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El hombre que volvió de la muerte y regresa para desafiar a Putin

Por Jorge SaboridoLa Justicia rusa volvió a condenar la semana pasada al opositor Alexei Navalny a una pena de prisión efectiva, luego de que regresara de Alemania, donde se recuperó de un intento de asesinato. No será su primera estadía en la cárcel ya que el gobierno soviético parece avocado a perseguir y encerrar al abogado, sordo ante las protestas que se multiplican en Rusia y los clamores internacionales se hacen oír. El mismo día de la condena, el martes 2 de febrero, más de mil personas fueron detenidas por marchar en favor de Navalny, según estimaciones de la ONG OVD-Info.
El envenenamiento de Navalny con agua que ingirió en un hotel de Siberia hizo recordar otros actos aparentemente protagonizados por sectores vinculados al gobierno como, para citar solo un par de ejemplos muy conocidos, el asesinato en 2006 de la valiente periodista Anna Politskovskaya, que investigaba los excesos de las fuerzas rusas en el conflicto con Chechenia, o el sospechoso envenenamiento en ese mismo año del espía Alexander Litvinenko.

Navalny forma un corazón con sus dedos mientras decenas de personas son arrestadas en las calles por darle apoyo. (Moscow City Court via AP)

Sin embargo, en esta ocasión nos encontramos ante un hecho de dimensiones muy diferentes, justamente por la personalidad del afectado, el crítico más popular de la gestión de Vladimir Putin desde hace casi una década. Las diferentes medidas adoptadas desde el Kremlin para impedir su accionar político e incluso –como ha ocurrido– para privarlo de su libertad, den cuenta de un encono hacia su persona que va mucho más allá de la casi indiferencia que genera en las altas esferas del poder los otros dirigentes opositores, cuya actividad es permitida casi sin mayores tropiezos.Por lo tanto, la pregunta que genera la figura de Navalny es la siguiente: ¿por qué Putin se empeña con tanta determinación en neutralizar su accionar hasta el punto que –por supuesto se trata solo de sospechas– puede (aparentemente) llevarlo a intentar acabar con su vida y reprimir con tanta dureza toda manifestación en su favor?Para intentar responder a esta pregunta vamos a resumir la vida y las ideas de este personaje inusual para la Rusia gobernada por Putin.Nacido en 1976, Navalny es hijo de un oficial soviético destinado a las operaciones con misiles por lo que pasó su niñez en bases militares. Su abuela estuvo entre las tropas soviéticas que capturaron el Reichstag en 1945.Estudió leyes pero también tomó cursos en la Academia Financiera de Moscú. Durante varios años fue un militante del partido Yabloko, uno de los partidos de orientación liberal surgidos a lo largo de la década de 1990 (“soy uno de los pocos que reconozco haber votado por Yeltsin”). Expulsado del partido en 2007 por marchar junto a grupos nacionalistas radicales, en adelante se dedicó a denunciar la corrupción del régimen de Putin aunque en esos primeros años tuvo algunas actitudes que lo vinculaban con grupos xenófobos.Su primera actividad significativa se desarrolló en 2007 y fue la compra de acciones de empresas del Estado seguida de la participación en las reuniones anuales de accionistas planteando preguntas comprometedoras respecto, por ejemplo, del uso de partidas destinadas a actividades de caridad que, según todos los indicios, encubrían operaciones corruptas. La exposición de estos hechos en las redes sociales le permitió ganar decenas de miles de seguidores y lo llevó a crear la Fundación Navalny contra la Corrupción destinada a mostrar el comportamiento del gobierno desde pequeñas obras que no se realizan hasta la revisión de todas las licitaciones convocadas por el gobierno. El objetivo explícito era que “todos dedicaran 15 minutos al día a luchar contra la corrupción del gobierno”.De cualquier manera, la influencia de Navalny en el escenario político ruso fue insignificante hasta su participación en las manifestaciones de 2011–2012, originadas por la maniobra de Putin de retornar a la presidencia luego de dejar su puesto durante un período de cuatro años a Dmitri Medvedev. La implementación de duras leyes destinadas a controlar la oposición condujo a Navalny a la cárcel acusado de robar grandes cantidades de madera de una compañía estatal. Pese a que varias veces el juicio estuvo por cerrarse por falta de pruebas finalmente fue condenado en julio de 2013 a una pena de 5 años a cumplir en un campo de trabajo. Sorprendentemente, las autoridades lo dejaron libre para que participara en las elecciones municipales de Moscú pensando así en legitimar los comicios. En esas elecciones, contra todos los pronósticos, obtuvo el 27 por ciento de los votos, siendo la segunda figura más votada, aunque se sospecha que el porcentaje fue mayor.

El domingo 31 de enero de 2021, la gente se enfrenta a la policía durante una protesta contra el encarcelamiento del líder de la oposición Alexei Navalny en Moscú, Rusia. (AP Photo/Alexander Zemlianichenko, File)

Luego del impacto de las elecciones, los fiscales montaron un nuevo caso, ahora contra él y su hermano Oleg –dueño de una empresa naviera– por malversación de fondos en perjuicio de la compañía de belleza Yves Rocher, pese a que ésta negó haber sufrido alguna pérdida. Finalmente, ambos fueron sentenciados a tres años y medio de prisión y a gruesas multas, pero la sentencia de Alexei fue suspendida, reemplazada por la prisión domiciliaria con una tobillera electrónica. Como esto es ilegal en Rusia cuando el acusado ha sido sentenciado, Navalny filmó para las redes el momento en que se quitó la tobillera y comenzó a circular libremente por las calles de Moscú, vigilado por la policía.Desde 2016 anunció que se iba a presentar a las elecciones presidenciales de 2018 y acto seguido estableció una red de oficinas electorales por todo el país. Sin embargo, en 2017 recibió la notificación oficial de la Comisión Electoral Central en la que su candidatura era imposible porque tenía antecedentes penales y las leyes rusas prohíben que quien está condenado pueda ir a las urnas como elegible. A partir de ese momento su accionar personal y la actuación en las redes fue consolidando su posición en todo el país, hasta que se produjo el envenenamiento que conmovió al mundo. Mientras tanto entraba y salía de la cárcel con frecuencia; su definición del régimen de Putin como el gobierno “de los estafadores y los corruptos” se generalizó entre los opositores.Un nacionalista conservador.Una vez resumido su accionar político es importante conocer las ideas de Alexei Navalny más allá de su oposición frontal a Putin. En este aspecto la fuente más adecuada disponible es la transcripción de los diálogos que mantuvo en 2014 con Adam Michnick, uno de los principales intelectuales polaco, caracterizado disidente durante la década de 1980.De ese intercambio de ideas podemos resumir lo siguiente: es un nacionalista conservador, de carácter cívico, opuesto frontalmente al nacionalismo imperialista “el más tóxico y peligroso de los nacionalismos”. Su postura no predica la superioridad nacional sino que reivindica los derechos civiles y plantea la necesidad de desarrollar todas las potencialidades de Rusia “sin necesidad de expandirnos”.

Alexei Navalny participa en una marcha en memoria de Boris Nemtsov que marca el quinto aniversario de su asesinato en Moscú, el 29 de febrero de 2020. EFE/EPA/YURI KOCHETKOV

Esta posición en un ambiente polarizado como es la vida política rusa conduce a que sea “calificado de liberal por los nacionalistas y de nacionalista por los liberales”.Ante la cuestión que ha agitado a los intelectuales rusos desde el siglo XIX respecto de su relación con Occidente, su europeísmo no presenta fisuras: “cualquier régimen que no se funde a partir de las reglas europeas solo puede sobrevivir mediante el fraude, la censura y la represión”. Los “caminos especiales hacia la modernidad” siempre han llegado a alguna forma de totalitarismo.Otro de los rasgos de su pensamiento es la importancia otorgada a la religión pero frente a la significación que Putin le otorga a la iglesia su postura es que ésta debe limitarse al campo espiritual.Las críticas a Putin se centran tanto en aspectos internos como en la política exterior. En política interna sostiene que el objetivo de Putin es el establecimiento de una “democracia imitativa” en una versión modelo Alemania Oriental, manteniendo en última instancia el contrato social soviético basado en la concesión de beneficios económicos y sociales a cambio del desinterés de los ciudadanos por la política. Lamentablemente opina, muchos rusos acuerdan y lo disfrutan, lo que constituye un verdadero “síndrome de Estocolmo”.En cuanto a la política exterior, partiendo de la rotunda frase “la invasión de Ucrania fue un crimen contra todo el mundo. Rusia incluida”, sin embargo formula su principal crítica al accionar occidental: más que discutir la pertenencia o no a la Organización del Atlántico Norte, la expansión del programa de defensa misilística violó el principio de paridad nuclear, un importante componente del sistema de seguridad internacional, y este acto “empujó” a Putin, para quién la política exterior es un instrumento de política interna, a reanudar la carrera armamentista contando con un importante apoyo dentro del país.La cuestión de la anexión de Crimea lo lleva a introducir matices: se trata de una acción ilegal, que viola acuerdos existentes pero se debe comprender que ha pasado también a ser un problema. Más de dos millones de pasaportes rusos han sido enviados a residentes de Crimea; “lo único que cabe hacer es anular el referéndum –totalmente ilegal– de marzo de 2014 y realizar un referéndum transparente bajo supervisión internacional. Y aceptar los resultados, aun sabiendo que el problema se va a extender por décadas”. No es casual que la prensa occidental conceda tanta importancia al accionar de Alexei Navalny; sus ideas sintonizan con la prensa liberal y lleva a pensar que Rusia podría seguir un rumbo diferente al que le imprime Putin. Sin embargo, cada vez que los rusos han sido convocados a las urnas han mostrado su apoyo mayoritario al presidente. Evidentemente, las ideas de Navalny son expresión del pensamiento de las clases medias ilustradas de Moscú, San Petersburgo y otras grandes ciudades de la Rusia europea; de ninguna manera son compartidas por el conjunto del pueblo ruso.

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Pero lo que realmente deja perplejos a los observadores es la saña con la que Putin lo persigue y persigue a sus seguidores. La explicación más plausible es que su obsesión por asumir que él y sus ideas expresan el sentir del conjunto de Rusia lo lleva a desplegar operativos masivos para enfrentar a los que –es de imaginar– en su esquema mental son traidores, simplemente traidores, y como dijo en alguna ocasión en una entrevista “los traidores deben ser aniquilados”.

Jorge Saborido es historiador. Fue titular de cátedra en la UBA y decano en la UNLPam. Foto: Fernando de Orden

Jorge Saborido es historiador. Fue titular de cátedra en la UBA y decano en la UNLPam.

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Este es el palacio de U$S 1.400 millones de Vladimir Putin según el opositor Navalny

El líder opositor ruso, Alexéi Navalni, acusó al presidente de Rusia, Vladímir Putin, de recibir de sus amigos el “palacio más caro del mundo” a orillas del mar Negro, que calificó como el “mayor soborno de la historia”.
El Fondo de Lucha contra la Corrupción (FBK) creado por Navalni, publicó una exhaustiva investigación detalles “la mayor trama de corrupción en Rusia” por un monto de más de 100.000 millones de rublos (unos 1.400 millones de dólares).

En el círculo rojo la entrada secreta al palacio (palace.navalny.com).

La investigación devela “quiénes y cómo financian la construcción del palacio más caro del mundo y cómo se paga el mayor soborno de la historia desde hace 15 años”, de acuerdo con Navalni.El “palacio más secreto de Rusia” (al que nadie tiene acceso) se encuentra muy cerca del mar, en las afueras de Guelendzhik, entre la ciudad de Sochi y la península ucraniana de Crimea, anexionada por Rusia en 2014.

El helipuerto y debajo el estadio de hockey sobre hielo (palace.navalny.com).

La superficie total del palacio es de 17.692 metros cuadrados, lo que le convierte en “la mayor vivienda particular” de Rusia, y el terreno en el que se encuentra ocupa una superficie de 68 hectáreas.La propiedad está rodeada por un terreno de 7.000 hectáreas, perteneciente al Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB, antiguo KGB), una especie de “perímetro de contención” para evitar las visitas no deseadas.El opositor ofrece en un video un recorrido pormenorizado por los interiores del gigantesco palacio y sus instalaciones aledañas.

El casino que tendría el palacio (palace.navalny.com).

Hay una piscina interior, un gimnasio, un helipuerto, una pista de hielo subterránea, una iglesia, un invernadero, un túnel hasta el mar, e inmensos viñedos.Sus colosales medidas equivaldrían a 39 veces el tamaño del estado de Mónaco, para hacerse una idea de su espectacularidad.El FBK también asegura en su investigación que conoce quienes son los testaferros de estas propiedades.

El anfiteatro que tendría el palacio (palace.navalny.com).

El video de la investigación, de 1 hora y 52 minutos de duración y que fue planificado cuando el activista anticorrupción aún estaba en cuidados intensivos en Alemania, solo en su primer día recibió más de 20 millones de visitas y ya supera los 60 millones.Navalni, consciente de que podía ser detenido a su regreso a Rusia, acordó con sus socios publicar el material una vez estuviera en vuelta en Moscú, porque, según explicó el propio opositor, “no queremos que el protagonista piense que le tememos”.

El invernadero que tendría el palacio (palace.navalny.com).

El Kremlin ha negado la existencia del macro complejo a orillas del mar negro que Alexei Navalni atribuye al presidente de Rusia, Vladimir Putin, en pleno pulso político entre las dos partes por el reciente retorno a Moscú del opositor y su inmediata detención.El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, aseguró que son acusaciones “absolutamente infundadas, es pura tontería”. “Al presidente se le atribuyen bienes que no existen, todas las propiedades del presidente de Rusia se especifican en la declaración que se publica anualmente”, ha zanjado, según la agencia de noticias Sputnik.

La piscina cubierta que tendría el palacio (palace.navalny.com).

Peskov ha ironizado con el contenido del “maravilloso material” presentado por Navalni y ha advertido a los ciudadanos en contra de enviar dinero a los “pseudo investigadores”, por entender que la recepción de fondos “es probablemente la tarea principal”. “Piensen antes de transferir dinero a estos estafadores”, ha advertido.Agencias EFE y Europa Press.

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Alberto, Putin y la crónica anunciada de otro papelón

La Argentina está en problemas. Pasó los 40.000 muertos por Covid, no tiene la cantidad suficiente de testeos para sus habitantes y necesita que la vacuna contra el virus le ponga un límite a la segunda ola que ya aterroriza a Europa y a los Estados Unidos. Por eso, es que el Presidente inició en los últimos meses negociaciones con diferentes laboratorios para asegurarse las dosis suficientes.
Hasta ahí, todo parecía una gestión razonable para un gobierno de científicos, el eslogan arriesgado que ensayó Alberto Fernández cuando su gestión contaba con el beneficio de la incógnita. El contacto con el laboratorio de Oxford o con las farmacéuticas estadounidenses y alemanas era un buen augurio para obtener las vacunas que podrían salvarnos del coronavirus. Todo bien hasta que se metió la grieta innecesaria de la geopolítica para complicarlo todo. Como en todas las cuestiones en las que termina definiendo el interés de Cristina Kirchner, Alberto Fernández se metió diligente en el laberinto de la vacuna rusa, impulsada por Vladimir Putin para competir en la batalla global por el hallazgo del remedio. Solito, el Presidente repitió una de las recetas que más daño le han hecho a su gobierno: la sobreactuación. Porque a Alberto no le bastó con agregar la vacuna rusa al menú de respuestas posibles al Covid. Quiso florearse difundiendo con bombos y platillos una videoconferencia con Putin y envió en secreto una delegación a Moscú encabezada por la viceministra de Salud, Carla Vizzotti, para mostrar que era el más canchero de todos. El que iba a contar con millones de dosis para distribuir generosamente entre los argentinos. Envalentonado, Fernández anunció que iba a vacunar a 300 mil argentinos antes de fin de año y a otros 10 millones entre enero y febrero. Nadie le había pedido tanto. Eran cifras que sus ministros ponían en duda cuando no había cámaras ni micrófonos cerca. Esta semana, el propio Ginés Gonzalez García sugirió en público lo que todos decían en privado y entonces le cayó el rayo fulminante para aquellos que quieren tener un discurso personal no acordado con el kirchnerismo. “Somos la envidia del mundo”, decía el imprudente Alberto, como si el país que gobierna no tuviera récords de recesión ni 20 millones de pobres. El Presidente no le prestó atención a las demoras de la vacuna del laboratorio Gamaleya para someterse a las pruebas internacionales de seguridad. Ni a las dificultades del resto de las vacunas que sí van haciendo públicos sus resultados a medida que desarrollan sus ensayos. Después de haber dicho que no iba a ponerse la vacuna rusa en el arranque del operativo, cambió el discurso para anunciar que sí se la iba a aplicar. Y como las aprobaciones no llegan y se pone difícil la autorización de la Anmat, se apuró a prometer que la vacuna rusa estará en Buenos Aires para las vísperas de Navidad. Y pasó lo que sucede muchas veces con la Argentina y sucede desde hace un año con el Gobierno. La aparición de la realidad para romper en pedazos las construcciones discursivas. Desde Moscú, Vladimir Putin admitió en una conferencia de prensa que él no iba a ponerse la vacuna de su país. “Yo atiendo a las recomendaciones de nuestros especialistas y por eso por ahora no me he puesto la vacuna, pero lo haré sin falta cuando sea posible”, se curó en salud el ruso. En el país cada vez más atrapado en el realismo mágico, era la crónica anunciada de un nuevo papelón. La declaración explotó como una bomba en los despachos de la Casa Rosada. Putin tiene 68 años y reveló lo que los funcionarios argentinos ocultaban. Que sigue habiendo pruebas que la vacuna rusa no ha superado y que la seguridad para los pacientes en edad de riesgo es una de las grandes dudas. El plan de vacunación argentino está pensado para incluir en la primera etapa a los trabajadores esenciales y a las personas mayores o con enfermedades de riesgo. Ya casi nadie cree que pueda ponerse en marcha antes de fin de año. Con suerte, arrancará en el fin del verano. “Tiene la piel delicadita y le molesta que le digan tibio”, lo provocó a Alberto esta semana Diosdado Cabello, el militar y número dos del régimen que agobia y mortifica a Venezuela. La sobreactuación albertista se ha probado como un método ineficaz y que coloca al Presidente en un lugar que lo despoja del respeto ajeno y de la solidaridad de los propios. Los guiños exagerados que Alberto les hace a Putin, a los Moyano o a los jerarcas del chavismo no hacen más que acercarlo al subsuelo de una imagen negativa que todavía no encuentra el piso. Y en política, se sabe, no hay remedio ruso o estadounidense que pueda detener el virus incomprensible de la autoflagelación.

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