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Demorar la aparición de enfermedades: el nuevo objetivo de la ciencia para prolongar la vida

La investigación en gerontología apunta a reducir la velocidad del proceso de envejecimiento. (Getty Images/iStockphoto/)Durante el siglo XX se redujo la mortalidad infantil y se amplió la longevidad gracias a las vacunas, los antibióticos y las mejoras en la medicina y la salud pública: en los países desarrollados, las personas viven unas tres décadas más que hace 100 años. Pero durante ese tiempo sufren también gran deterioro y una serie de males asociados al envejecimiento: enfermedades cardiovasculares, cáncer, demencia senil, por ejemplo. El siglo XXI, según algunos investigadores en gerontología, podría ser el que cambie eso.“Ha llegado la hora de que asumamos el control de nuestra propia biología”, dijo Jay Olshansky, epidemiólogo de la Universidad de Illinois en Chicago, a The Moonshot Catalog. “En lugar de luchar contra las consecuencias del envejecimiento, modifiquémoslo. Tratemos de reducir la velocidad del proceso, porque hacerlo tendrá un efecto de cascada sobre todas las enfermedades fatales e incapacitantes de la vejez actual”.El análisis celular y molecular del proceso de envejecimiento permitiría encontrar maneras de detener desde las fallas en la bioquímica de las proteínas hasta la acumulación de las células senescentes, las que han dejado de dividirse pero se mantienen en los tejidos y pueden desencadenar enfermedades. “No estamos hablando de lograr que la gente viva 500 años, sino de conseguir que se mantenga sana otra década o dos más que ahora”, explicó el biólogo Steven Austad, de la Universidad de Alabama en Birmingham y director científico de la Federación Nacional para la Investigación del Envejecimiento (AFAR) de los Estados Unidos.“No estamos hablando de lograr que la gente viva 500 años, sino de conseguir que se mantenga sana otra década o dos más que ahora”, explicó el biólogo Steven Austad. (Getty Images/iStockphoto/)El objetivo de la gerontología, entonces, sería hallar “intervenciones y prácticas que prolonguen la expectativa de salud de las personas”, definió Ivan Amato, autor del artículo. De manera similar a la expectativa de vida, la de salud sería “el periodo durante el cual los individuos pueden vivir de manera independiente, sin enfermedades ni dolor y básicamente pueden hacer lo que desean”, definió James Kirkland, gerontólogo de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota.La edad cronológica —la cantidad de años que una persona ha vivido— es el principal factor de riesgo. Por ejemplo: “El 80% del riesgo de sufrir el mal de Alzheimer es la edad cronológica”, ilustró Kirkland; si bien los antecedentes familiares de presión alta y colesterol alto aumentan el peligro de un ataque cardíaco entre dos y cuatro veces, “tener 85 años lo aumenta 1.000 veces con respecto a los 30 años”.Por eso —explicó al Catalog Felipe Sierra, director de Biología del Envejecimiento en el Instituto Nacional sobre Envejecimiento de Baltimore, Maryland— el eje está puesto en recursos clínicos y farmacológicos que permitan “demorar el comienzo de un grupo de enfermedades principales y condiciones que, aunque no son letales, nos roban calidad de vida”. El objetivo de investigadores como él es “lograr una demora de cinco años en el inicio de la mayoría de las enfermedades crónicas”.Con el aumento de la expectativa de vida aparecieron enfermedades asociadas a la vejez: ahora el objetivo es demorar su inicio. (Shutterstock)Los gerontólogos hablan de los “pilares del envejecimiento” para describir los procesos fundamentales que permitirían hacerlo más lento, detenerlo y hasta revertirlo mediante intervenciones biomédicas. Por ahora se trata de estudios de biología molecular o comprobados en animales, no en seres humanos.Uno de estos pilares es la inflamación de baja intensidad, que en los adultos mayores se presenta en distintos tipos de tejidos y lugares asociados con la enfermedad crónica. “La inflamación en los vasos sanguíneos se asocia con la arterioesclerosis, por ejemplo”, señaló Amato. El segundo pilar son los tropiezos en el nivel celular: plegamiento erróneo de las proteínas, fallas en el ADN y los cromosomas, problemas mitocondriales y metabólicos. El tercero serían los errores en las células madres y progenitoras, por los cuales, por ejemplo, no se replican o se diferencian como diferentes tipos de células y tejidos. Y el último pilar son las células senescentes, que causan daño en los tejidos.“Kirkland observó que los pilares del envejecimiento están interrelacionados. Atacar a uno en el nivel genético o con medicaciones tiende a afectar al resto, dijo: ‘Comienza a parecer que existe una cantidad de intervenciones que pueden demorar, prevenir o aliviar múltiples enfermedades y condiciones asociadas a la vejez como un grupo, en lugar de ir una por una’, explicó”.La inflamación de baja intensidad y las células senescentes son dos de los principales factores asociados a las enfermedades de la vejez. (Shutterstoc/)Por ejemplo, los estudios de la rapamicina (una droga derivada de una bacteria del suelo que se usa para prevenir el rechazo de órganos transplantados y recubrir los stents para impedir que las células los tapen) han demostrado que mantiene a raya a las células senescentes y ayuda a reciclar los residuos moleculares de la actividad cerebral. Por ahora, adviritió el artículo, se ha observado en perros. Y ha mostrado, también, que preserva las funciones cognitiva e inmune y reduce la tasa de cáncer en animales.Otra sustancia que provoca entusiasmo es la metformina, muy popular para tratar la diabetes de tipo 2. “Desde el punto de vista de la epidemiología, se ha observado que protege contra una gama de cosas, incluido el cáncer, la demencia senil y las enfermedades cardiovasculares”, dijo Austad al Catalog. “Si se la deja sin tratamiento, la diabetes se parece mucho a un envejecimiento acelerado, así que tiene sentido que algo que es efectivo para tratarla reduzca la velocidad de esos procesos”.AFAR se propone realizar un estudio de gran escala: 3.500 participantes de 65 a 80 años en 14 centros médicos, durante seis años. Entre los directores del trabajo se encuentran Olshansky y Nir Barzilai, titular del Instituto de Investigación sobre Envejecimiento de la Escuela de Medicina Albert Einstein, del Bronx, Nueva York.La rapamicina, la metformina y los senolíticos se encuentran entre los fármacos que podrían permitir que la gente viva más con buena salud. (Shutterstoc/)Por último, los gerontólogos estudian los senolíticos, fármacos que pueden eliminar las células senescentes. “Al preguntar cómo hacen estas células para sobrevivir aun cuando causan la destrucción de otras a su alrededor, Kirkland y otros descubrieron que estas células zombies logran cerrar una serie de vías asociadas con el proceso normal de muerte celular llamado apoptosis”, explicó Amato.Al buscar los agentes que podrían facilitarlo, sin dañar las células normales, se han encontrado entre ocho y 17 de estos senolíticos que permiten inhabilitar el bloqueo de la apoptosis y eliminan las células senescentes. Dos de ellos, el dasatinib (un medicamento contra el cáncer) y la quercetina (un antiinflamatorio y antihistamínico) se han probado en 14 pacientes con fibrosis pulmonar (una enfermedad fatal en el cual las células senescentes se acumulan y causan inflamación y tejidos similares a las cicatrices, y afectan la respiración), en los que mostraron “mejoras clínicas”, dijo Kirkland.MÁS SOBRE ESTE TEMA:Prueban en humanos una droga inyectable que retrasaría el envejecimiento óseoZonas Azules: los cinco destinos que esconden el secreto de la longevidad

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Demorar la aparición de enfermedades: el nuevo objetivo de la ciencia para prolongar la vida

La investigación en gerontología apunta a reducir la velocidad del proceso de envejecimiento. (Getty Images/iStockphoto/)Durante el siglo XX se redujo la mortalidad infantil y se amplió la longevidad gracias a las vacunas, los antibióticos y las mejoras en la medicina y la salud pública: en los países desarrollados, las personas viven unas tres décadas más que hace 100 años. Pero durante ese tiempo sufren también gran deterioro y una serie de males asociados al envejecimiento: enfermedades cardiovasculares, cáncer, demencia senil, por ejemplo. El siglo XXI, según algunos investigadores en gerontología, podría ser el que cambie eso.“Ha llegado la hora de que asumamos el control de nuestra propia biología”, dijo Jay Olshansky, epidemiólogo de la Universidad de Illinois en Chicago, a The Moonshot Catalog. “En lugar de luchar contra las consecuencias del envejecimiento, modifiquémoslo. Tratemos de reducir la velocidad del proceso, porque hacerlo tendrá un efecto de cascada sobre todas las enfermedades fatales e incapacitantes de la vejez actual”.El análisis celular y molecular del proceso de envejecimiento permitiría encontrar maneras de detener desde las fallas en la bioquímica de las proteínas hasta la acumulación de las células senescentes, las que han dejado de dividirse pero se mantienen en los tejidos y pueden desencadenar enfermedades. “No estamos hablando de lograr que la gente viva 500 años, sino de conseguir que se mantenga sana otra década o dos más que ahora”, explicó el biólogo Steven Austad, de la Universidad de Alabama en Birmingham y director científico de la Federación Nacional para la Investigación del Envejecimiento (AFAR) de los Estados Unidos.“No estamos hablando de lograr que la gente viva 500 años, sino de conseguir que se mantenga sana otra década o dos más que ahora”, explicó el biólogo Steven Austad. (Getty Images/iStockphoto/)El objetivo de la gerontología, entonces, sería hallar “intervenciones y prácticas que prolonguen la expectativa de salud de las personas”, definió Ivan Amato, autor del artículo. De manera similar a la expectativa de vida, la de salud sería “el periodo durante el cual los individuos pueden vivir de manera independiente, sin enfermedades ni dolor y básicamente pueden hacer lo que desean”, definió James Kirkland, gerontólogo de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota.La edad cronológica —la cantidad de años que una persona ha vivido— es el principal factor de riesgo. Por ejemplo: “El 80% del riesgo de sufrir el mal de Alzheimer es la edad cronológica”, ilustró Kirkland; si bien los antecedentes familiares de presión alta y colesterol alto aumentan el peligro de un ataque cardíaco entre dos y cuatro veces, “tener 85 años lo aumenta 1.000 veces con respecto a los 30 años”.Por eso —explicó al Catalog Felipe Sierra, director de Biología del Envejecimiento en el Instituto Nacional sobre Envejecimiento de Baltimore, Maryland— el eje está puesto en recursos clínicos y farmacológicos que permitan “demorar el comienzo de un grupo de enfermedades principales y condiciones que, aunque no son letales, nos roban calidad de vida”. El objetivo de investigadores como él es “lograr una demora de cinco años en el inicio de la mayoría de las enfermedades crónicas”.Con el aumento de la expectativa de vida aparecieron enfermedades asociadas a la vejez: ahora el objetivo es demorar su inicio. (Shutterstock)Los gerontólogos hablan de los “pilares del envejecimiento” para describir los procesos fundamentales que permitirían hacerlo más lento, detenerlo y hasta revertirlo mediante intervenciones biomédicas. Por ahora se trata de estudios de biología molecular o comprobados en animales, no en seres humanos.Uno de estos pilares es la inflamación de baja intensidad, que en los adultos mayores se presenta en distintos tipos de tejidos y lugares asociados con la enfermedad crónica. “La inflamación en los vasos sanguíneos se asocia con la arterioesclerosis, por ejemplo”, señaló Amato. El segundo pilar son los tropiezos en el nivel celular: plegamiento erróneo de las proteínas, fallas en el ADN y los cromosomas, problemas mitocondriales y metabólicos. El tercero serían los errores en las células madres y progenitoras, por los cuales, por ejemplo, no se replican o se diferencian como diferentes tipos de células y tejidos. Y el último pilar son las células senescentes, que causan daño en los tejidos.“Kirkland observó que los pilares del envejecimiento están interrelacionados. Atacar a uno en el nivel genético o con medicaciones tiende a afectar al resto, dijo: ‘Comienza a parecer que existe una cantidad de intervenciones que pueden demorar, prevenir o aliviar múltiples enfermedades y condiciones asociadas a la vejez como un grupo, en lugar de ir una por una’, explicó”.La inflamación de baja intensidad y las células senescentes son dos de los principales factores asociados a las enfermedades de la vejez. (Shutterstoc/)Por ejemplo, los estudios de la rapamicina (una droga derivada de una bacteria del suelo que se usa para prevenir el rechazo de órganos transplantados y recubrir los stents para impedir que las células los tapen) han demostrado que mantiene a raya a las células senescentes y ayuda a reciclar los residuos moleculares de la actividad cerebral. Por ahora, adviritió el artículo, se ha observado en perros. Y ha mostrado, también, que preserva las funciones cognitiva e inmune y reduce la tasa de cáncer en animales.Otra sustancia que provoca entusiasmo es la metformina, muy popular para tratar la diabetes de tipo 2. “Desde el punto de vista de la epidemiología, se ha observado que protege contra una gama de cosas, incluido el cáncer, la demencia senil y las enfermedades cardiovasculares”, dijo Austad al Catalog. “Si se la deja sin tratamiento, la diabetes se parece mucho a un envejecimiento acelerado, así que tiene sentido que algo que es efectivo para tratarla reduzca la velocidad de esos procesos”.AFAR se propone realizar un estudio de gran escala: 3.500 participantes de 65 a 80 años en 14 centros médicos, durante seis años. Entre los directores del trabajo se encuentran Olshansky y Nir Barzilai, titular del Instituto de Investigación sobre Envejecimiento de la Escuela de Medicina Albert Einstein, del Bronx, Nueva York.La rapamicina, la metformina y los senolíticos se encuentran entre los fármacos que podrían permitir que la gente viva más con buena salud. (Shutterstoc/)Por último, los gerontólogos estudian los senolíticos, fármacos que pueden eliminar las células senescentes. “Al preguntar cómo hacen estas células para sobrevivir aun cuando causan la destrucción de otras a su alrededor, Kirkland y otros descubrieron que estas células zombies logran cerrar una serie de vías asociadas con el proceso normal de muerte celular llamado apoptosis”, explicó Amato.Al buscar los agentes que podrían facilitarlo, sin dañar las células normales, se han encontrado entre ocho y 17 de estos senolíticos que permiten inhabilitar el bloqueo de la apoptosis y eliminan las células senescentes. Dos de ellos, el dasatinib (un medicamento contra el cáncer) y la quercetina (un antiinflamatorio y antihistamínico) se han probado en 14 pacientes con fibrosis pulmonar (una enfermedad fatal en el cual las células senescentes se acumulan y causan inflamación y tejidos similares a las cicatrices, y afectan la respiración), en los que mostraron “mejoras clínicas”, dijo Kirkland.MÁS SOBRE ESTE TEMA:Prueban en humanos una droga inyectable que retrasaría el envejecimiento óseoZonas Azules: los cinco destinos que esconden el secreto de la longevidad

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El espeluznante pueblo japonés donde unos muñecos de tamaño humano reemplazan a la gente que ya no nace ni vive allí

Muñecos del tamaño de personas han “repoblado” la aldea de Nagoro, en Japón (Infobae)Si no fuera porque Toys-R-Us, la famosa cadena de juguetes de los Estados Unidos que cerró sus 800 locales en 2018, reapareció con dos pequeñas tiendas físicas en Texas y Nueva Jersey, se diría que su fantasma se ha encarnado en Nagoro, una pequeña aldea de Japón a 563 kilómetros al sudoeste de Tokio. Ubicada en la isla de Shikoku, prefectura de Tokushima, está habitada por más de 300 muñecos de tamaño real que imitan la vida que ya no existe: niños que nacen, estudian, crecen, ejercen oficios, forman más familias.La población de Nagoro es de 27 personas, debido a la emigración en busca de oportunidades que la isla no brinda hace décadas y al envejecimiento que afecta a todo el país, por el cual la falta de niños es cada vez más notable. La escuela, por ejemplo, tiene asistencia perfecta de muñecos pero ya no ofrece clases: no hay habitantes en edad escolar porque hace 18 años que allí no nacen bebés.En la escuela de Nagoro, que cerró en 2012, siempre hay estudiantes de juguete. (AFP)“Habitada por muñecos espeluznantes, puede hacer que nos cuestionemos la realidad”, presentó al pueblito la guía Unusual Places. “Al pasear por la aldea nos encontramos con monumentos únicos que labran el campo, pescan en el río o simplemente se sientan al costado del camino y nos miran fijo”.La inquietante ola inmigratoria comenzó con un espantapájaros, o kakashi, hace 16 años, cuando la artista Tsukimi Ayano, que había regresado a su pueblo para cuidar a su padre anciano, hizo uno de paja, lo vistió con la ropa que encontró en la casa y lo puso en el jardín para evitar que los pájaros siguieran dañando su pequeña siembra. “Un trabajador que lo vio pensó que era mi padre, y le dijo ‘¡Hola!’”, contó Ayano a The Japan Times. “Me pareció divertido”. Desde ese momento no dejó de crear otros muñecos de tamaño real, “con trozos de madera, periódicos para rellenar los cuerpos, telas elásticas para las caras y lana para el pelo”.Los muñecos de tamaño real están por toda la aldea en actitudes de tareas cotidianas. (Shutterstock)Con el paso del tiempo, la población de ciudadanos de juguete superó a la humana en una proporción de 10 a 1, y un poco más. “Para darles vida, Ayano les pinta de rosa los labios y las mejillas con un pincel de maquillador. Dice que sólo le lleva tres días hacer uno de los muñecos tamaño real que actualmente están dispersos por toda la aldea”, agregó el medio. El área donde está Nagoro comenzó a llamarse “Valle de los muñecos” y a atraer a turistas, aunque todavía no a habitantes nuevos.Cuando Ayano creció, su pueblo natal tenía unos 300 residentes que, gracias a las tareas de construcción del dique que hoy genera energía hidroeléctrica y de la explotación del bosque, tenían un buen nivel de vida. “La gente se fue de a poco, y ahora es muy solitario”, dijo.La artista Tsukimi Ayano se dedica a la repoblación de su aldea natal con estos muñecos de su creación. (AFP)“El sufrimiento de Nagoro se repite en todo Japón, a medida que la tercera economía del mundo lucha contra una población en descenso, una baja tasa de natalidad y una alta expectativa de vida”, observó The Japan Times sobre el contexto. “El país está al borde de convertirse en el primero ‘ultra anciano’ del mundo, lo cual significa que el 28% de la población tiene 65 años o más”. Según el último informe oficial, la cifra más reciente llegaba al 27,7% de los 127 millones de japoneses; si la tendencia se mantiene, se llegaría al 37,7% en 2050.Casi la mitad de las 1.700 municipalidades de Japón entran o están a punto de entrar en la categoría de despobladas. Si bien tras la demoledora derrota en la Segunda Guerra Mundial la industria forestal y la agricultura fueron los principales impulsores de la economía en Japón, lo cual dio vida a las aldeas, desde la década de 1960 hubo una fuerte migración interna hacia las ciudades. Según Takumi Fujinami, economists del Instituto de Investigaciones sobre Japón, “la economía floreció en Tokio y las áreas industriales”. Los jóvenes abandonaron los lugares como Nagoro.(Shutterstock)Así se llegó a la población de dos dígitos que tanto impresionó a Ayano, quien “tuvo una epifanía al día siguiente de crear el espantapájaros para su jardín”, contó Atlas Obscura: “¿Por qué detenerse? Tsukimi comenzó a crear otros muñecos de tamaño real a imagen de antiguos habitantes, y los ubicó en la aldea en distintas situaciones de acción”.En medio de una calle hay trabajadores que reparan servicios, hay pescadores a la vera del río, hay clientes en una tienda de abarrotes, hay un viejo granjero frente a una vidriera, hay un grupo de muñecos que espera el autobús, hay un padre que empuja un carrito con sus hijos. Hay una anciana en silla de ruedas, hay un adolescente que sacude un árbol para recoger castañas. Hay obreros de la construcción que fuman en un alto del trabajo. Y hay 12 niños en los pupitres de la escuela que, en realidad, cerró hace siete años.(Shutterstock)“Ya nunca vemos niños aquí”, dijo Ayano a The New York Times. “Me encantaría que hubiera más niños, porque el lugar sería más alegre. Así que fabriqué a los niños”.En su infancia, recordó, había una clínica, un salón de juegos (y de apuestas) de pachinko y un restaurante, pero actualmente no sobrevivió siquiera un comercio. Para ir al supermercado o al hospital los nagorenses deben conducir una hora y media por caminos estrechos y sinuosos.La artista Tsukimi Ayano comenzó el proyecto hace 16 años, y hoy enseña a otros a hacer muñecos. (AFP)“A uno le tiene que gustar realmente la vida de montaña”, dijo al periódico de Nueva York Tatsuya Matsuura, un hombre de 38 años que hace tres años debió cerrar la tienda y el hostal que su familia había llevado adelante durante dos generaciones, y se quedó solamente con una casa de huéspedes para excursionistas en el monte Tsurugi, a unos 10 kilómetros.Ayano dejó la aldea a los 12 años, cuando su padre se trasladó a Osaka, la tercera ciudad en población de Japón, por un trabajo en una empresa de alimentos. Allí se casó y crió a sus dos hijos, y acaso nunca hubiera regresado de no haber sido porque precisamente su padre, que lo había hecho tras jubilarse, necesitó ayuda al llegar a los 90 años.En Nagoro hay más de 300 habitantes muñecos y menos de 30 habitantes humanos. (AFP)Luego del espantapájaros original hizo tres muñecas que desmalezaban el jardín o esperaban al costado del camino. “Ahora cada tanto da clases de fabricación de muñecos en un pueblo cercano o en su estudio, que ocupa lo que que la antigua guardería infantil de la aldea”, siguió The New York Times. “A veces recibe pedidos personalizados, desde todo Japón. Un médico cuya esposa murió de cáncer le pidió dos réplicas de la mujer”. Ella entiende su aversión a la soledad: maneja con una muñeca hecha a imagen de su abuela en el asiento del acompañante de su automóvil.Aunque en la mayoría de las crónicas Nagoro se presenta como un pueblo inquietante, la turista francesa Fanny Raynaud, que lo visitó con su esposo tras haber leído sobre los muñecos en un blog de viajes, dijo que no le dejó esa impresión: “No creo que sea espeluznante. Creo que es una manera hermosa de volver a darle vida a la aldea”. En el pizarrón de la escuela, sin embargo, otro visitante escribió: “¿Dónde está la gente viva?”.(Shutterstock)MÁS SOBRE ESTE TEMA:Por qué cada vez hay más casas vacías en Japón“Imagine que tiene 84 años y se mira en un espejo, ¿qué ve?”: un cuestionario para evaluar la actitud frente al propio envejecimiento

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El espeluznante pueblo japonés donde unos muñecos de tamaño humano reemplazan a la gente que ya no nace ni vive allí

Muñecos del tamaño de personas han “repoblado” la aldea de Nagoro, en Japón (Infobae)Si no fuera porque Toys-R-Us, la famosa cadena de juguetes de los Estados Unidos que cerró sus 800 locales en 2018, reapareció con dos pequeñas tiendas físicas en Texas y Nueva Jersey, se diría que su fantasma se ha encarnado en Nagoro, una pequeña aldea de Japón a 563 kilómetros al sudoeste de Tokio. Ubicada en la isla de Shikoku, prefectura de Tokushima, está habitada por más de 300 muñecos de tamaño real que imitan la vida que ya no existe: niños que nacen, estudian, crecen, ejercen oficios, forman más familias.La población de Nagoro es de 27 personas, debido a la emigración en busca de oportunidades que la isla no brinda hace décadas y al envejecimiento que afecta a todo el país, por el cual la falta de niños es cada vez más notable. La escuela, por ejemplo, tiene asistencia perfecta de muñecos pero ya no ofrece clases: no hay habitantes en edad escolar porque hace 18 años que allí no nacen bebés.En la escuela de Nagoro, que cerró en 2012, siempre hay estudiantes de juguete. (AFP)“Habitada por muñecos espeluznantes, puede hacer que nos cuestionemos la realidad”, presentó al pueblito la guía Unusual Places. “Al pasear por la aldea nos encontramos con monumentos únicos que labran el campo, pescan en el río o simplemente se sientan al costado del camino y nos miran fijo”.La inquietante ola inmigratoria comenzó con un espantapájaros, o kakashi, hace 16 años, cuando la artista Tsukimi Ayano, que había regresado a su pueblo para cuidar a su padre anciano, hizo uno de paja, lo vistió con la ropa que encontró en la casa y lo puso en el jardín para evitar que los pájaros siguieran dañando su pequeña siembra. “Un trabajador que lo vio pensó que era mi padre, y le dijo ‘¡Hola!’”, contó Ayano a The Japan Times. “Me pareció divertido”. Desde ese momento no dejó de crear otros muñecos de tamaño real, “con trozos de madera, periódicos para rellenar los cuerpos, telas elásticas para las caras y lana para el pelo”.Los muñecos de tamaño real están por toda la aldea en actitudes de tareas cotidianas. (Shutterstock)Con el paso del tiempo, la población de ciudadanos de juguete superó a la humana en una proporción de 10 a 1, y un poco más. “Para darles vida, Ayano les pinta de rosa los labios y las mejillas con un pincel de maquillador. Dice que sólo le lleva tres días hacer uno de los muñecos tamaño real que actualmente están dispersos por toda la aldea”, agregó el medio. El área donde está Nagoro comenzó a llamarse “Valle de los muñecos” y a atraer a turistas, aunque todavía no a habitantes nuevos.Cuando Ayano creció, su pueblo natal tenía unos 300 residentes que, gracias a las tareas de construcción del dique que hoy genera energía hidroeléctrica y de la explotación del bosque, tenían un buen nivel de vida. “La gente se fue de a poco, y ahora es muy solitario”, dijo.La artista Tsukimi Ayano se dedica a la repoblación de su aldea natal con estos muñecos de su creación. (AFP)“El sufrimiento de Nagoro se repite en todo Japón, a medida que la tercera economía del mundo lucha contra una población en descenso, una baja tasa de natalidad y una alta expectativa de vida”, observó The Japan Times sobre el contexto. “El país está al borde de convertirse en el primero ‘ultra anciano’ del mundo, lo cual significa que el 28% de la población tiene 65 años o más”. Según el último informe oficial, la cifra más reciente llegaba al 27,7% de los 127 millones de japoneses; si la tendencia se mantiene, se llegaría al 37,7% en 2050.Casi la mitad de las 1.700 municipalidades de Japón entran o están a punto de entrar en la categoría de despobladas. Si bien tras la demoledora derrota en la Segunda Guerra Mundial la industria forestal y la agricultura fueron los principales impulsores de la economía en Japón, lo cual dio vida a las aldeas, desde la década de 1960 hubo una fuerte migración interna hacia las ciudades. Según Takumi Fujinami, economists del Instituto de Investigaciones sobre Japón, “la economía floreció en Tokio y las áreas industriales”. Los jóvenes abandonaron los lugares como Nagoro.(Shutterstock)Así se llegó a la población de dos dígitos que tanto impresionó a Ayano, quien “tuvo una epifanía al día siguiente de crear el espantapájaros para su jardín”, contó Atlas Obscura: “¿Por qué detenerse? Tsukimi comenzó a crear otros muñecos de tamaño real a imagen de antiguos habitantes, y los ubicó en la aldea en distintas situaciones de acción”.En medio de una calle hay trabajadores que reparan servicios, hay pescadores a la vera del río, hay clientes en una tienda de abarrotes, hay un viejo granjero frente a una vidriera, hay un grupo de muñecos que espera el autobús, hay un padre que empuja un carrito con sus hijos. Hay una anciana en silla de ruedas, hay un adolescente que sacude un árbol para recoger castañas. Hay obreros de la construcción que fuman en un alto del trabajo. Y hay 12 niños en los pupitres de la escuela que, en realidad, cerró hace siete años.(Shutterstock)“Ya nunca vemos niños aquí”, dijo Ayano a The New York Times. “Me encantaría que hubiera más niños, porque el lugar sería más alegre. Así que fabriqué a los niños”.En su infancia, recordó, había una clínica, un salón de juegos (y de apuestas) de pachinko y un restaurante, pero actualmente no sobrevivió siquiera un comercio. Para ir al supermercado o al hospital los nagorenses deben conducir una hora y media por caminos estrechos y sinuosos.La artista Tsukimi Ayano comenzó el proyecto hace 16 años, y hoy enseña a otros a hacer muñecos. (AFP)“A uno le tiene que gustar realmente la vida de montaña”, dijo al periódico de Nueva York Tatsuya Matsuura, un hombre de 38 años que hace tres años debió cerrar la tienda y el hostal que su familia había llevado adelante durante dos generaciones, y se quedó solamente con una casa de huéspedes para excursionistas en el monte Tsurugi, a unos 10 kilómetros.Ayano dejó la aldea a los 12 años, cuando su padre se trasladó a Osaka, la tercera ciudad en población de Japón, por un trabajo en una empresa de alimentos. Allí se casó y crió a sus dos hijos, y acaso nunca hubiera regresado de no haber sido porque precisamente su padre, que lo había hecho tras jubilarse, necesitó ayuda al llegar a los 90 años.En Nagoro hay más de 300 habitantes muñecos y menos de 30 habitantes humanos. (AFP)Luego del espantapájaros original hizo tres muñecas que desmalezaban el jardín o esperaban al costado del camino. “Ahora cada tanto da clases de fabricación de muñecos en un pueblo cercano o en su estudio, que ocupa lo que que la antigua guardería infantil de la aldea”, siguió The New York Times. “A veces recibe pedidos personalizados, desde todo Japón. Un médico cuya esposa murió de cáncer le pidió dos réplicas de la mujer”. Ella entiende su aversión a la soledad: maneja con una muñeca hecha a imagen de su abuela en el asiento del acompañante de su automóvil.Aunque en la mayoría de las crónicas Nagoro se presenta como un pueblo inquietante, la turista francesa Fanny Raynaud, que lo visitó con su esposo tras haber leído sobre los muñecos en un blog de viajes, dijo que no le dejó esa impresión: “No creo que sea espeluznante. Creo que es una manera hermosa de volver a darle vida a la aldea”. En el pizarrón de la escuela, sin embargo, otro visitante escribió: “¿Dónde está la gente viva?”.(Shutterstock)MÁS SOBRE ESTE TEMA:Por qué cada vez hay más casas vacías en Japón“Imagine que tiene 84 años y se mira en un espejo, ¿qué ve?”: un cuestionario para evaluar la actitud frente al propio envejecimiento

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