quinquela, para que los chicos confeccionen sus propias marionetas con el modelo de los muñecos sicilianos que llegaron a La Boca a fines de siglo XIX de la mano de los inmigrantes. A las 16, además, se realiza el recorrido “La Boca, un Museo a Cielo Abierto”, visita guiada por el barrio. La entrada al museo es libre y gratuita, con un bono contribución de $50.Como la pasión de los más pequeños por los dinosaurios nunca decae, el Museo de Ciencias Naturales (Av. Angel Gallardo 490) siempre es una buena opción para las vacaciones de invierno. Todos los días de 15 a 18 habrá visitas guiadas de 30 minutos por las salas de Paleontología, Aves, Mamíferos, Anfibios y Reptiles. Además, se realizarán actividades especiales como El gran cazador de las Pampas, del lunes 22 al viernes 26 a las 16:30, con visitas guiadas y dibujos, para chicos de todas las edades, y ¡Paleontológos en acción!, del Lunes 29 al viernes 2, de 15 a 17, destinada a niños de hasta 9 años. Todos los mayores de 6 años pagan $100 de entrada. Los menores de 6 entran gratis.

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¿Y si no fue Duchamp quien creó el célebre mingitorio sino una baronesa estafada?

Un año antes de que Marcel Duchamp lo diera a conocer, la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven presentó el primer readymade del arte contemporáneo, es decir, un objeto real encontrado y puesto en función de obra de arte. En su casa fue una escultura hecha de un anillo de metal oxidado, bajo el título Enduring Ornament, en castellano, un ornamento perdurable. En los últimos años, académicos e historiadores del arte vienen atribuyendo a esta artista y dama extravagante la autoría del célebre mingitorio del francés Duchamp, considerado por décadas el origen del arte conceptual.Enfundada en un cuello de piel, con delineado oscuro de ojos y sombrero estilo Charleston, Rrose Sélavy posa en uno de los retratos que dejará inmortalizado el alter ego femenino de Marcel Duchamp. Juego de espejos, experimento de crossdressing  y … ¿posible homenaje? La imagen travestida de quien es considerado el padre del readymade remite a una de las figuras más enigmáticas del movimiento dadaísta que hoy finalmente ingresa al centro de la escena: es la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven.

Performance de Elsa von Freytag, vanguardista en todos los frentes.

Su figura volvió este año al primer plano, a partir del reciente premio español a la escritora Siri Hustvedt, quien en su libro Recuerdos del futuro exalta sus versos y pondera sobre la gran paradoja de la baronesa. Hustvedt no solo apoya la argumentación de que habrá sido Elsa la creadora de la famosa pieza del orinal sino que subraya que solo al serle atribuida a un varón pudo convertirse en una de las obras más influyentes del siglo XX. 

La poeta dadaísta, baronesa Elsa von Freytag.

Nacida en Plötz, Alemania, Elsa Hildegard fue desde temprano una fugitiva de la vida burguesa. A los 19 huyó de casa para devenir una figurita del vodevil berlinés; su periplo por camas y ciudades europeas terminó en una granja de Kentucky, en los Estados Unidos. Antes de eso, en Manhattan, conoció a su tercer y último marido, un noble venido a menos de quien solo heredó el título. Cinco perros de la calle en correa dorada se pavonean a su lado por el Washington Square Park. Vestida con falda escocesa, una jaula de canarios por collar y un corpiño hecho con latas de tomate, Elsa von Freytag-Loringhoven ha hecho de sí misma una escultura andante.

God, a partir de un trozo de tubería retorcida sobre pedestal. Con una temática afín, otra obra de von Freytag también atribuída erroneamente.

Es una artista de lo efímero, poeta, performer, “terror” del Village, como algunos la apodaron. El legado de la baronesa dadaísta cobra vida a la luz de lo que augura ser un giro copernicano para la historia del arte. ¿Fue esta mujer la verdadera creadora de Fountaine, el mingitorio posado boca abajo -hasta ahora- atribuido a Duchamp? Una carta del artista, la procedencia de la pieza original y otros indicios apuntan en este sentido.

En Nueva York en 1916, un año antes de que se presentara el Mingitorio.

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El relato oficial es conocido. Un mediodía de 1917, tres hombres almuerzan en Nueva York: un pintor italoamericano -Joseph Stella-, un acaudalado coleccionista -Walter Arensberg- y el padre del arte conceptual -Marcel Duchamp-. Envalentonados por la charla, se dirigen al 118 de la Quinta Avenida, donde solicitarán en el mostrador de la J.L. Mott Company un modelo Bedforshire de porcelana. Duchamp envía a la American Society of Independent Artists para su exhibición la pieza, firmada con el seudónimo de “R. Mutt”, junto con los seis dólares de rigor para la muestra anual del Grand Central.La Sociedad de la cual él es miembro era una reacción al elitista mundo del arte por entonces, que prometía la acogida de cualquier obra, sin distinción ni favoritismo autoral. El artista francés pone a prueba el espíritu liberal de la organización al presentar el Mingitorio, hoy célebre. Y no pasa. La controvertida Fountain es rechazada, lo que provoca la renuncia de Duchamp y una acalorada crítica en su revista The Blind Man. Bajo el título de “El caso de Richard Mutt”, se exhibe la única fotografía, hecha nada menos que por Alfred Stieglitz, que dejó registro de la pieza original expuesta en la Galería 291 y luego desaparecida. El fotógrafo le escribe a la pintora Georgia O’Keefe el 19 de abril: “Una joven mujer -probablemente instigada por Duchamp- envío un gran orinal sobre un pedestal al Independent”. Es una de las primeras pistas que hablan de una artista mujer.En su libro Baronesa Elsa (The MIT Press, 2002), la investigadora canadiense Irene Gammel cita una carta de Duchamp dirigida a su hermana Suzanne, fechada en 1917, en la que el artista refiere al episodio: “Una de mis amigas, que ha adoptado el seudónimo masculino de Richard Mutt, me envió un orinal de porcelana como escultura. No fue en absoluto indecente -no había motivo para rechazarlo-. El comité ha decidido negarse a mostrarlo”. La esquela había sido traducida y publicada originalmente en una recopilación del académico y curador Francis Naumann en 1982, quien advirtió la referencia femenina sin ánimo de literalidad sino como prueba de la renuencia de Duchamp a admitir su autoría. Hubo que esperar hasta que Gammel subrayara el sentido de esas líneas para que se activara la pesquisa que la vincula a Elsa.Otro detalle: la versión en inglés de la carta perdió de vista una pista adicional al traducir la expresión de Duchamp “avait envoyé” como “me ha enviado”, que en realidad debe leerse “ha enviado”. El error encubre el quid de la cuestión: ¿quién es la misteriosa amiga que envió la Fountain a la Sociedad de Artistas Independientes?Exégeta de la carta y catedrático retirado de la Universidad de Leeds, el profesor Glyn Thompson se aplicó a la detectivesca tarea de señalar otra serie de coincidencias que apuntan en la dirección de la Baronesa von Freytag. En su libro ¿El mingitorio de Duchamp? Los hechos detrás de la fachada (Wild Pansy Press, 2015), explica que mientras Duchamp alegó haber comprado el orinal a la Compañía J.L. Mott Iron Works, el modelo en cuestión no se fabricaba en 1917, más bien coincide con una pieza manufacturada por la compañía de cerámicas Trenton. Su modelo “Flat Backed Lipped” es muy similar al fotografiado por Stieglitz y consta en los catálogos que abarcan de 1915 a 1921. Según Thompson, tampoco parece factible que el mingitorio pudiera comprarse en el local de la Quinta Avenida ya que la empresa tenía una estricta política que no admitía la venta directa al público, lo cual arroja dudas sobre la anécdota de Duchamp que explica el seudónimo “Mutt” como una combinatoria del nombre de la firma con el popular cómic Mutt y Jeff.Sobre el origen de la firma, Thompson ofrece otra teoría bilingüe: R. Mutt es un juego de palabras con el término alemán “Armut”, homófono que se traduce como pobreza. El 6 de abril de 1917, Estados Unidos le declaró la guerra a Alemania y puso en marcha una serie de medidas regulatorias para controlar a los residentes alemanes en suelo estadounidense, tres días después el Mingitorio llegó al Grand Central. “Pobreza o pobres de moral” -señala- pudo haber sido el tema detrás de Fountain.Entretanto, la baronesa se había convertido en una asidua coleccionista de caños, desagües y todo tipo de adminículos con reminiscencias escatológicas. Sus poemas jugaban con metáforas de plomería y hasta llegó a apodar al propio Duchamp “Marcel Dushit”. Fountain podría ser el segundo de sus readymades con una temática similar. Ese mismo año, Von Freytag- Loringhoven creó la escultura God (Dios) a partir de un trozo de tubería retorcida sobre un pedestal de madera, atribuida por error al mecanicista Morton Livingston Schamberg. Ambas piezas dialogan pero, es revelador, Elsa no reclamó la autoría de ninguna.Desaparecida la Fountain original, Duchamp comenzó a autorizar su reproducción a partir de 1950, mucho después de la muerte de von Freytag. La dadaísta de las extravagancias murió en diciembre de 1927. La mayor parte de su obra se evaporó como el gas metano que aspiró hasta desfallecer.En su ensayo de 1961, A propósito de los readymades, Duchamp, autor de Rueda de bicicleta, escribe que “la elección de estos readymades nunca fue dictada por el deleite estético (…) se sustenta en una reacción de indiferencia visual, al mismo tiempo que en una ausencia total del buen o mal gusto…. de hecho, una total anestesia”. Las inscripciones que acompañaban las obras tenían como objetivo catapultar la mente del espectador hacia “regiones más verbales”, según él mismo escribe. Así, la especulada intención de Duchamp se opone a la dinámica vital que proponía von Freytag. El arte de la baronesa es lúdico y perecedero, ​cautivante en la exuberancia del presente.

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