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El triunfo talibán en Afganistán: la ausencia de un plan y años de errores de cálculo de los Estados Unidos

Los principales asesores del presidente Biden admiten que quedaron atónitos por el rápido colapso del ejército afgano ante una ofensiva agresiva y bien planificada de los talibanes que ya tomaron, la capital de Afganistán.

Los últimos 20 años muestran que no deberían haberlo sido.Si hay un tema constante durante dos décadas de guerra en Afganistán, es la sobreestimación de los resultados de los 83.000 millones de dólares que Estados Unidos ha gastado desde 2001 en la formación y el equipamiento de las fuerzas de seguridad afganas y una subestimación de la estrategia brutal y astuta de los Estados Unidos. El Pentágono había emitido graves advertencias a Biden incluso antes de que asumiera el cargo sobre el potencial de los talibanes para vencer al ejército afgano, pero las estimaciones de inteligencia, que ahora se ha demostrado que no dieron en el blanco, evaluaron que podría suceder en 18 meses, no en semanas. Los comandantes sabían que los defectos de las fuerzas afganas nunca se habían curado: la profunda corrupción, el hecho de que el gobierno no pagara a muchos soldados y policías afganos durante meses, las deserciones, los soldados enviados al frente sin comida ni agua adecuadas, mucho menos armas.

Mazar-e-sharif tpmada por los talibaes. Foto EFE

Los ayudantes de Biden dicen que la persistencia de esos problemas reforzó su creencia de que Estados Unidos no podría apuntalar al gobierno y al ejército afganos a perpetuidad. En las reuniones de la Oficina Oval de esta primavera, les dijo a sus asistentes que quedarse un año más, o incluso cinco, no haría una diferencia sustancial y no valía la pena correr riesgos.Al final, una fuerza afgana que no creía en sí misma y un esfuerzo estadounidense que Biden, y la mayoría de los estadounidenses, ya no creían, alteraría el curso de los eventos combinados para traer un innoble acercamiento a la guerra más larga de Estados Unidos.Estados Unidos mantuvo fuerzas en Afganistán mucho más tiempo que los británicos en el siglo XIX, y el doble que los soviéticos, con aproximadamente los mismos resultados.

AFP

Para Biden, el último de los cuatro presidentes estadounidenses en enfrentar decisiones dolorosas en Afganistán pero el primero en salir, el debate sobre una retirada final y los errores de cálculo sobre cómo ejecutarla comenzó en el momento en que asumió el cargo.“Con Trump, estábamos a un tweet de una retirada completa y precipitada”, dijo Douglas E. Lute, un general retirado que dirigió la estrategia afgana en el Consejo de Seguridad Nacional de los presidentes George W. Bush y Barack Obama.

Inmigrantes llegan a Kabul desde el interior. Foto EFE

“Bajo Biden, estaba claro para todos los que lo conocían, que lo vieron presionando por una fuerza enormemente reducida hace más de una década, que estaba decidido a terminar con la participación militar de Estados Unidos”, agregó, “pero el Pentágono creía en su propia narrativa que nos quedaríamos para siempre “.”El enigma para mí es la ausencia de planificación de contingencia: si todos supieran que nos dirigíamos a las salidas, ¿por qué no teníamos un plan durante los últimos dos años para hacer que esto funcione?”Un presidente escépticoDesde el momento en que los medios de comunicación llamaron a Pensilvania en busca de Biden el 7 de noviembre, convirtiéndolo en el próximo comandante en jefe de 1,4 millones de soldados en servicio activo, los funcionarios del Pentágono sabían que enfrentarían una batalla cuesta arriba para detener la retirada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán. Los líderes del Departamento de Defensa ya se habían estado defendiendo del predecesor de Biden, Donald J. Trump, que quería una reducción rápida. En una publicación de Twitter el año pasado, declaró que todas las tropas estadounidenses estarían fuera para esa Navidad .

Un soldado talibán en Herat. Foto EFE

Y aunque habían expresado públicamente su apoyo al acuerdo que Trump alcanzó con los talibanes en febrero de 2020 para una retirada completa en mayo, los funcionarios del Pentágono dijeron que querían convencer a Biden de que no lo hiciera.Después de que Biden asumió el cargo, altos funcionarios del Departamento de Defensa comenzaron una campaña de cabildeo para mantener una pequeña fuerza antiterrorista en Afganistán durante algunos años más.Le dijeron al presidente que los talibanes se habían vuelto más fuertes con Trump que en cualquier momento de las últimas dos décadas y señalaron estimaciones de inteligencia que predicen que en dos o tres años Al Qaeda podría encontrar un nuevo punto de apoyo en Afganistán.

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Poco después de que Lloyd J. Austin III prestó juramento como secretario de Defensa el 22 de enero, él y el general Mark A. Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto, recomendaron a Biden que de 3.000 a 4.500 soldados se quedaran en Afganistán, casi el doble de los 2.500 soldados que hay allí.El 3 de febrero, un panel designado por el Congreso dirigido por un general retirado de la Marina, Joseph F. Dunford Jr., recomendó públicamente que Biden abandonara la fecha límite de salida del 1 de mayo y redujera aún más las fuerzas estadounidenses solo a medida que mejoraran las condiciones de seguridad. Un informe del panel evaluó que retirar las tropas en un cronograma estricto, en lugar de cuán bien los talibanes se adhirieron al acuerdo, aumentó el riesgo de una posible guerra civil una vez que las fuerzas internacionales se fueran.

Miembros de la fuerza a´rea británica en Afganistán. Foto AFP

Pero Biden, quien se había vuelto profundamente escéptico de los esfuerzos estadounidenses para rehacer países extranjeros en sus años en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado y como vicepresidente, preguntó qué podrían hacer unos pocos miles de soldados estadounidenses si Kabul fuera atacada.Aides les dijo que la presencia de las tropas estadounidenses aumentaría la dependencia del gobierno afgano de Estados Unidos y retrasaría el día en que asumirá la responsabilidad de su propia defensa.

Joe Biden, presidente de Estados Unidos. Foto AFP

El presidente le dijo a su equipo de seguridad nacional, incluido el secretario de Estado Antony J. Blinken y su asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, que estaba convencido de que, sin importar lo que hiciera Estados Unidos, es casi seguro que Afganistán se encaminara hacia otra guerra civil: una en la que Washington no podía prevenir, pero también, en su opinión, uno en el que no podía ser atraído. En marzo, los funcionarios del Pentágono dijeron que se dieron cuenta de que no estaban logrando nada con Biden. Aunque escuchó sus argumentos e hizo muchas preguntas, dijeron que tenían la sensación de que estaba decidido.El último intentoA fines de marzo, Austin y el general Milley hicieron un último esfuerzo con el presidente al pronosticar resultados nefastos en los que el ejército afgano se replegó en un avance agresivo de los talibanes.Hicieron comparaciones con la forma en que el Estado Islámico invadió el ejército iraquí en 2014 después de que las tropas de combate estadounidenses abandonaron Irak, lo que llevó a Obama a enviar fuerzas estadounidenses de regreso. “Hemos visto esta película antes”, dijo Austin a Biden, según funcionarios con conocimiento de las reuniones.

El presidente Ashraf Ghani salío del país. Foto AP

Pero el presidente no se inmutó. Si el gobierno afgano no podía detener a los talibanes ahora, sus asesores dijeron que preguntó, ¿cuándo podrían hacerlo? Ninguno de los funcionarios del Pentágono pudo responder a la pregunta. En la mañana del 6 de abril, Biden les dijo a Austin y al general Milley que quería que todas las tropas estadounidenses salieran antes del 11 de septiembre.Las evaluaciones de inteligencia le dieron cierta seguridad de que si una debacle sangrienta resultaba en Afganistán, al menos se retrasaría.A fines de junio, las agencias de inteligencia estimaron que incluso si los talibanes continuaban ganando el poder, pasaría al menos un año y medio antes de que Kabul se viera amenazada; las fuerzas afganas tenían las ventajas de un mayor número y poder aéreo, si podían mantener sus helicópteros y aviones volando.Aun así, el Pentágono actuó rápidamente para sacar a sus tropas, temeroso de los riesgos de dejar a un número cada vez menor de estadounidenses en Afganistán y de que los miembros del servicio murieran en una guerra que Estados Unidos había dado por perdida.Antes del fin de semana del 4 de julio, Estados Unidos había entregado la base aérea de Bagram , el centro militar de la guerra, a los afganos, poniendo fin a todas las principales operaciones militares estadounidenses en el país. “Los afganos tendrán que poder hacerlo ellos mismos con la fuerza aérea que tienen, que les estamos ayudando a mantener”, dijo Biden en ese momento. Una semana después, argumentó que los afganos “tienen la capacidad” para defenderse.”La pregunta es”, dijo, “¿lo harán?” La voluntad se ha ido Para los críticos de la decisión, el presidente subestimó la importancia de incluso una presencia modesta, y la ejecución de la retirada empeoró el problema.El fracaso“Los preparamos para el fracaso”, dijo David H. Petraeus, el general retirado que estuvo al mando de las fuerzas internacionales en Afganistán desde 2010 hasta que fue nombrado director de la CIA al año siguiente. El equipo de Biden, argumentó, “no reconoció el riesgo incurrido por la rápida retirada” de aviones no tripulados de inteligencia y reconocimiento y el apoyo aéreo cercano, así como la retirada de miles de contratistas que mantuvieron a la fuerza aérea afgana en vuelo, todo en el en medio de una temporada de lucha particularmente intensa.

Talibanes en Kandahar. Foto EFE

El resultado fue que las fuerzas afganas en el terreno “lucharían durante unos días y luego se darían cuenta de que no había refuerzos” en el camino, dijo. El “impacto psicológico fue devastador”. Pero los funcionarios de la administración, respondiendo a tales críticas, responden que el ejército afgano eclipsa a los talibanes, unos 300.000 soldados frente a 75.000. “Tienen una fuerza aérea, una fuerza aérea capaz”, algo que los talibanes no tienen, dijo el viernes John F. Kirby, secretario de prensa del Pentágono. “Tienen equipos modernos. Tienen el beneficio de la capacitación que les hemos brindado durante los últimos 20 años. Ahora es el momento de aprovechar esas ventajas “.Pero cuando Kirby notó esas ventajas, ninguna de ellas parecía estar haciendo una diferencia. Abandono​Sentirse abandonado por Estados Unidos y comandado por líderes sin timón significaba que las tropas afganas en el terreno “miraron lo que tenían frente a ellos y lo que había detrás de ellos, y decidieron que es más fácil irse por su cuenta”, dijo el general retirado. Joseph L. Votel, ex comandante del Comando Central de los Estados Unidos que supervisó la guerra en Afganistán de 2016 a 2019.Biden, dijo un funcionario de la administración, expresó su frustración porque el presidente Ashraf Ghani de Afganistán no había logrado planificar y ejecutar de manera efectiva lo que se suponía que era la última estrategia: consolidar fuerzas para proteger ciudades clave. El miércoles, Ghani despidió a su jefe del ejército, el teniente general Wali Mohammad Ahmadzai, que solo había estado en el cargo durante dos meses, reemplazándolo por el mayor general Haibatullah Alizai, un comandante de operaciones especiales. Los comandos bajo el mando del general Alizai son las únicas tropas que han luchado constantemente contra los talibanes en las últimas semanas. Richard Fontaine, director ejecutivo del Center for a New American Security, un influyente grupo de expertos de Washington que se especializa en seguridad nacional, escribió que al final, la simbiosis de 20 años entre los Estados Unidos y el gobierno afgano se mantuvo firme, apoyó y marcó el comienzo de las elecciones se había roto.”Aquellos que destacan la superioridad militar del gobierno afgano – en números, entrenamiento, equipo, poder aéreo – pierden el punto más importante”, escribió recientemente.“Todo depende de la voluntad de luchar por el gobierno. Y resultó que eso dependía de la presencia y el apoyo de Estados Unidos. Exhortamos a los afganos a que muestren voluntad política cuando la suya dependa de la nuestra. Y el nuestro se ha ido “. El sábado, cuando la última ciudad importante del norte de Afganistán cayó ante los talibanes, Biden aceleró el despliegue de 1.000 soldados adicionales en el país para ayudar a garantizar la evacuación segura de los ciudadanos estadounidenses y afganos que trabajaban para el gobierno estadounidense de Kabul. Biden emitió una extensa declaración en la que culpó a Trump de al menos parte del desastre que se estaba desarrollando. Dijo: “Heredé un trato cerrado por mi predecesor” que “dejó a los talibanes en la posición militar más fuerte desde 2001 e impuso una fecha límite del 1 de mayo de 2021 a las fuerzas estadounidenses”. Dijo que cuando asumió el cargo, tenía una opción: cumplir con el acuerdo o “aumentar nuestra presencia y enviar más tropas estadounidenses para luchar una vez más en el conflicto civil de otro país”.”Fui el cuarto presidente en presidir una presencia de tropas estadounidenses en Afganistán: dos republicanos, dos demócratas”, dijo Biden. “No pasaría, y no pasaré, esta guerra a una quinta”.Con Helene Cooper. The New York TimesPB​

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Inflación: el plan “cuatro anclas” que ensaya el Gobierno.

Carlos Melconian lo llamó “berretolandia”. Martín Redrado, “lo vamos viendo”. El plan del gobierno intenta ahora ahora redefinirse como el “cuatro anclas”. La canción es la misma pero la pandemia multiplica la incertidumbre hasta fin de año.
El aspecto más novedoso de esta estrategia fue definido por el presidente Alberto Fernández en el fin de semana: las tarifas de luz, gas y transporte seguirán “planchadas” luego de un único aumento de 9% hasta después de las elecciones.”Hemos fijado un aumento de 9% y punto”, dijo el presidente dando por finalizada, además la puja entre el ministro de Economía Martín Guzmán, que quería una suba de 15% y desplazar al subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, que hizo prevalecer su punto de vista al postular un aumento tarifario para el año inferior a los dos dígitos.Moderar el aumento de las tarifas, además de ser el “ancla N°4” en el plan oficial en el intento de moderar la inflación, tiene el obvio objetivo de no golpear más el bolsillo de la gente con la mirada puesta en las elecciones de fin de año.Más allá del momento dramático que se vive por la segunda ola de la pandemia, el kirchnerismo mantiene la mirada atenta sobre el conjunto de medidas que pueden beneficiarlo en las elecciones y más aún ante la posibilidad de que se diluya uno de los objetivos centrales para este año: que la suba de los salarios le gane al costo de vida.La suba de precios del primer cuatrimestre del año es inquietante. El índice de precios al consumidor acumula 17,6% y se acerca a subir 29% en el primer semestre que es la pauta que el gobierno fijo para la totalidad de 2021.Desde octubre la inflación promedio es del 4% mensual que marca un ritmo anualizado del 60%.Los pronósticos de los economistas apuntan a una suba de entre 40% y 50% en el año a pesar de que el gobierno ya arrancó con el plan “cuatro anclas” y que a la desesperada toma medidas como la prohibición de exportar carne para evitar la suba en las carnicerías a pesar de considerar que le será difícil sostener ese esquema por mucho tiempo.Según el relevamiento de precios minoristas de la consultora EcoGo de Marina Dal Poggetto el rubro alimentos y bebidas “en la segunda semana de mayo presentó un incremento del 4,2% contra la segunda semana de abril”.Ante esos resultado el gobierno reforzará el esquema de cuatro anclas antinflacionarias basado en lo siguiente:Ancla1: atrasar el dólar oficial frente a la inflación como lo viene haciendo en forma pronunciada en los últimos 60 días. El dólar oficial mayorista que está en $94,27 subió sólo un 1% en los últimos 30 días.La fuerte liquidación de dólares de las exportaciones de soja y maíz impulsada por los altos precios internacionales (la soja llegó a los US$600 y ahora está en baja) reforzó las reservas del Banco Central.Las reservas “netas” ya están en US$6.000 millones y se estima que podrían subir a US$8.000 millones en julio.Con el dólar atado y más reservas el gobierno apuesta a tranquilizar los precios de los alimentos que se exportan pero, también ensaya aventuras políticas.Aún cuando la brecha cambiaria (entre el dólar oficial y el libre) es alta y supera el 70%, al estar estabilizada permite que el kirchnerismo pontifique sobre cómo debe ser la negociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional y a qué se deben destinar US$4.500 millones que le corresponden a la Argentina por ser miembro del organismo que todavía no llegaron.El dólar quieto y tendiendo al atraso siempre envalentona a la política pero la inflación en medio de la pandemia llevó al gobierno a echar mano a más anclas.Ancla 2: Las tarifas de luz, gas y transporte están congeladas desde hace dos años y su contracara es el aumento de los subsidios que el ministro Guzmán buscó bajar para la construcción de lo que él denomina un sendero fiscal que permita dar señales de tender al equilibrio de las cuentas públicas.Guzmán perdió la puja para desplazar a Basualdo y el Presidente fue terminante: la suba de las tarifas no llegará al 10% dando por terminada las diferencias. Nadie renuncia, los dos siguen en el gobierno, el subsecretario fortalecido por el apoyo de La Cámpora y la vicepresidenta Cristina Kirchner y Guzmán con la misión delicada de acordar con el Club de París para que no declare un default y con el FMI aún cuando su poder haya sido limado.Anclas 3 y 4: También son difíciles de sobrellevar y se explican porque tanto los salarios como las jubilaciones van camino a perder este año la carrera contra la inflación.El gobierno se proponía mejorar el poder de compra pero la inflación perforó los bolsillos.Los salarios y las jubilaciones vienen perdiendo desde el segundo semestre de 2020 contra la inflación promedio.Según los cálculos del periodista Ismael Bermúdez publicados en Clarín,  a marzo los salarios y las jubilaciones perdieron en un año 10 puntos frente a la inflación y 12/13 puntos respecto a la canasta de alimentos básicos.No es la primera vez que un gobierno recurre a ponerle el pie encima a estas cuatro variables clave de la economía en el intento de bajar la inflación. El problema es que sin un plan que las abarque y las ordene sería adoptar la vieja metáfora de mandar de a uno a los soldados al frente de batalla.

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El plan de Fito Páez: grabar tres discos en dos meses

Fito Páez anunció que está trabajando para grabar tres discos entre mediados de mayo y julio, al mismo tiempo que escribe su autobiografía y colabora en la serie El amor después del amor, de Netflix, basada en su historia de vida.
“Responder a la pregunta ‘cómo andás’ es difícil en estos tiempos, pero disfruto mucho de las mieles de mi oficio y por eso voy a grabar tres álbumes en los próximos dos meses”, aseguró Fito Páez.El músico lo dijo en una entrevista que dio en Radio Nacional (AM 870), en la que luego aportó detalles sobre esas nuevas grabaciones.

Fito Páez, en un show en el Teatro Coliseo. Foto Andrés D’Elia.

“Uno lo escribí para 64 músicos, basado en la obra de Roberto Arlt; otro tiene diez canciones que arden y hay un tercero de piano solo con un clima más bucólico, aunque no por ello menos intenso”.”Quiero nadar en el futuro”, agregó para describir su presente. “Supongo que hay una pulsión por narrar, los seres humanos somos máquinas narrativas”.Un buen momentoGracias a su disco La conquista del espacio, en marzo ganó un premio Grammy al Mejor Álbum de Rock o Alternativo Latino.Ese premio se sumó a los dos Grammy Latinos que se había llevado en 2020: a Mejor Canción Pop/rock por La canción de las bestias y Mejor álbum pop/rock. Además, tiene media docena de nominaciones a los Premios Gardel, incluyendo Álbum del año y Canción del año.

Fito Páez, un artista con muchas canciones por grabar.

Acerca de su autobiografía, el rosarino contó: “Fue una experiencia casi obligada que terminó siendo muy hermosa y que encaré a desgano después de haber terminado el guion de una película que estaba inconcluso”.La serie de NetflixEn febrero, Netflix anunció que estaba en producción una serie sobre la vida de Fito, titulada El amor después del amor, igual que su séptimo disco, el más vendido de su carrera, lanzado en 1992. “La serie biográfica se sumerge en el universo y la historia de Fito Páez, una de las más grandes estrellas de la música en español, y así recorre 40 años de su vida que cambiaron la historia de la música popular”, decía el comunicado. “Una vida atravesada por la genialidad y la tragedia, éxitos y fracasos, excesos, amores y canciones. De la oscuridad a la creación, y del éxito al dolor. La aventura de un ícono que sobrevive a sí mismo”.

Fabiana Cantilo y Fito Páez. La serie mostrará su relación.

Al respecto, el músico dijo: “Por un lado, nunca fui pudoroso. Y por el otro, hay una regla de oro que es que siempre salgo mal parado y mis amigos y amigas son los invitados a la fiesta que me salvan la vida”.Al igual que Luis Miguel con su serie, Páez está entre los productores de la ficción. Los otros son Juan Pablo Kolodziej, Mariano Chihade y Juan Taratuto. Es una producción de Mandarina Televisión.Toca este viernes Este viernes 14, Fito tocará en el Festival Marvin Gateway, que tiene base en Ciudad de México. En esta oportunidad se está desarrollando una edición online y gratuita que convocó a alrededor de 60 artistas de todo el mundo.En la Argentina, el festival puede seguirse, por segundo año consecutivo, a través de Radio Nacional Rock, FM 93.7.Otros de los músicos que participan son Los Planetas, Black Pumas, Lisandro Aristimuño, Javiera Mena, Santiago Motorizado y Zoe Gotusso, entre otros.

Fito Páez viene de ganar un Grammy y dos Grammy Latinos.

El 13 de marzo, Fito cumplió 58 años y los festejó con un ciclo de cuatro conciertos en el Teatro Coliseo titulado Un hombre con un piano.Ahí tocó canciones de La conquista del espacio y repasó varios de sus clásicos inoxidables, como 11 y 6, Las cosas tienen movimiento, Tumbas de la gloria o Yo vengo a ofrecer mi corazón.WD

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Horacio Pietragalla comparó el “lawfare” con el Plan Cóndor: “Tiene características similares”

El secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, defendió este martes las políticas de Cristina Kirchner al expresar que la vicepresidenta recibe “embestidas terribles” y comparó el “lawfare” con el Plan Cóndor.
“Quiero saludar a Cristina Kirchner que tuvo un rol fundamental también en la continuidad de las políticas con embestidas terribles muy similares a las prácticas de la Dictadura con lo que fue el Plan Cóndor. El lawfare tiene características similares que sufre no sólo Argentina sino la patria grande”, sentenció durante el acto de reconocimiento y homenaje a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo por los 45 años de lucha.Corti aprovechó así el acto, en el que se entregan por única vez los premios Juana Azurduy, para criticar a la Justicia en medio de la embestida del kirchnerismo que utiliza repetidas veces la palabra “lawfare”, una expresión en inglés que proviene de law (ley) y warfare (guerra) para referirse a una “guerra judicial”.En este caso, el funcionario lo relación con el Plan Cóndor, el cual consistió en la represión coordinada por las dictaduras de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay para eliminar disidentes entre mediados de la década del 70 y principios de los 80.”Después de cuatro años de neoliberalismo, vemos que tenemos que reivindicar la verdadera Justicia y ponerla en el lugar que se merece”, señaló Pietragalla.La historia la escriben los que ganan y nosotros estamos haciendo eso. Estamos escribiendo la historia porque son símbolos nuestras Madres y Abuelas. La transformación de ese dolor en lucha nos hizo una sociedad más justa pero con mucha resistencia a esos poderes que vienen a atacar los intereses de la mayoría del pueblo argentino”, agregó.Noticia en desarrollo.JPE​

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El Plan Kicillof que complica a Guzmán

Axel Kicillof aumentó su influencia en las ideas y últimas decisiones económicas del Gobierno. Las propuestas del gobernador se reflejaron en la última resolución sobre control de los precios. La medida provocó una reacción compacta del movimiento empresario y la unificación de críticas hacia la Casa Rosada.Miguel Acevedo contragolpeó y dijo en una acalorada reunión en la UIA: “Esto es estatismo y desalienta la inversión”. Este jueves circulaba un borrador de documento de la Unión Industrial. El texto era tan duro, que por la noche la cúpula dudaba y debatía su difusión.Kicillof recomienda mano dura e instrumentar medidas que armen un relato electoral: que ponga a los hombres de negocios como responsables de la inflación.El menú “dirigista” tiene el total apoyo de Cristina y es la vicepresidenta que influye para que el gobierno tenga una –cada vez más marcada– actitud antiempresaria.Las medidas de control de precios las aplica ahora –en forma inflexible– Paula Español. La secretaria de Comercio fue acusada de “blanda” frente a las remarcaciones.Ahora la secretaria de Comercio sobreactúa para salvar su pellejo. Las internas están que arden en el Gabinete.Español primero denunció a un grupo de empresas líderes y ahora instrumentó el control estricto sobre costos, stock y precios.La cúpula de la UIA sospechan que Matías Kulfas no habría estado al tanto de las medidas. El martes estuvo en la UIA y no comentó nada. Horas después, la secretaria de Comercio lanzó el “bombazo”. Las acciones son similares a las que instrumentó Kicillof, cuando fue ministro de Cristina y armó una “bomba” económica.Se trata de ideas que ya fracasaron: la bochornosa manipulación del Indec que realizó Cristina no pudo ocultar que los precios se aceleraron en su mandato.Kicillof es el principal asesor económico de Cristina. El gobernador traduce en propuestas las vetustas convicciones económicas de la vicepresidenta.Ambos impulsaron y apoyaron las decisiones más dirigistas de la Casa Rosada. Se trata de una suerte de “Plan K” , pero de Kicillof .

Martín Guzmán y Alberto Fernández, por el mismo camino. Kicillof compite con el ministro de Economía.

El cóctel de medidas incluye muchas de las iniciativas actuales: el control cambiario, el freno a las autorizaciones para importar, las dudas sobre la conveniencia de acordar con el FMI, un aumento mínimo de las tarifas y una fuerte presión tributaria sobre las compañías.La intención política es culpar al FMI y a los empresarios de los errores propios del gobierno. Una acción de “manual” del kirchnerismo puro.Kicillof compite con Martín Guzmán. Primero hubo celos políticos por la creciente influencia del ministro. Kicillof no soportó nunca que Guzmán lo haya desplazado -inicialmente– de las preferencias de Cristina.La primera disputa entre ambos fue la discusión sobre cómo se negociaba –en enero de 2020– la deuda en default de Buenos Aires.Axel se esmeró por buscar un acuerdo, pero Economía lo torpedeó. Conclusión: el conflicto sigue sin solución y ahora el fondo Aurelius amenaza con una demanda en Manhattan. Hay 14 meses de inacción.Guzmán comenzó a soportar “fuego amigo” –como anticipó Clarín–cuando comentó en público algo que dicen los libros elementales de la facultad: que la inflación es fruto de un desequilibrio macroeconómico.En otras palabras: que la remarcación no se produce por la maldad de los empresarios o las exigencias salariales desmedidas de los sindicalistas. Que ambas cosas pueden existir, pero que la suba de precios ocurre por un conjunto de problemas que Argentina no ataca y –en realidad– profundiza.Ese desajuste genera la inflación: Argentina está al tope con Venezuela.Cristina –exacerbada por Kicillof– comenzó a objetar esas ideas de la ciencia económica y se refugió en sus primitivas propuestas: que Economía era blando y que había que sacudir a los hombres de negocios. La vice fogonea otra idea de Kicillof: no permitir un aumento racional de las tarifas. Cristina utilizó a Federico Bernal para cuestionar la tesis central del ministro Guzmán sobre los servicios públicos.El jefe de Hacienda fijó una regla de oro en el Presupuesto: el ajuste debe evitar que aumenten los subsidios a las empresas de servicios. Esto implicaría un alza promedio en tarifas del 30 %.Pero interventor de Enargas lo desautorizó. Bernal afirmó: “La tarifa de servicios públicos no se debe medir por su impacto en la política de subsidios, porque ese es un enfoque fiscalista.” Para Bernal –es decir Cristina- los aumentos topes deben ser del 6 %.La pelea ocurre cuando el ministro encara una negociación clave en Washington. Como anticipó Clarín, el viaje va a definir la posibilidad de que no haya –este año- acuerdo con el FMI.Guzmán va con un “Plan A”. Convencer al FMI sobre la conveniencia de un acuerdo light, sin compromisos adicionales para la Argentina. La propuesta ya fue rechazada extraoficialmente en Washington. Por eso Guzmán lleva un “Plan B”: postergar el acuerdo para después de las elecciones.El lunes tendrá un encuentro con los auditores de Argentina. Julie Kozack y Luis Cubeddu están inquietos por las inconsistencias de la Casa Rosada.

Martín Soria, otro “elegido” por Cristina, en este caso para ir contra jueces y fiscales desde el cargo de ministro de Justicia.

El martes ocurrirá el encuentro clave: Guzmán se juega a todo o nada en la cumbre con Kristalina Georgieva.En Washington desconcierta el “efecto Cristina”. Se trata de cómo avanzan sus anacrónicas ideas y complican al propio Alberto.También cómo Cristina condiciona a la Casa Rosada, en la búsqueda de un objetivo personal: aliviar su situación judicial y de sus hijos Florencia y Máximo.La tardanza en cubrir el Ministerio de Justicia obedeció a una cuestión: hubo muchos sondeos y ofrecimientos. Pero nadie sensato aceptó ocupar esa silla eléctrica.Martín Soria comenzó con el pie izquierdo. Declaró una serie de “barrabasadas jurídicas”. Peronista converso, ahora sobreactúa su kirchnerismo.Mauricio Macri –este jueves presentó el libro– difunde una teoría en sus reuniones íntimas: sostiene que las causas de Cristina están muy avanzadas y que la vice no tiene vuelta atrás jurídica. Macri exclama: “Por eso quiere romper todo”. En su círculo íntimo dicen que las “inventadas” denuncias contra Macri, buscan una salida para la vicepresidenta, ponerlos en un pie de igualdad y a partir de ahí fogonear un indulto para ambos.Todo es ruido nocivo para la maltrecha economía local. La UIA y los banqueros dicen que puede afectar el rebote económico previsto del 7% para el 2021.La ausencia de dólares obligó al BCRA a un mayor torniquete sobre las importaciones. Esto complica la reanimación. El propio Juan Schiaretti fue con los tapones de punta. El gobernador está en alerta porque el freno a las importaciones paraliza una inversión de la terminal Renault que generaría en Córdoba 1.000 nuevos puestos de trabajo.La UIA tambien reclamó, pero ahora bajó el tono: sus dirigentes temen represalias de los funcionarios.En el movimiento fabril siguen de cerca un “paper” confidencial del ex ministro Jorge Remes Lenicov.Remes es muy reconocido, porque fue un hábil piloto de tormentas en el 2001.Y ahora va a fondo. Es el comentario en el “círculo rojo”: propone ideas para revertir el “tobogán” en el cual se desliza la Argentina.

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El Plan Kicillof que complica a Guzmán

Axel Kicillof aumentó su influencia en las ideas y últimas decisiones económicas del Gobierno. Las propuestas del gobernador se reflejaron en la última resolución sobre control de los precios. La medida provocó una reacción compacta del movimiento empresario y la unificación de críticas hacia la Casa Rosada.Miguel Acevedo contragolpeó y dijo en una acalorada reunión en la UIA: “Esto es estatismo y desalienta la inversión”. Este jueves circulaba un borrador de documento de la Unión Industrial. El texto era tan duro, que por la noche la cúpula dudaba y debatía su difusión.Kicillof recomienda mano dura e instrumentar medidas que armen un relato electoral: que ponga a los hombres de negocios como responsables de la inflación.El menú “dirigista” tiene el total apoyo de Cristina y es la vicepresidenta que influye para que el gobierno tenga una –cada vez más marcada– actitud antiempresaria.Las medidas de control de precios las aplica ahora –en forma inflexible– Paula Español. La secretaria de Comercio fue acusada de “blanda” frente a las remarcaciones.Ahora la secretaria de Comercio sobreactúa para salvar su pellejo. Las internas están que arden en el Gabinete.Español primero denunció a un grupo de empresas líderes y ahora instrumentó el control estricto sobre costos, stock y precios.La cúpula de la UIA sospechan que Matías Kulfas no habría estado al tanto de las medidas. El martes estuvo en la UIA y no comentó nada. Horas después, la secretaria de Comercio lanzó el “bombazo”. Las acciones son similares a las que instrumentó Kicillof, cuando fue ministro de Cristina y armó una “bomba” económica.Se trata de ideas que ya fracasaron: la bochornosa manipulación del Indec que realizó Cristina no pudo ocultar que los precios se aceleraron en su mandato.Kicillof es el principal asesor económico de Cristina. El gobernador traduce en propuestas las vetustas convicciones económicas de la vicepresidenta.Ambos impulsaron y apoyaron las decisiones más dirigistas de la Casa Rosada. Se trata de una suerte de “Plan K” , pero de Kicillof .

Martín Guzmán y Alberto Fernández, por el mismo camino. Kicillof compite con el ministro de Economía.

El cóctel de medidas incluye muchas de las iniciativas actuales: el control cambiario, el freno a las autorizaciones para importar, las dudas sobre la conveniencia de acordar con el FMI, un aumento mínimo de las tarifas y una fuerte presión tributaria sobre las compañías.La intención política es culpar al FMI y a los empresarios de los errores propios del gobierno. Una acción de “manual” del kirchnerismo puro.Kicillof compite con Martín Guzmán. Primero hubo celos políticos por la creciente influencia del ministro. Kicillof no soportó nunca que Guzmán lo haya desplazado -inicialmente– de las preferencias de Cristina.La primera disputa entre ambos fue la discusión sobre cómo se negociaba –en enero de 2020– la deuda en default de Buenos Aires.Axel se esmeró por buscar un acuerdo, pero Economía lo torpedeó. Conclusión: el conflicto sigue sin solución y ahora el fondo Aurelius amenaza con una demanda en Manhattan. Hay 14 meses de inacción.Guzmán comenzó a soportar “fuego amigo” –como anticipó Clarín–cuando comentó en público algo que dicen los libros elementales de la facultad: que la inflación es fruto de un desequilibrio macroeconómico.En otras palabras: que la remarcación no se produce por la maldad de los empresarios o las exigencias salariales desmedidas de los sindicalistas. Que ambas cosas pueden existir, pero que la suba de precios ocurre por un conjunto de problemas que Argentina no ataca y –en realidad– profundiza.Ese desajuste genera la inflación: Argentina está al tope con Venezuela.Cristina –exacerbada por Kicillof– comenzó a objetar esas ideas de la ciencia económica y se refugió en sus primitivas propuestas: que Economía era blando y que había que sacudir a los hombres de negocios. La vice fogonea otra idea de Kicillof: no permitir un aumento racional de las tarifas. Cristina utilizó a Federico Bernal para cuestionar la tesis central del ministro Guzmán sobre los servicios públicos.El jefe de Hacienda fijó una regla de oro en el Presupuesto: el ajuste debe evitar que aumenten los subsidios a las empresas de servicios. Esto implicaría un alza promedio en tarifas del 30 %.Pero interventor de Enargas lo desautorizó. Bernal afirmó: “La tarifa de servicios públicos no se debe medir por su impacto en la política de subsidios, porque ese es un enfoque fiscalista.” Para Bernal –es decir Cristina- los aumentos topes deben ser del 6 %.La pelea ocurre cuando el ministro encara una negociación clave en Washington. Como anticipó Clarín, el viaje va a definir la posibilidad de que no haya –este año- acuerdo con el FMI.Guzmán va con un “Plan A”. Convencer al FMI sobre la conveniencia de un acuerdo light, sin compromisos adicionales para la Argentina. La propuesta ya fue rechazada extraoficialmente en Washington. Por eso Guzmán lleva un “Plan B”: postergar el acuerdo para después de las elecciones.El lunes tendrá un encuentro con los auditores de Argentina. Julie Kozack y Luis Cubeddu están inquietos por las inconsistencias de la Casa Rosada.

Martín Soria, otro “elegido” por Cristina, en este caso para ir contra jueces y fiscales desde el cargo de ministro de Justicia.

El martes ocurrirá el encuentro clave: Guzmán se juega a todo o nada en la cumbre con Kristalina Georgieva.En Washington desconcierta el “efecto Cristina”. Se trata de cómo avanzan sus anacrónicas ideas y complican al propio Alberto.También cómo Cristina condiciona a la Casa Rosada, en la búsqueda de un objetivo personal: aliviar su situación judicial y de sus hijos Florencia y Máximo.La tardanza en cubrir el Ministerio de Justicia obedeció a una cuestión: hubo muchos sondeos y ofrecimientos. Pero nadie sensato aceptó ocupar esa silla eléctrica.Martín Soria comenzó con el pie izquierdo. Declaró una serie de “barrabasadas jurídicas”. Peronista converso, ahora sobreactúa su kirchnerismo.Mauricio Macri –este jueves presentó el libro– difunde una teoría en sus reuniones íntimas: sostiene que las causas de Cristina están muy avanzadas y que la vice no tiene vuelta atrás jurídica. Macri exclama: “Por eso quiere romper todo”. En su círculo íntimo dicen que las “inventadas” denuncias contra Macri, buscan una salida para la vicepresidenta, ponerlos en un pie de igualdad y a partir de ahí fogonear un indulto para ambos.Todo es ruido nocivo para la maltrecha economía local. La UIA y los banqueros dicen que puede afectar el rebote económico previsto del 7% para el 2021.La ausencia de dólares obligó al BCRA a un mayor torniquete sobre las importaciones. Esto complica la reanimación. El propio Juan Schiaretti fue con los tapones de punta. El gobernador está en alerta porque el freno a las importaciones paraliza una inversión de la terminal Renault que generaría en Córdoba 1.000 nuevos puestos de trabajo.La UIA tambien reclamó, pero ahora bajó el tono: sus dirigentes temen represalias de los funcionarios.En el movimiento fabril siguen de cerca un “paper” confidencial del ex ministro Jorge Remes Lenicov.Remes es muy reconocido, porque fue un hábil piloto de tormentas en el 2001.Y ahora va a fondo. Es el comentario en el “círculo rojo”: propone ideas para revertir el “tobogán” en el cual se desliza la Argentina.

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Marcela Losardo se fue y arranca el plan electoral de Cristina Kirchner

Hay que reconocerle al kirchnerismo un enorme genio creativo a la hora de pedir pruebas de fidelidad. Le pidió al Presidente que construya una contradicción de cada una de sus definiciones políticas de los últimos años. Y vaya si lo ha logrado con creces. Le pidió a la ministra de Justicia que acompañe la reforma judicial de Cristina, en la que nunca creyó. Y allí está, harta de hacer los deberes y abandonando el barco antes de tiempo. Pero nada supera lo del lunes 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Las ministras de Alberto Fernández tuvieron que abrazarse con Gildo Insfrán, el gobernador de una provincia en el ojo de la tormenta porque acaba de reprimir a comerciantes, opositores y jóvenes, pero sobre todo a mujeres jóvenes. Ocho de ellas terminaron presas y a una concejala le quebraron el brazo en tres pedazos.Hay que decirlo. A las ministras no les costó ningún esfuerzo respaldar al hombre que gobierna Formosa desde hace un cuarto de siglo. Elizabeth Gómez Alcorta, ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, no tuvo palabras de compasión pública para las chicas detenidas en el norte pero sí se dio el permitido de justificar la presencia de Gildo en el pomposo “Acuerdo Federal para una Argentina Unida contra la Violencia de Género” firmado en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada. “Sería un absoluto sin sentido que no convocáramos a un gobernador”, dijo Gómez Alcorta, quien se retiró algo molesta porque los periodistas insistían en preguntarle por la represión en tierra formoseña. En el caso de Sabina Frederic, no hubo necesidad de esperar al acto en la Casa de Gobierno. La ministra habló en las primeras horas del Día de la Mujer para defender al Gobernador. “Creo que hay un ensañamiento con el gobierno de Gildo Insfrán que es inadmisible”, dijo la responsable de la seguridad, quien tampoco se preocupó demasiado por la violencia del fin de semana en Formosa. Lo que quedó claro es que la decisión del kirchnerismo es auxiliar políticamente a Insfrán en el año electoral. Y que a nadie le importa si la orden va en contra de las convicciones. El progresismo de café de las ministras quedó sepultado bajo la necesidad de recomponer como sea a la tropa propia diezmada.En ese salón de la Casa Rosada también estuvo Marcela Losardo. Con el semblante triste y comentando en voz baja lo que todos sabían. Que se iba porque no había aguantado el agobio permanente al que la venía sometiendo Cristina. A través, básicamente, de su segundo en Justicia, el viceministro Juan Martín Mena. No le obedecía y ni siquiera la consultaba. Sus únicas referencias eran el Instituto Patria, el despacho de Máximo Kirchner en la Cámara de Diputados y el de la Vicepresidenta en el Senado. Cualquier juez, cualquier fiscal o cualquier pinche de Tribunales tenía en claro que no era Losardo la persona con la que había que hablar si necesitaban tener una precisión del ministerio. “La verdad es que estaba agobiada. Marcela me lo venía planteando de antes; su idea era dejar el ministerio. Ella cree que que el tiempo que viene es un tiempo para otra actitud”, reveló el Presidente con precisión dramática, al confirmar en C5N, en el programa de Gustavo Sylvestre, el anticipo que el periodista Pablo De León había escrito en Clarín el sábado a media tarde. El tiempo que viene, al que se refiere Alberto y para el que se necesita otra actitud, es el de la campaña electoral. Y está perfectamente claro que las elecciones legislativas se van a disputar bajo los designios de Cristina. El candidato ideal para la Vicepresidenta es que Mena suba un peldaño y asuma la función que venía ejerciendo de hecho. Pero el viceministro está cómodo en su lugar y por eso es que creció en los últimos días la candidatura del diputado Martín Soria, el rionegrino que debió sortear la tragedia de que su madre matara de un balazo a su padre, el gobernador Carlos Soria. La historia peronista de la familia es el factor que puede terminar de convencer a Alberto para nombrarlo en el gabinete. Quedaría, cree Alberto, más como un acuerdo entre el Presidente y la Vice. Una historia demasiado romántica para estos tiempos de política a cara de perro. Soria aprovechó los dieciseis meses del Frente de Todos en el poder para afianzar su relación con Cristina, con Máximo Kirchner y hasta con Oscar Parrilli. Su especialidad es entrecruzar los datos personales de jueces, dirigentes opositores y periodistas para darle algún sustento a la ofensiva judicial del kirchnerismo. Para los escépticos y los degustadores de la realpolitik, es obvio de qué lado ha apostado sus fichas el diputado de Río Negro. El otro ministro que debe acomodarse a la estrategia electoral de Cristina es Martín Guzmán. Aquel proyecto de presupuesto racional que aplaudían los empresarios empieza a hacer agua por todos lados. La Vicepresidenta le ha hecho saber que, para ganar las elecciones, no puede aumentar las tarifas ni siquiera mínimamente. Le ha dicho que el dólar debe permanecer en el corralito actual y que, en un mundo devastado por la pandemia, el acuerdo con el Fondo Monetario puede esperar a después de octubre. “Martincito va a entender”, les ha dicho la Vicepresidenta a los suyos. Hasta ahora lo ha tratado con amabilidad. Lo que debe entender el ministro es que la racionalidad económica quedará para más adelante. Para cuando la batalla electoral tenga un ganador. Y ya nadie discuta absolutamente nada.

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Martín Guzmán, con “plan B” frente al FMI y la presión de Cristina Kirchner detrás

Las apariciones públicas de Alberto Fernández y la de este jueves de Cristina Kirchner llenaron de inquietud a los inversores e hicieron crecer una versión: que no quieren cerrar un acuerdo con el FMI. Cristina torpedeó la negociación con su propuesta de investigar al Fondo y a Mauricio Macri. La vice, en el juicio, buscó la centralidad de la conducción política del Frente de Todos y mostrar una influencia sin límite en la Casa Rosada.Alberto -a su vez- generó todas las dudas con algo que no había hecho nunca: alinearse en forma total con las extremas posturas de Cristina. Por su lado, Cristina dialogó varias veces con Martín Guzmán. Pero su primer interlocutor económico es Axel Kicillof, de frustrado paso por el Palacio de Hacienda: fue el creador del “Plan Bomba”.Ambas cuestiones se trataron entre inversores. El martes fue descarnado en la UIA. Miguel Acevedo, su mandamás, lo transmitió: “Hay miedo de un mayor estatismo”.Los informes confidenciales de los “lobos” de Wall Street también encendieron alarmas. Una decena circuló en Manhattan: cayeron las acciones y subió el riesgo país. El JP Morgan advirtió sobre el impacto en las reservas. Así lo afirmó: “En estas condiciones políticas, un mayor superávit no siempre significa mayores reservas próximas”. Otro memo del “BTG” fue lapidario: “Fernández, contra la pared, estará completamente alineado con el kirchnerismo, que guiará las decisiones”.Guzmán, en las últimas jornadas, tuvo que desplegar una acción para minimizar los daños colaterales de los dichos de Cristina y Alberto. El ministro transmitió a hombres de negocios lo siguiente: Argentina va a buscar un acuerdo con el FMI.Guzmán insiste en que Alberto apoya la estrategia y Cristina acepta que sería lo mejor para estabilizar la economía.Cristina y Guzmán tuvieron varios encuentros. El ministro, incluso, viajó en secreto a El Calafate para un diálogo a fondo con la vice. Ese acercamiento genera luchas internas con Kicillof.Cristina le comunicó que no quiere ningún ajuste en el año electoral y está obsesionada con la denuncia criminal contra el FMI. Fue la impulsora de la movida. Pero el ministro argumenta que sin acuerdo con el FMI, la estabilidad del dólar podría evaporarse y esfumar un eventual triunfo electoral.Para Guzmán, Mauricio Macri no perdió las elecciones por el aumento de las tarifas. Esa era la teoría de la vicepresidenta. El ministro tiene otra lectura: Macri perdió la reelección por la corrida cambiaria y su impacto inflacionario.Guzmán sostiene que para mantener la “pax” con el dólar debe cerrar con el FMI.Así lo afirma: “No hay dólares para pagar al FMI”. Y sin dólares será difícil competir electoralmente. El jueves por la noche, Guzmán dio otra señal de racionalidad: ya tiene fecha y reuniones cerradas en Washington. La misión a Estados Unidos será el 22, 23 y 24 de marzo.

Kristalina Georgieva, jefa del FMI, espera en Estados Unidos a Martín Guzmán. Foto AFP

Tendrá una cumbre con Kristalina Georgieva y reuniones con burócratas del FMI.Pero hasta ahora no está cerrado el encuentro clave con Janet Yellen, la flamante titular del Tesoro. Julie Kozak y Luis Cubeddu –los auditores– están inquietos y acusan a la Argentina de no haber avanzado en la negociación técnica con el Fondo.Ambos hicieron un memo, en donde dicen que los funcionarios de Economía no aportan datos y menos un programa económico de estabilización.Como adelantó Clarín, existen cuatro diferencias sustanciales entre Argentina y el FMI: sendero fiscal; programa monetario; plan de reservas y la brecha del dólar. En otras palabras: ningún acuerdo técnico consistente. Guzmán –según dicen en Wall Street– iría a Washington con dos propuestas concretas. Sería un plan acordado entre Alberto, Cristina y el ministro.El plan “A” buscaría un acuerdo light con el FMI. Un convenio que permita reprogramar los pagos a 10 años, pero sin muchos compromisos por parte de la Casa Rosada.El plan “B” sería más audaz: no hacer convenio, pero buscar un acuerdo político para postergar por un tiempo los fuertes vencimientos que Argentina tiene este año con el FMI y el Club de París.Esta “coartada” entusiasma a Cristina: en definitiva apunta a llegar a las elecciones sin ajustes en la economía. Y sería una especialidad del Gobierno y la política argentina: postergar la resolución de los problemas y no frenar la caída en el tobogán de la economía. La idea, de todos modos, enfrenta problemas: muchos directores del FMI están agotados de los “gambitos” de Argentina.La vicepresidenta fue la autora ideológica de la denuncia contra Macri y el FMI. Cristina la comenzó a elaborar en noviembre, cuando buscaba a quién culpar de la corrida cambiaria que sacudía a la Casa Rosada. El dólar llegó a 195 pesos. Hizo consultas a economistas y decía: “Hay que acusar al Fondo y a Macri”.Los “lobos” de Manhattan consideran que la denuncia “es humo” y que la iniciativa política la aceptó Alberto para construir ambos un relato electoral. También, para intentar sacar de escena el escándalo de las “vacunas VIP”.La jefa del FMI está tranquila: en definitiva, imputa a Donald Trump y a Christine Lagarde, que ya no habitan Washington. Pero la denuncia abre otros problemas. La Casa Rosada, al cuestionar el préstamo, también acusa a quienes aprobaron los créditos en Washington: todo el directorio del FMI, y por unanimidad. En otras palabras: a todos los directores del poderoso G-7, los cuales serán quienes decidirán si aceptan los planteos de Guzmán o le sueltan la mano a la Casa Rosada. Los préstamos a Macri fueron impulsados por Trump, pero votados por unanimidad en el directorio del FMI. Guzmán tiene previsto –además de Washington– viajar a Alemania, Francia, Inglaterra, España, Italia y Asia. Según la denuncia de Alberto, los delegados de esos países en el FMI serían responsables también del crédito ilegal.

Cristina Kirchner, en su despacho del Senado antes de declarar por la causa dólar futuro.

Cristina se entusiasmó porque, desde hace un año, dos áreas del FMI evalúan el fracaso del plan Macri. Una es la auditoría de la Oficina de Evaluación Independiente. Y la otra, la lidera el economista Odd Per Brekk y es vinculante con la actual negociación.Macri recibió la noticia en su casa, junto a dos amigos. Terminó el discurso Alberto y los tres decidieron irse, despreocupados, a almorzar en San Isidro. Varios asesores del ex presidente insisten con un contragolpe: exigir que también la Justicia investigue el “acuerdo exprés” que firmó Axel Kicillof con el Club de París y donde –el ahora gobernador- aceptó aumentar en un día la deuda en la friolera de 3.700 millones de dólares.Kicillof le sugiere a Cristina implementar un “plan flotar” hasta las elecciones. Similar al que fracasó durante su gestión ministerial. Este jueves, ambos trataron de defenderse de la acusación por “dólar futuro”. Cristina agravió a la Justicia y utilizó su tesis central: existe un complot contra ella. De la causa no dijo nada concreto. Tampoco de los dos peritajes que existen en el expediente.Esos trabajos dicen que el BCRA vendía dólares a 10,50 pesos, cuando en el mercado oficial de New York cotizaba a 14,50. Un negocio en el acto del 38 %. ​El BCRA batió todos los récords de venta de dólar futuro: fueron 17.000 millones de dólares. Algunos opinan que la operación no es punible. Que fue una decisión política. Pero -de ser así- Cristina se despidió de la Casa Rosada con un excelente negocio: a favor de banqueros y especuladores, que en su relato dicen combatir.

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El plan económico de Joe Biden para rescatar a los Estados Unidos

El presidente de los Estados Unidos Joe Biden ha propuesto un plan de rescate por 1,9 billones de dólares para ayudar a la economía estadounidense a recuperarse de la pandemia. Muchos republicanos se oponen, entregados de pronto a la religión fiscal que abandonan de inmediato cuando su partido controla la Casa Blanca. Las enormes rebajas de impuestos que el Partido Republicano concedió a multimillonarios y corporaciones en 2017 provocaron el mayor déficit fiscal del que se tenga registro en Estados Unidos fuera de recesiones profundas o guerras. Pero la promesa de inversiones y crecimiento jamás se materializó.
En cambio, el plan de gasto propuesto por Biden se necesita con urgencia. Datos publicados hace poco muestran una desaceleración de la recuperación estadounidense, en términos de PIB y de empleo. Hay abundancia de pruebas de que el paquete de recuperación proveerá un estímulo enorme a la economía, y que el crecimiento económico generará una importante recaudación impositiva, no sólo para el gobierno federal sino también para los estados y municipios que ahora carecen de los fondos que necesitan para proveer servicios esenciales. Los que se oponen al plan de Biden también fingen estar preocupados por el peligro de inflación (ese monstruo temible, que en estos días tiene más de fantasía que de amenaza real). De hecho, hay datos que sugieren que en algunos sectores de la economía es posible que se esté dando una caída de los salarios. Aun así, si hubiera un alza de la inflación, Estados Unidos tiene abundantes herramientas monetarias y fiscales listas para enfrentarla. Por supuesto que la economía estaría mejor con tasas de interés distintos de cero. También la beneficiaría una mayor recaudación tributaria, mediante la creación de gravámenes a la contaminación y la recuperación de progresividad en el sistema tributario. Nada justifica que los estadounidenses más ricos paguen menos impuestos como porcentaje de sus ingresos que las personas menos pudientes: ahora que aquellos han sido los menos afectados (en términos sanitarios o económicos) por la pandemia de coronavirus, la regresividad del sistema tributario estadounidense está mostrando su peor cara. Hemos visto a la pandemia hacer estragos en algunos sectores de la economía, en los que provocó una alta incidencia de cierres de empresas (sobre todo entre las pequeñas). Si no se aprueba un paquete de recuperación importante, hay riesgo real de que el daño sea enorme y tal vez duradero. Esto es así porque el mal desempeño económico genera temores que, sumados a los de la pandemia en sí, generarán un círculo vicioso en el que la conducta precautoria se trasladará a menos consumo e inversión y más debilitamiento de la economía. De hecho, el deterioro de balances y las quiebras de empresas (cualesquiera sean sus causas) impulsan un proceso de contagio a toda la economía en el que entran en juego poderosos efectos de histéresis. Al fin y al cabo, las empresas que hayan quebrado en la pandemia no se recuperarán solas una vez controlada la COVID-19. El hecho de que estemos ante una pandemia (de alcance global) empeora la situación. Si bien los mejores datos disponibles sugieren que muchos países en desarrollo y emergentes no han sido tan afectados como se temía hace un año, la desaceleración inédita de la economía mundial implica un debilitamiento de la demanda de exportaciones estadounidenses. Los países pobres no tienen los mismos recursos que los desarrollados para sostener sus economías. China tuvo un papel importante en la recuperación tras la crisis financiera global de 2008; pero aunque en 2020 fue la única economía de gran tamaño que creció, su recuperación fue claramente inferior a la que siguió a aquella crisis (cuando el crecimiento anual del PIB superó el 9% y el 10% en 2009 y 2010, respectivamente). Además, ahora China está dejando crecer el superávit comercial, de modo que su aporte al crecimiento global es menor. El plan de Biden promete grandes resultados, ya que incorpora los elementos fundamentales de la respuesta necesaria. Una primera prioridad es asegurar que haya fondos disponibles para combatir la pandemia, reabrir las escuelas y permitir a estados y municipios seguir brindando los diversos servicios (sanitarios, educativos, etc.) que sus residentes necesitan. La extensión del seguro de desempleo no sólo ayudará a las personas vulnerables, sino que al generar tranquilidad, llevará a un aumento del gasto, con beneficios para toda la economía. También alentarán el gasto la moratoria a los desalojos hasta el 31 de marzo y la asistencia a familias de bajos ingresos. Más en general, es bien sabido que los pobres tienen una alta propensión al consumo, de modo que un paquete que apunta a aumentar los ingresos en la base de la pirámide (mediante, entre otras cosas, una suba del salario mínimo y los créditos fiscales para personas con hijos y para complementación de ingresos laborales) ayudará a revitalizar la economía. Durante la presidencia de Donald Trump, los programas centrados en las pequeñas empresas no fueron tan efectivos como podían o debían ser; en parte, porque se destinó demasiado dinero a empresas que en realidad no eran pequeñas, y en parte por una serie de problemas administrativos. Parece que el gobierno de Biden los está corrigiendo; de ser así, la ampliación de las ayudas a empresas no sólo servirá en lo inmediato, sino que también dejará la economía bien posicionada cuando la pandemia comience a retroceder. No hay duda de que los economistas discutirán cada aspecto del diseño del programa: cuánto dinero destinar a esto o aquello; el tope de ingresos para las ayudas en efectivo; qué señales deberían activar una reducción de la escala del programa de seguro de desempleo. Es normal que personas razonables discrepen en torno de estos detalles: su definición es parte esencial de la negociación política. Pero en lo que no puede haber desacuerdo es en el hecho de que se necesita con urgencia un plan de gran tamaño, y que la oposición a ese plan es a la vez insensible y peligrosamente miope. Traducción: Esteban Flamini

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Danone comienza a despedirse de Argentina: anunció un masivo plan de retiros voluntarios

Le toco a Gonzalo Velazco director de Danone explicar esta semana a los ejecutivos y a una parte de los operarios de mayor rango la puesta en marcha del anunciado ajuste de la compañía francesa. Lo hizo de manera descarnada, según confirmaron varias fuentes a Clarín. Y anunció un ambicioso plan de retiros voluntarios en tres etapas que culmina el 19 de febrero. Ante la pregunta de uno de los operarios acerca de qué podía ocurrir si nadie se anotaba, Velazco fue franco: “No lo se”.
Así, explicó que desde hace un año y medio la acción de la líder francesa en yogures, lácteos, postres y agua mineral no para de caer en el mundo y por eso desde París tomaron la decisión de reorganización del grupo que arrancó por las cabezas y decidió despedir a unos 1.000 ejecutivos a nivel global.La otra decisión es retirarse de los negocios que le dan pérdida, que desde el último setiembre puso en “revisión estratégica”. Uno es una compañía pequeña en Estados Unidos y Danone lácteos y aguas en argentina. Esto es el área de yogures y Villavicencio y Villa del Sur.En su mensaje Velazco fue categórico: “En Francia van a ver qué hacen no hay decisión tomada aún. Puede ser que revisen y vendan, que sigan estando o encuentren un socio. No es una decisión de la que nosotros podamos participar”.Comunicó que siguen funcionando gracias a los fondos que están recibiendo desde París y que en ese contexto, “con la caída de los últimos años no vemos un futuro con 300 a 400 mil toneladas de leche para procesar. Por eso, sabiendo que hay que adecuar al tamaño de negocio, le pedimos a Francia si nos podría dar una plata adicional para los retiros voluntarios, para que la situación sea menos mala”, dijo.La gerente de recursos humanos explicó que con tres etapas escalonadas hasta el 19 de febrero, la persona debe inscribirse. En una primera etapa las condiciones son más ventajosas con una suma de dinero equivalente al 170% de la indemnización y que se recibe todo junto con acompañamiento posterior a la salida con varias cuotas de 100.000 pesos mensuales. En la segunda etapa la suma es menor, el 150%.En lo que a todas luces salta que el peso devaluado favorece un ajuste de este tamaño, un operario preguntó que podía suceder si nadie se anotaba.“Armamos el plan para que sea lo menos malo. En setiembre nos informaron que estábamos en revisión estratégica que se está haciendo desde Francia. Nosotros hicimos un acuerdo para generar este plan de retiros. Pero no se qué puede pasar de ahí en adelante. También me genera incertidumbre personal”, respondió Velazco.Lo cierto es que Danone Francia puso hace seis años a la venta su negocio a nivel global. La familia que controla la empresa había decidido que ya era tiempo de dejar el negocio y que una empresa de mayor envergadura, tomara el control. Pero ocurrió algo inesperado. Cuando estaban a punto de cerrar con Pepsico, el presidente liberal francés del momento, Nicolás Sarkozy se negó en la visión de que significaba ceder un pedazo de soberanía francesa.Hoy la Compañia se encuentra en un proceso de reestructuración mundial. Sus negocios en America del Sur, tanto en Argentina o Brasil, se encuentran con millonarias pérdidas.Con más de 25 años de presencia, Danone es una de las principales empresas de alimentación y bebidas del país, dueña de fábricas de productos lácteos, productos de nutrición y embotelladoras de agua. También talla como accionista en el negocio de galletitas, con la marca Bagley.Desde que llegó al país, Danone tiene una alianza estratégica con La Serenísima, a la cual le había comprado su división de yogures y postres, que produce en la planta de Longchamps, en la zona sur del Conurbano. La distribución de los productos es coordinada desde un área logística ubicada en el partido de General Rodríguez, donde funciona la usina láctea de La Serenísima.En aguas minerales, Danone Argentina es la número uno del mercado, con las marcas Villavicencio, que embotella en Las Heras (Mendoza) y Villa del Sur, con embotelladora en Chascomús.La empresa también es dueña de la planta de Kasdorf en Garín, en la zona norte, donde produce productos de nutrición infantil especializada en dos áreas, nutrición “temprana” y “médica”.Danone además fue la compradora de la emblemática marca de galletitas Bagley, en 1994, pero hoy ese negocio lo comparte en una sociedad “joint venture” con la local Arcor, la cual se encarga del manejo del negocio.Entre todos sus negocios directos, sin contar las galletitas, la empresa emplea a 5.000 personas.

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