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Para un ex director del FMI, “poner las elecciones antes de los intereses del país tendrá un costo muy alto”

Paris (corresponsal).- El FMI no quiere esperar hasta las elecciones para un acuerdo pero quiere un consenso con la oposición. Aunque Argentina podrá negociar en mejores condiciones esta vez porque el acuerdo del 2018 fue simplemente “políticamente motivado”. Un producto de las presiones del presidente Donald Trump sobre el organismo y su vínculo con el ex presidente, Mauricio Macri. Argentina debería haber hecho “una restructuración light” y haber “reperfilado” la deuda en ese momento. La pandemia no es buena para nadie pero es más difícil mandar a un país al default en pleno Covid. Un elemento a tener en cuenta por el negociador.
Estas claras definiciones son de una voz autorizada. Héctor Torres, diplomático jubilado, abogado, especialista en temas macro económicos, fue el representante argentino ante el FMI y director ejecutivo de ese organismo. Entre el 2004 al 2008 y el 2016 al 2017 por Argentina y entre el 2013 y el 2015 por Brasil. Consejero de la Organización Mundial de Comercio, es profesor invitado en El Colegio de México, la Queen University de Canadá y la Universidad Di Tella en Buenos Aires. Es Senior Fellow del Center for International Governance Innovation en Canadá. Sabe exactamente lo que piensa el FMI y sus funcionarios en relación a la Argentina. Desde Ginebra, donde trabaja y vive y, cuando puede, nada en el lago Leman junto a su esposa, conversó con Clarín.-¿Argentina puede entrar nuevamente en default?-Es difícil eso. Por lo menos con los privados, porque los pagos están empujados con la reestructuración. Tenemos un vencimiento importante con el club de París y tenemos vencimientos importantes con el Fondo Monetario Internacional. La posibilidad teórica está. Creo que el Gobierno va a tratar de evitar el acuerdo con el Fondo. Yo creo que es inevitable. Podríamos haberlo hecho antes y hubiera sido muy deseable que se hubiera hecho antes por varios motivos. Digamos que un país no puede tener un horizonte tan corto como las elecciones de octubre y después no se sabe. Es mejor generar un horizonte económico de previsibilidad y no que los inversores o la gente que pueda tomar decisiones en materia económica para crear empleo se hagan la pregunta que vos estás haciendo a muy pocos meses de haber reestructurado la deuda externa. La pregunta no debería existir.-¿El FMI va a tener paciencia hasta después de la elección para firmar el acuerdo? ¿Y bajo qué condiciones?-Los tiempos del acuerdo con el FMI los pone el Gobierno. Los vencimientos que tenemos hasta este año son relativamente pocos. Están muy concentrados en los años 22 y 23. Este año uno puede imaginar que, con estos golpes de suerte que hemos tenido, como la soja arriba de los US$ 500 y la expectativa de una repartición de nuevos Derechos Especiales de Giro, pueden tocar unos US$ 4.400 millones aproximadamente. Con todo eso, y si no hay olas y el barco es más o menos estable, uno podría decir que el Gobierno gana tiempo como para postergarlo hasta después de octubre. Pero obviamente a un costo de oportunidad muy alto por varias razones. Tenés una economía en vilo, un rebote económico, porque están levantadas las cortinas de negocios, la gente empieza a consumir de nuevo y a producir de nuevo. Entonces ese rebote se podría traducir -si hubiera un horizonte económico más claro- en mayor inversión y mayor creación de empleo. Eso es un costo de oportunidad muy alto. El otro costo de oportunidad muy alto es que nos estamos perdiendo un momento en el cual los mercados de capital tienen tasas de interés en niveles históricamente bajos. Hay un costo muy alto en poner las elecciones antes de los intereses del país.El pedido del FMI: consenso con la oposición​-El ministro Martín Guzmán dijo que quería que la oposición fuera parte de estas negociaciones porque discutirían política de Estado. Con eso trató de explicar por qué el Fondo preferiría una firma después. ¿Usted cree que ese consenso con la oposición es un requerimiento del Fondo Monetario o es una decisión del Gobierno?-Yo creo que no es cierto que el Fondo quiera que el acuerdo sea después de las elecciones. Creo que quiere un consenso con la oposición. Pero eso no quiere decir que el Fondo quiera que la Argentina espere hasta después de las elecciones. En realidad, la búsqueda del consenso es un pedido del Fondo y se explica porque vamos a un programa de 10 años. Es un programa que va a requerir reformas estructurales que este gobierno puede empezar, pero en ningún caso concluir. Tienen que ser reformas continuadas por el próximo gobierno. Por eso es importante que se trate de políticas de Estado, como decía Guzmán. Políticas que el próximo gobierno quiera continuar y no diga: “Yo no me siento comprometido con esto”. Por eso es que hace falta. Ahora, que el Fondo está pidiendo que sea después de las elecciones, no me parece cierto.-¿Usted cree que la oposición está lista para asumir este costo?-Creo que estamos haciendo todo lo necesario como para que ese consenso no llegue. Veo una polarización creciente en la Argentina, tanto por parte de discursos un poco exageradamente militantes por parte del Gobierno y respuestas acordes del lado de la de la oposición. Es difícil decir quién empieza y quién termina. Esto es un círculo, que no lleva justamente a la posibilidad de tener un país en el cual sepamos a dónde queremos ir y nos pongamos de acuerdo. Es perfectamente posible llegar a acuerdos. Pero obviamente hacen falta las partes que quieran tener ese acuerdo. No se trata solo de la oposición, sino también de las fuerzas vivas de la Argentina. Se trata de la sociedad civil, de construir consensos explicando las reformas que hacen falta, por qué hacen falta y cómo se van a implementar de forma socialmente responsable. Eso no es solo un tema para discutir con Juntos por el Cambio.-¿Cómo es visto desde el Fondo Monetario este problema de doble comando, que existe en el Gobierno entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner? ¿A quién escuchan?-Es difícil para mí decir hasta dónde las diferencias entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner existen. El propio Presidente se encargó varias veces de decir que son lo mismo. Lo que veo es que en el espacio político del Gobierno hay sectores radicalizados que normalmente responden a la Vicepresidenta y menos radicalizados que están un poco más cerca del Presidente. Si hay desinteligencias entre el Presidente y la Vicepresidenta cuando hablan, la verdad es que yo no lo puedo decir.Un acuerdo difícil con el FMI-¿Cómo observa todo este escenario político el Fondo?-Yo no soy un vocero del Fondo. Lo que yo puedo decir es mi impresión de lo que hablo con ex colegas o lo que leo que me mandan. Lo que dijo Alejandro Werner recientemente me pareció un acto de sinceridad. Están un poco perplejos. Guzmán aparentemente tiene un discurso razonable, articulado, con el cual se puede entender. Pero al lado de ese discurso razonado y articulado, aparecen gestos que no parecen coincidir con eso que quiere Guzmán. Creo que eso juega en contra de Guzmán. El Gobierno quiere postergar el acuerdo hasta después de las elecciones por razones electorales. Pero también quiere evitar cimbronazos en el mercado y, para eso, es un equilibrio muy inestable. Porque estás privándote de generar un horizonte económico de previsibilidad para no tomar compromisos que podrían ser -de acuerdo a sus expectativas- no favorables electoralmente. Pero a cambio está generando un riesgo muy fuerte de que cualquier cosa se transforme en una volatilidad mayor en los mercados. ¿Y qué cree usted que le va a pedir el Fondo a la Argentina?-Lo que le va a pedir el Fondo a la Argentina es lo que la Argentina le va a ofrecer al Fondo. Estos acuerdos de facilidades extendidas son programas inventados por el Fondo para asistir a países que tienen problemas de balanza de pagos recurrentes o que su economía no crece lo suficiente. Eso parece pintado para nosotros ahora. Para justamente devolverle competitividad a la economía hacen falta una serie de reformas, que no solo se llaman estructurales porque no se trata solamente de aumentar la tasa de interés o bajar un gasto público o aumentar un impuesto. Se trata de reformas que hacen a la estructura económica del país, que normalmente requieren actividad legislativa. Esas reformas, en términos generales, tienen costos de corto plazo para tener beneficios de largo plazo. Por eso hace falta un periodo largo para irlas implementando en forma secuencial. No es lo mismo empezar por un lado, que por el otro. No se pueden saltar etapas.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se reunió con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, en Washington.

Hay que explicarlas. Hay que dar tiempo a los sectores económicos para que se vayan adaptando para hacer la reforma socialmente responsable. Hoy lo más importante es que un gobierno se ponga de acuerdo en su propio espacio político. No solo sobre si tienen un acuerdo largo. Sino, qué va a hacer durante ese tiempo. ¿Están pidiendo el acuerdo largo porque es el que más plazo da para regalarle al Fondo o están pidiendo un acuerdo largo porque, además, están convencidos de que la Argentina necesita reformas estructurales para tener competitividad la economía, para solucionar el problema fiscal que tenemos? Yo no creo que el Fondo venga con un libreto y le diga a Guzmán “firme aquí abajo”. Creo que está esperando que el Gobierno ponga en frente del Fondo un programa económico, que haya sido discutido en la Argentina con las fuerzas vivas y la sociedad civil y la oposición política, que no es solo Juntos por el Cambio, y diga: “Esto es lo que queremos hacer, este es el país que queremos tener”. Nosotros tenemos un gobierno que claramente tiene un proyecto de poder, pero no está muy claro que tenga un proyecto de país. Eso es algo indispensable ponerse de acuerdo antes de empezar a negociar con el Fondo.​ ¿Otras reformas estructurales?-Otra afirmación del ministro Guzmán fue que las reformas estructurales que pide el Fondo Monetario ahora no son las mismas que pidió en el 2018 cuando obtuvo el gran paquete ¿Realmente es cierto que el Fondo cambió y que hay otras reformas estructurales que exige?-Lo de 2018 no creo que sea un problema de cambio del Fondo. El acuerdo del 2018 fue claramente políticamente motivado. No hubiera existido jamás ese acuerdo si no hubiera existido la relación estrecha entre el presidente Macri y el presidente Trump. Estamos acostumbrados a pensar en que el Fondo viene y nos impone una serie de condiciones. En el caso del 2018 fue bastante parecido a lo contrario. El staff del Fondo estoy seguro que quería un acuerdo diferente. Pero el Gobierno no quería ese acuerdo diferente. Teníamos una situación de liquidez, no era insolvencia. Y una serie de vencimientos con el sector privado concentrado. Lo que hubiera correspondido era que, en ese momento, la Argentina hiciera una reestructuración light. Una reestructuración en la cual los acreedores no pierden valor neto presente de sus acreencias, básicamente las mantienen. Lo que se hace es estirar los plazos y para eso hacía falta el acuerdo con el Fondo.Deberíamos haber reperfilado en ese momento. Hubiera sido muchísimo más sencillo y tendríamos muchísimos menos problemas hoy. Pero evidentemente no era un tema que le convenía políticamente al presidente Macri. Y el presidente Macri tenía una relación muy estrecha con el presidente de Estados Unidos. Era el favorito de los mercados. Tenía mucho poder como para lograr que el director del Fondo aceptara un acuerdo que, claramente, no era un acuerdo típico y que confrontamos con vencimientos concentrados, como los que tenemos ahora, que eran totalmente impagables. Hacía falta un nuevo acuerdo con el Fondo. Lo que se esperaba era que esa lluvia de dólares le permitiera a Macri reelegirse. Entonces este supuesto era que los mercados estuvieran felices, que nos volvieran a prestar y que el Fondo nos hiciera un acuerdo de nuevo. Pero eso es una excepción. Eso fue una irresponsabilidad, no sólo del gobierno de Macri, sino del Fondo Monetario.El puente con el Club de París-El Club de París también pide a Argentina que firmen acuerdo con el Fondo para poder renegociar la última cuota de su crédito de US$ 2.400 millones. Y si no, según Guzmán, le ofrecería un puente. ¿Qué opina usted?-El Club de París tiene unas reglas adoptadas en el 2003, que establecen que cuando un país le pide una reestructuración al Club de París, este nuevamente le pide al Fondo un análisis de sustentabilidad de deuda. Y si el Fondo dice que la deuda es sustentable, el Club de París puede reestructurar, sin el acuerdo con el Fondo. Si el Fondo dice “la deuda no es sustentable”, como dijo en nuestro caso, entonces el Club de París dice “ok, yo reestructuro. Pero primero un programa con el Fondo”. La única excepción que yo conozco y que creí que Guzmán iba a tratar de conseguir, es una que le permitió a Indonesia tener una reestructuración sin un acuerdo con el Fondo. Y el argumento fue “tuvimos un tsunami”. Eso lo obligó a reestructurar la deuda con el Club de París. La pandemia no es un tsunami, pero es una situación evidentemente muy complicada. No me sorprende que el Club de París diga “primero vayan al Fondo, no tenemos ni siquiera un artículo 4 en vigor”.-Otro problema es el artículo 4 con el Fondo y con el Club de París. Ellos lo exigen pero Cristina Kirchner lo ideologiza y no lo acepta. ¿Qué hacer?-Cristina ideológica un poco todo. Pero si no acepta el artículo 4, no lo sé.El default-Con este contexto, ¿Argentina puede entrar en default con el Club de París a más tardar en junio si no hay un puente?-Sí, podría pasar eso. Pero tenemos la posibilidad del puente, que hay que pagarlo y muy probablemente venga con intereses punitorios. Espero que no sean los intereses punitorios que prevé el acuerdo que firmó Kicillof en su momento. Creo que ahí, probablemente, Guzmán tenga un margen de bajar esos intereses punitorios que hoy suenan disparatados, particularmente porque siempre fueron muy altos. Hoy con las tasas internacionales tan bajas, no es nada. Con lo cual yo espero que si hay un puente, que no nos salga demasiado caro.

El entonces ministro de Economía Axel Kicillof y su equipo durante la conferencia de prensa en la que anunció el acuerdo con el Club de París. Foto Luciano Thieberger

-¿El FMI puede mandar a Argentina al default, en medio de esta pandemia?-La Argentina eligió un camino de reestructuración de deuda, que no fue el camino que normalmente se elige y, ciertamente, no fue el camino que el Fondo Monetario recomendó. Normalmente, cuando un país tiene que reestructurar su deuda con los acreedores y además tiene deuda con el Fondo Monetario, empieza por tener un programa económico sólido y políticamente consensuado con las fuerzas vivas del país, para tener fuerza en la negociación. Luego viene la negociación con el Fondo. Hay obviamente ajustes a ese problema de acuerdo a las discusiones con el Fondo y el Fondo financia eso. Una vez que lo financia, queda definido el sobre fiscal que queda para los acreedores privados. Hoy tenemos una situación en la cual reestructuramos con los privados pero nos queda por definir el excedente fiscal que vamos a usar para pagarle el Fondo. Entonces, los privados están esperando. Estamos en una situación muy particular. Es como que la reestructuración que hizo Guzmán es como construir un puente o querer llegar al otro lado del río y empezar por el final: empezar poniendo los pilares que están del otro lado del río, que son importantes evidentemente, pero te falta llegar a esos pilares. Un puente a medio construir no te lleva a ningún lado. Entonces estamos en esa situación-¿Podria ir al default?-Yo creo que políticamente sería muy embarazoso para el Fondo poner a la Argentina en una situación de default. Primero porque el acuerdo de 2018 es indefendible. Y segundo, porque estamos en pandemia. Ahora la Argentina es parte de este problema porque elegimos un camino que se veía que no iba a llegar a ningún lado, porque si no hay plata para todos, hay plata para el Fondo y los que no van a cobrar son los privados.No es nada raro que después de la reestructuración que hizo Guzmán, que fue un éxito teórico, porque postergamos pagos, el mercado sigue sin reaccionar, en un momento en el cual si algo sobra en el mundo son dólares. Y justamente en ese momento aumenta el riesgo país, después de la reestructuración. Nosotros somos parte de nuestra torpeza también.El rol de la pandemia-¿Qué rol va a tener el déficit fiscal, cuando la pandemia ha convertido a todos los gobiernos en keynesianos por obligación?-Los Estados y los gobiernos tienen un rol que no han tenido anteriormente (y no estamos en el gobierno chino). Estamos hablando de los subsidios que están dando los Estados, que normalmente se dedicaban básicamente a facilitar el funcionamiento de los mercados, asegurar el cumplimiento de los contratos, proveer un sistema judicial efectivo, garantizar la propiedad privada y, después, a dejar que la economía esté en manos de los privados. Esos Estados hoy están interviniendo masivamente en decisiones que, en definitiva, son decisiones corporativas. La pandemia ha generado una situación que yo no diría que es keynesiana. La emergencia ha obligado a que los gobiernos que se pueden dar ese lujo den un empujón fiscal y participen en la economía en forma masiva y no sólo fiscalmente, también la parte monetaria. Los bancos centrales (el Banco Central Europeo, pero además fundamentalmente la Fed, el propio Banco de Japón, el Banco de Inglaterra) están emitiendo liquidez en forma alarmante. Han duplicado sus pasivos. Pero como son monedas en las cuales la gente cree y en las que quiere guardar sus ahorros, por el momento va a generar inflación. Además, porque en realidad, la economía está apagada.Lo que me duele es que no tengamos acceso a esa masa de dinero en este momento. Los fondos de pensión tienen compromisos fijos con una población que envejece. Una población activa cada vez más chica. ¿De dónde van a sacar para generar los beneficios que aseguren esas pensiones? Están desesperados por conseguir ganancias. Nosotros ofreciendo un mínimo de seguridad jurídica y un mínimo de horizonte económico, de certeza y de hacia dónde vamos, tendríamos cantidad de oportunidades. Por eso digo que el costo de oportunidad para nosotros es fenomenal. De poner las elecciones por encima del país ahora.Una deuda insustentable ¿Pero usted no cree que el déficit fiscal va a tener un nuevo concepto después de la pandemia? Porque el déficit fiscal hoy es alarmante en todos lados.- Sí, eso es cierto. Lo importante no es solo el déficit fiscal, sino primero qué costos económicos te genera el déficit fiscal. El déficit fiscal en Estados Unidos es cada vez más alto. Estamos en niveles de guerra. El costo del déficit fiscal en Estados Unidos es históricamente bajísimo, porque las tasas de interés son prácticamente negativas y siguen siendo muy bajas. Con lo cual te podes dar el lujo de un déficit fiscal, si resulta que las tasas de interés están muy por debajo de tu tasa de crecimiento, que es el caso de Estados Unidos. Guzmán dijo que cuando una deuda se vuelve insustentable, hay una responsabilidad compartida entre el deudor y el acreedor. ¿El FMI comparte este concepto y cuál es esa solución creativa de la que habla Guzmán? Yo coincido con Guzmán en que la deuda Argentina con el Fondo Monetario es una responsabilidad compartida. No diría que siempre que hay una deuda no sustentable es responsabilidad del acreedor y el deudor. Obviamente lo que él está diciendo es que el acreedor podría haberlo pensado antes y podría haber dicho: “no te presto más”. Con lo que coincido es que el problema respecto al préstamo del 2018 es de responsabilidad compartida. Nuestros problemas seculares no son una responsabilidad del Fondo. Estos son problemas nuestros. Nosotros somos capaces de cavar el pozo cada vez más profundo, solitos. Ahora, lo del 2018 , efectivamente Guzmán tiene razón.El Fondo tiene una responsabilidad en el fracaso de ese programa. Yo creo que es consciente de eso y que eso nos da flexibilidad en la negociación. Creo que el Fondo quiere una negociación en marcha. Viene reclamando esa negociación desde que se sabe que Fernández iba a ser presidente.Munición para negociar-Por lo tanto hay dos cosas a favor de Argentina. Una es la pandemia y otra es esta especie de deuda no sustentable que el FMI está considerando que puede reconsiderar.-La pandemia yo no creo que esté a favor de nadie, nos está haciendo daño a todos. Lo que pasa es que en un momento de pandemia es políticamente más difícil mandar a un país a la quiebra, al default. Pero para negociar sí. Evidentemente, si uno mira exclusivamente la negociación, sí. Pero en realidad nosotros estamos perjudicados tanto por la pandemia como por el desastre del 2018. Ahora, eso si se quiere mirar como el vaso medio lleno, para un negociador, le da munición para negociar porque el otro lado también es copartícipe del problema.- El otro punto es la inflación. ¿El FMI va a aceptar la intervención del Estado, como dijo el ministro o no?

Reuniones de trabajo del ministro de Economía, Martín Guzmán, en su último viaja a Washington.

– Creo que la pregunta no es esa, sino si el FMI va a creer que con la intervención del Estado se va a arreglar. Y la respuesta es no. Ahora, si el FMI va a aceptar la intervención del Estado en políticas de control y políticas de ingreso, coordinación entre trabajadores y empresarios, yo creo que sí. El FMI me parece que coincide y creo que tiene razón en coincidir, en que la inflación en la Argentina es muy particular y multicausal. Nosotros somos un país que tiene una moneda que es el peso. Pero los argentinos irremediablemente tienen dólares en la cabeza. Y eso hace que combatir la inflación con tasas de interés altas en el Banco Central no siempre funciona. En el mundo, en general, el Banco Central levanta la tasa de interés y la gente ahorra un poco más y consume un poco menos, entonces los precios empiezan a bajar. Eso funciona en general. En la Argentina no necesariamente funciona porque la gente que se pasa al plazo fijo, los que tienen capacidad de ahorro, están pensando en la rentabilidad en dólares. No están pensando en la rentabilidad en pesos. El peso es un vehículo para conseguir dólares, nada más. A partir de un momento, cuando el Banco Central empieza a subir la tasa a niveles muy altos, lo que genera es pánico y lo que genera es la memoria es “esto se va a acabar en algún momento”. Entonces mejor salto al dólar. El tema es cuándo salto del peso al dólar y cuánto más alta está la tasa de interés. Ese momento la gente sabe que se acerca.  Cuando la gente empieza a saltar al dólar, primero sube el dólar e inmediatamente sube la inflación, pese a que las tasas de interés altas. Segundo, se desarma la demanda de pesos, con lo cual aumenta más la inflación. Lo que normalmente funciona en el 99% de los países en la Argentina, no.Lo que quiero decir es que la política monetaria no sirve por sí misma para combatir la inflación. Tiene que ser parte del combate público. Pero que tiene que ser con bisturí el tema de la tasa de interés. No como subió el gobierno anterior la tasa de interés a niveles estratosféricos, y de repente lo que generó fue pánico. Yo creo que este Fondo Monetario lo sabe. El anterior lo negaba, y me parece que fue un error enorme. Yo estoy convencido de que este equipo del Fondo va a poder entender.El viaje a Moscú- Guzmán estuvo en Moscú para reforzar una relación estratégica con Rusia. ¿Usted cree que es prudente para Argentina esta relación, cuando nosotros debemos negociar ayuda de los países europeos con el Club de París y con el FMI y especialmente con Estados Unidos y una crisis de Estados Unidos en Europa, con Moscú y con Putin?- Cuando yo vi la palabra estratégica en el comunicado de Guzmán y dijo que íbamos para profundizar la relación de cooperación estratégica, se me pararon los pelos y pensé que era muy raro. Y justamente el día en que habían expulsado 10 diplomáticos rusos acusando de espionaje, acusando a Putin de haber intervenido en las elecciones y Putin estaba poniendo tropas en la frontera con Ucrania. Digamos que me pareció un momento muy desafortunado como para decir: “Nosotros tenemos una relación de cooperación estratégica”. Porque esa palabra estratégica suena a geopolítica. Yo creo que con Rusia nosotros tenemos que tener una relación comercial intensa. Ahora, la cooperación estratégica me parece que es un término que puede ser irritativo.NE

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Pena de muerte por Zoom: así matan a los presos condenados en Indonesia

Indonesia condenó, desde el inicio de la pandemia de coronavirus, a decenas de presos a la pena de muerte por Zoom u otras aplicaciones de video, en juicios “crueles” que pueden perjudicar a la defensa, según militantes de derechos humanos.
Este país del sudeste asiático organiza procesos en línea desde que las restricciones por la pandemia del Covid-19 obligaron a los tribunales a renunciar a la mayoría de las audiencias públicas, en particular en casos de drogas o de asesinatos que pueden generar penas capitales.La pandemia no frenó el número de condenas a muerte pronunciadas en Indonesia, al contrario: al menos 177 personas fueron condenadas a la pena capital en 2020, según Amnistía Internacional, contra 80 el año precedente.

Varios musulmanes realizan las oraciones del viernes en el mes sagrado de ayuno en el mercado textil de Tanah Abang en Yakarta, Indonesia, Foto: EFE.

En un centenar de casos el año pasado, los jueces solo vieron el rostro de los acusados a través de una pantalla. La mayoría de los condenados a muerte lo son por tráfico de drogas, muy severamente castigado en el país, que tiene la mayor población musulmana del mundo.En abril, 13 miembros de un red de traficantes, entre ellos tres iraníes y un paquistaní, fueron condenados a muerte a través de internet, por haber transportado a Indonesia 400 kilos de metanfetamina.El miércoles un tribunal de Yakarta condenó, vía video, a seis militantes islamistas a la pena capital por su rol en revueltas carcelarias en 2018 que causaron cinco muertos entre las fuerzas de seguridad.

Hay más de 500 detenidos en el corredor de la muerte. Foto: EFE.

“Las audiencias virtuales socavan los derechos de los acusados que corren el riesgo de la pena de muerte”, se lamenta Usman Hamid, director de Amnistía Internacional en Indonesia, consultado por la AFP.”La pena capital siempre es un castigo cruel, pero esta tendencia a dictarla en línea agrega injusticia y crueldad”, asegura. El número de ejecuciones y condenas a muerte disminuyó este año en todo el mundo, según el informe anual de Amnistía Internacional publicado esta semana.

Jóvenes rezan en Jakarta. Foto: EFE

Pero Indonesia es una excepción, con un alza de las penas de muerte pronunciadas respecto a años anteriores.Según las ONG, las audiencias en línea impiden a los acusados defenderse bien en juicios a menudo interrumpidos por cortes de internet, u otros problemas técnicos. “Las plataformas virtuales (…) presentan el riesgo de importantes violaciones al derecho a un juicio justo, y afecta a la calidad de su defensa” asegura la ONG Harm Reduction International.Varios abogados se quejaron de no haber podido hablar con sus clientes debido a las restricciones causadas por la pandemia.Y las familias de los acusados se vieron a menudo impedidos de asistir a las audiencias que, en tiempo normal, están abiertas al público. La comisión de control del sistema judicial pidió a la Corte Suprema que autorizara de nuevo las audiencias en persona ante los tribunales.Hay pocos datos disponibles sobre el número de penas capitales pronunciadas en línea en todo el mundo. Indonesia se distingue por el gran número de este tipo de sentencias.Singapur, donde el tráfico de droga y el asesinato son pasibles de la pena de muerte, pronunció al menos una pena de muerte desde el inicio de la pandemia.Indonesia no procedió a una ejecución desde 2016, aplicando una moratoria de facto, pero su sistema judicial sigue dictando decenas de penas capitales cada año.En total, cerca de 500 personas, entre ellas decenas de extranjeros, están en el corredor de la muerte en Indonesia, según Amnistía Internacional.Fuente: AFP

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MasterChef Celebrity: Juanse y Daniel Aráoz se lucieron tanto que el jurado hizo subir a los dos al balcón

En MasterChef Celebrity (Telefe, lunes a jueves, a las 22.30; domingo, a las 22) se jugó el último puesto de la revancha para subir al balcón y poder así participar de la gala de definición del domingo en la que se decidirá quién de los famosos ya eliminados regresa al programa. 
Los participantes que cocinaron anoche en el reality show que conduce Santiago Del Moro fueron: CAE, Hernán “El Loco” Montenegro, Daniel Aráoz y Juanse. El desafío que les planteó el jurado integrado por Damián Betular, Germán Martitegui y Donato De Santis consistió en preparar un plato libre con espinaca. Con la salvedad de que debían usarla en rellenos, gratinados, como salsa o como colorante para otro ingrediente. 

Empezaron haciendo un juego en el que tuvieron que partir nueces en mitades perfectas en el menor tiempo posible.El ganador del juego fue Daniel Aráoz y obtuvo un beneficio: pudo elegir primero en cuál de las formas mencionadas usaría la espinaca. Mientras estaban cocinando, los famosos que ya habían subido al balcón pudieron ayudar a los que estaban en competencia. ¿Quién ayudó a quién? Eso lo decidió Daniel Aráoz como parte de su beneficio. 

Daniel Aráoz ganó la prueba de las nueces en MasterChef Celebrity y obtuvo beneficios. Captura TV.

El actor eligió para él a Flavia Palmiero, la primera que subió al balcón en la instancia de revancha el lunes pasado. Para CAE,  optó por Sol Pérez . A Juanse, le asignó como asistente a Fernando Carlos. Así, Hernán “El Loco” Montenegro tuvo la ayuda de Mariano “El Loco” Dalla Libera. La ayuda, sin embargo, fue permitida sólo por un rato. Luego, los participantes que estaban en competencia tuvieron que seguir con la preparación de sus recetas sin asistencia de nadie. Pero como en la vida, en MasterChef nada es para siempre… En el momento de emplatar, el jurado indicó que los asistentes bajaran nuevamente del balcón y que fueran ellos quienes hicieran la tarea. Los participantes sólo podían darles indicaciones, pero no tocar su propio plato.Tiempo de degustaciónEl primero en presentarse ante los tres chefs encargados de hacer la degustación fue Juanse. Llevó un plato de sorrentinos rellenos de espinaca y nueces. “Presentarle una pasta a Donato es como mostrarme un tema a mí”, dijo el músico, preocupado por el veredicto que le daría el chef italiano. 

Juanse presentó su plato de pasta ante el jurado de MasterChef Celebrity. Captura TV.

“Hay un buen plato de pasta rellena. Por fin están cocidas y no como la tarta de ayer”, le señaló Damián Betular, y Juanse prefirió olvidar el error de la noche anterior. “La pasta está bien hecha. Hiciste una buena masa. El relleno está bien. El picor en la salsa hace que el plato cierre muy bien”, opinó Donato, para alegría del participante.Martitegui observó: “Usaste técnica y lo hiciste muy bien. Tu desafío es juntar la creatividad con la técnica”.

Juanse cosechó elogios por sus sorrentinos rellenos de espinaca y nueces en MasterChef Celebrity. Captura TV.

Cuando llegó el turno de Daniel Aráoz, el jurado celebró la calidad del risotto que había preparado. “¡Es un risotto lo que hiciste!”, lo felicitó Germán Martitegui.”Me encanta cómo está aplicada la espinaca, me encanta que el risotto es verde y que el arroz sigue siendo blanco. Y me gusta la energía que le pusiste. Todo está perfecto”, añadió.”Para mí, es un muy buen plato”, opinó Betular. “Ahora falta la palabra del maestro”, señaló Aráoz, temeroso del juicio de Donato De Santis. Pero salió airoso. “Hoy es la primera vez que en las dos temporadas de MasterChef Celebrity que se logró un risotto. Aplausos para Dany”, intervino Santiago Del Moro. 

El veredicto del juradoTerminada la degustación, De Santis, Martitegui y Betular tuvieron que elegir al ganador de la noche. En principio, optaron por dejar definitivamente fuera del certamen a Hernán “El Loco” Montenegro y a CAE.Luego, señalaron que los mejores platos de la noche fueron el risotto de Daniel Aráoz y los sorrentinos de Juanse. Tan parejo fue el rendimiento de los dos participantes que los chefs decidieron que ambos subieran al balcón con delantal gris. Así, en la gala del domingo se definirá la revancha. Uno de los siguientes cocineros que habían quedado eliminados regresará a MasterChef: Flavia Palmiero, Juanse, Sol Pérez, Daniel Aráoz, Fernando Carlos y Mariano Dalla Libera. AS

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Los trasplantados, sin defensas ni vacunas contra el Covid: “Nos sentimos invisibles”

Cuatro pastillas a la mañana. Dos antes de dormir. Inyecciones cada 28 días. Todo eso hace Romina Branchi (34) para mantenerse inmunosuprimida. “Es la única forma de que mi cuerpo no rechace el riñón que me trasplantaron. Vivir así, sin defensas ni vacuna en medio de una pandemia, es muy duro”, le dice a Clarín. Es de Laferrere, partido de La Matanza, y se anotó en enero como menor de 59 años con factores de riesgo para que la inmunicen. Por ahora, no tiene novedades: “Sueño con que llegue mi turno”.
En febrero de 2015, empezó a dializarse luego de que le diagnosticaran insuficiencia renal crónica. Lo hizo por más de tres años, hasta abril de 2018 cuando su mamá, Delia Gramajo (59), volvió a darle la vida. Le donó un riñón. Ahora, ambas aguardan su vacuna. “Mi mamá vive en el Partido de la Costa, en Mar del Tuyú, y todavía no le toca. Estamos las dos a la espera”, cuenta Romina. En su casa intentan sostener una rutina estricta para que ella no se contagie. “Vivo con mi marido y mi nene de 13 años. Dormimos los tres en cuartos separados, los cubiertos tienen etiquetas con los nombres de cada uno y dentro de mi casa estoy con barbijo y con todo abierto”, detalla. “Es agotador”, reconoce. Extraña el abrazo y cuenta que a veces rompe alguna regla cuando su hijo le pide un mimo. “La situación es muy estresante, el médico me dijo que tengo que evitar el Covid como sea”, sigue. Ella lo sabe, su hijo lo sabe, también su marido, que tiene un negocio de artículos de limpieza y atiende “con guantes, barbijo y anteojos”.

Romina Branchi (34) es trasplantada renal y está inmunosuprimida. Sueña con que llegue su turno para vacunarse contra el coronavirus. Foto: Lucía Merle

Son días de mucha angustia en su familia. La semana pasada, murió de coronavirus su tío, hermano de Delia, de 57 años. “No tenía enfermedades preexistentes. Le agarró neumonía, lo internaron un jueves, mandó mensaje diciendo que estaba bien. El viernes se descompensó y falleció”, relata Romina, todavía en shock. Este año, su hijo comenzó con las clases en forma presencial. “Va a una escuela técnica y tiene talleres para los que es clave estar en el lugar. Esta semana que pasó, ya antes de las nuevas restricciones, lo dejé de mandar por el aumento de casos”, explica Romina, que se siente culpable pero a la vez no le encuentra otra salida. En realidad sí, vacunarse.“Mi papá tiene 65 y lo llamaron. Fue y les preguntó si me podía ceder su vacuna”, comparte.Dice que no sabe cómo seguir. Que ahora le toca viajar a Once a retirar su medicación mensual y que también tiene control en el Hospital Argerich y después turno para que le inyecten inmunosupresores. Le da pánico salir de su casa y tener que meterse en un hospital en este contexto.“Hago todo lo que está a mi alcance para cuidarme. Llevo doble barbijo, anteojos, guantes, me rocío con alcohol y lisoform, me cambio la ropa”, enumera. Y agrega: “Espero que sea suficiente”. Asegura que no es la única en esta situación: “Soy la administradora de un grupo de WhatsApp de trasplantados renales que se atienden en el Argerich. Somos 241. Del total, se vacunaron cuatro. Son de La Rioja, San Juan, Río Negro y La Pampa y tienen entre 59 y 61 años. El resto está igual que yo, a través del grupo nos contenemos. Son momentos difíciles”, comenta. La realidad de María Celia Valloire (43), que vive en Capital, es similar. Ella tiene hepatitis autoinmune y por su patología de base tuvo que recurrir a un trasplante hepático a sus 17 años para seguir viviendo. Lleva 26 años cuidando ese órgano, esa nueva oportunidad.

María Celia Valloire (43) tiene una enfermedad autoinmune que la llevó a recurrir a un trasplante hepático hace 26 años. Foto: Lucía Merle

“Siempre sobrellevé lo que me tocó con mucha entereza, intenté tener una vida lo más normal posible. Estudié, me recibí de licenciada en Administración de Empresas. Pero ahora, por primera vez, me siento vulnerable”, expresa. Considera muy injusto que no tengan un lugar prioritario en el plan de vacunación: “Los trasplantados nos sentimos invisibles en esta sociedad”.“Estoy en desventaja por vivir inmunosuprimida. Sin Covid ya tengo que tomar más recaudos que el resto, imaginate en pandemia”, se lamenta.A esa dificultad, suma el accionar de su prepaga que suspendió las prestaciones con el Hospital Italiano, que es donde ella se atiende desde hace 27 años.“En el Italiano está mi historia clínica, me siguen profesionales que se especializan en la enfermedad autoinmune que tengo, ellos me acompañan desde siempre. No puedo ahora empezar de cero en otro lugar. Además, tengo ganado un amparo de salud por este tema. Pero, incluso con eso, no paran de ponerme palos en la rueda”, sostiene María Celia y cuenta que sabe de otras prepagas que también están recortando servicios y complicando el panorama de gente trasplantada. Ella no puede dejar de hacerse determinados controles, tiene que cuidar su hígado, porque si no lo pierde y con él, la vida. “Todos los días agradezco haber recibido ese órgano. Amo la vida, todavía tengo mucho por hacer. Hoy me siento en riesgo y creo que la vacuna me podría salvar, espero que llegue pronto”, cierra.La situación en Argentina con los trasplantados En el país hay cerca de 22 mil personas trasplantadas. Además, 6.927 pacientes aguardan por un órgano y otros 2.412 por un trasplante de córneas, según datos del Incucai. Clarín quiso saber cuántos de ellos ya recibieron alguna de las vacunas contra el Covid 19. La respuesta del Incucai fue que “no se dispone de un registro nacional específico de vacunación de las personas trasplantadas y en lista de espera, ya que, de acuerdo a la disponibilidad de vacunas y ejerciendo sus competencias dentro de este marco, son las provincias las que adecuan el plan de vacunación para esta población”. A su vez, explicaron que “de acuerdo a la última actualización de los lineamientos técnicos de la Campaña Nacional de Vacunación contra la Covid 19, en los criterios de priorización se mencionan explícitamente a los pacientes en lista de espera y trasplantados entre la población de 18 a 59 años con factores de riesgo, al igual que personas con diagnóstico de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, renales crónicas, entre otras”.El escenario no es igual en todas las jurisdicciones. En la Ciudad de Buenos Aires están completando la vacunación de los mayores de 70 años por lo que aún falta bastante para llegar al segmento en cuestión: los de entre 18 y 59 años con factores de riesgo. En tanto, en algunos municipios de la provincia de Buenos Aires ya se está inmunizando a esta población.GS

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En febrero de 2015, empezó a dializarse luego de que le diagnosticaran insuficiencia renal crónica. Lo hizo por más de tres años, hasta abril de 2018 cuando su mamá, Delia Gramajo (59), volvió a darle la vida. Le donó un riñón. Ahora, ambas aguardan su vacuna. “Mi mamá vive en el Partido de la Costa, en Mar del Tuyú, y todavía no le toca. Estamos las dos a la espera”, cuenta Romina. En su casa intentan sostener una rutina estricta para que ella no se contagie. “Vivo con mi marido y mi nene de 13 años. Dormimos los tres en cuartos separados, los cubiertos tienen etiquetas con los nombres de cada uno y dentro de mi casa estoy con barbijo y con todo abierto”, detalla. “Es agotador”, reconoce. Extraña el abrazo y cuenta que a veces rompe alguna regla cuando su hijo le pide un mimo. “La situación es muy estresante, el médico me dijo que tengo que evitar el Covid como sea”, sigue. Ella lo sabe, su hijo lo sabe, también su marido, que tiene un negocio de artículos de limpieza y atiende “con guantes, barbijo y anteojos”.

Romina Branchi (34) es trasplantada renal y está inmunosuprimida. Sueña con que llegue su turno para vacunarse contra el coronavirus. Foto: Lucía Merle

Son días de mucha angustia en su familia. La semana pasada, murió de coronavirus su tío, hermano de Delia, de 57 años. “No tenía enfermedades preexistentes. Le agarró neumonía, lo internaron un jueves, mandó mensaje diciendo que estaba bien. El viernes se descompensó y falleció”, relata Romina, todavía en shock. Este año, su hijo comenzó con las clases en forma presencial. “Va a una escuela técnica y tiene talleres para los que es clave estar en el lugar. Esta semana que pasó, ya antes de las nuevas restricciones, lo dejé de mandar por el aumento de casos”, explica Romina, que se siente culpable pero a la vez no le encuentra otra salida. En realidad sí, vacunarse.“Mi papá tiene 65 y lo llamaron. Fue y les preguntó si me podía ceder su vacuna”, comparte.Dice que no sabe cómo seguir. Que ahora le toca viajar a Once a retirar su medicación mensual y que también tiene control en el Hospital Argerich y después turno para que le inyecten inmunosupresores. Le da pánico salir de su casa y tener que meterse en un hospital en este contexto.“Hago todo lo que está a mi alcance para cuidarme. Llevo doble barbijo, anteojos, guantes, me rocío con alcohol y lisoform, me cambio la ropa”, enumera. Y agrega: “Espero que sea suficiente”. Asegura que no es la única en esta situación: “Soy la administradora de un grupo de WhatsApp de trasplantados renales que se atienden en el Argerich. Somos 241. Del total, se vacunaron cuatro. Son de La Rioja, San Juan, Río Negro y La Pampa y tienen entre 59 y 61 años. El resto está igual que yo, a través del grupo nos contenemos. Son momentos difíciles”, comenta. La realidad de María Celia Valloire (43), que vive en Capital, es similar. Ella tiene hepatitis autoinmune y por su patología de base tuvo que recurrir a un trasplante hepático a sus 17 años para seguir viviendo. Lleva 26 años cuidando ese órgano, esa nueva oportunidad.

María Celia Valloire (43) tiene una enfermedad autoinmune que la llevó a recurrir a un trasplante hepático hace 26 años. Foto: Lucía Merle

“Siempre sobrellevé lo que me tocó con mucha entereza, intenté tener una vida lo más normal posible. Estudié, me recibí de licenciada en Administración de Empresas. Pero ahora, por primera vez, me siento vulnerable”, expresa. Considera muy injusto que no tengan un lugar prioritario en el plan de vacunación: “Los trasplantados nos sentimos invisibles en esta sociedad”.“Estoy en desventaja por vivir inmunosuprimida. Sin Covid ya tengo que tomar más recaudos que el resto, imaginate en pandemia”, se lamenta.A esa dificultad, suma el accionar de su prepaga que suspendió las prestaciones con el Hospital Italiano, que es donde ella se atiende desde hace 27 años.“En el Italiano está mi historia clínica, me siguen profesionales que se especializan en la enfermedad autoinmune que tengo, ellos me acompañan desde siempre. No puedo ahora empezar de cero en otro lugar. Además, tengo ganado un amparo de salud por este tema. Pero, incluso con eso, no paran de ponerme palos en la rueda”, sostiene María Celia y cuenta que sabe de otras prepagas que también están recortando servicios y complicando el panorama de gente trasplantada. Ella no puede dejar de hacerse determinados controles, tiene que cuidar su hígado, porque si no lo pierde y con él, la vida. “Todos los días agradezco haber recibido ese órgano. Amo la vida, todavía tengo mucho por hacer. Hoy me siento en riesgo y creo que la vacuna me podría salvar, espero que llegue pronto”, cierra.La situación en Argentina con los trasplantados En el país hay cerca de 22 mil personas trasplantadas. Además, 6.927 pacientes aguardan por un órgano y otros 2.412 por un trasplante de córneas, según datos del Incucai. Clarín quiso saber cuántos de ellos ya recibieron alguna de las vacunas contra el Covid 19. La respuesta del Incucai fue que “no se dispone de un registro nacional específico de vacunación de las personas trasplantadas y en lista de espera, ya que, de acuerdo a la disponibilidad de vacunas y ejerciendo sus competencias dentro de este marco, son las provincias las que adecuan el plan de vacunación para esta población”. A su vez, explicaron que “de acuerdo a la última actualización de los lineamientos técnicos de la Campaña Nacional de Vacunación contra la Covid 19, en los criterios de priorización se mencionan explícitamente a los pacientes en lista de espera y trasplantados entre la población de 18 a 59 años con factores de riesgo, al igual que personas con diagnóstico de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, renales crónicas, entre otras”.El escenario no es igual en todas las jurisdicciones. En la Ciudad de Buenos Aires están completando la vacunación de los mayores de 70 años por lo que aún falta bastante para llegar al segmento en cuestión: los de entre 18 y 59 años con factores de riesgo. En tanto, en algunos municipios de la provincia de Buenos Aires ya se está inmunizando a esta población.GS

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Matt Phillips
New York Times Después que CarParts.com informó sus resultados trimestrales el mes pasado, los ejecutivos de la compañía, que vende autopartes de repuesto, hicieron lo que hacen muchos colegas: realizaron una videoconferencia con analistas de Wall Street, en que respondieron preguntas sobre niveles de existencias, márgenes de ganancias y estrategia corporativa. Unos 30 minutos más tarde, los mismos ejecutivos estaban en Clubhouse, como anfitriones de un público completamente distinto. Sus 2.000 o más invitados se habían reunido en el punto de encuentro online que está en boca de todos para tener información sobre la compañía. Sus preguntas fueron mucho más directas. ¿Cómo funcionó el negocio? ¿Por qué CarParts.com pudo ofrecer precios más bajos que sus rivales ‘de ladrillos y cemento’? ¿Fue conveniente comprar acciones de CarParts.com? David Meniane, director financiero y operativo de CarParts.com, consideró a la sesión como un experimento. “Estamos intentando modificar la manera en que la gente repara su auto”, dijo. “¿Tenemos una manera de modificar el modo en que los inversores minoristas se comunican con las gerencias?” En momentos en que las tenencias accionarias de los hogares estadounidenses se dispararon a un nivel récord durante el año pasado, docenas de compañías de repente prestan más atención a inversores individuales. Algunas, como CarParts.com, están tratando de transformar a los nuevos traders de ‘meme stocks’ (valores bursátiles, generalmente de una marca o empresa reconocible por la cultura popular pero ya venida a menos (Nokia, Kodak…) que se adquieren de forma irónica y/o como protesta social) en fieles accionistas. Y algunas de esas firmas de meme stock como GameStop, están emitiendo nuevos papeles. “Ha vuelto el inversor individual”, dijo Laurence Cunningham, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad George Washington, que estudia el gobierno corporativo y lleva adelante un proyecto de investigación que analiza el comportamiento de los accionistas individuales. “Las empresas deberían prestarles atención y fomentar el vínculo con ellos”. Los pequeños inversores que compran acciones individuales no han representado mayormente una fuerza importante dentro de los mercados financieros en medio siglo. En los años 60, esos inversores controlaban más del 85% del mercado bursátil, con la mayoría de las carteras armadas alrededor de tenencias concentradas en unas pocas compañías de primer nivel. Pero en los 80 y 90, cuando las personas volcaron su dinero a fondos de inversión y planes de retiro 401 (k), los grandes administradores de fondos y los analistas de Wall Street se convirtieron en el elemento constitutivo más importante para los Estados Unidos corporativos. Según SIFMA (Asociación de la Industria de Valores y los Mercados Financieros), en 2018 los inversores individuales tenían apenas el 38% del mercado bursátil en participaciones directas. Esos inversores fueron creciendo en influencia antes de la pandemia, en parte por la popularidad de las apps de negociación bursátil libre como Robinhood, que introdujo en la compra y venta de acciones características de juego. Y firmas como Tesla hace mucho que cuentan con una base fuerte y leal de inversionistas que siguen los tuits de su fundador Elon Musk. Pero con millones de estadounidenses encerrados en sus casas durante la pandemia, la tendencia hacia el trading escaló. Según la Reserva Federal, los hogares estadounidenses compraron cerca de US$211.000 millones en acciones individuales el año pasado, el nivel más alto desde 2014. “El trading minorista hoy representa casi el mismo volumen que la suma de los fondos de inversión y los fondos especulativos”, dijo Amelia Garnett, ejecutiva de la división de Mercados Globales de Goldman Sachs. Es imposible determinar por cuánto tiempo los estadounidenses mantendrán ese interés en el mercado, que surgió con la pandemia. El volumen diario promedio de operaciones en algunas grandes firmas de corredores de bolsa bajó fuertemente de su pico de enero, y a medida que continúan las vacunaciones y la economía se reabre, los estadounidenses, otra vez con más libertad de movimiento, posiblemente estén menos interesados en adquirir acciones. Pero las empresas, ahora conscientes del poder de los inversores individuales, están aprovechando el momento y encontrando nuevos modos de captar su atención. “Esto ha obligado a las empresas a entender la importancia de los inversores minoristas”, dijo Zach Hascoe, cofundador de Say Technologies, una startup de Nueva York que vende servicios de comunicaciones entre accionistas y empresas y firmas de corretaje. “Las compañías ven la oportunidad de sacar provecho de la lealtad de los accionistas, de esa pasión”. Say Technologies ofrece una plataforma de tipo red social que permite que las empresas contesten preguntas de accionistas individuales verificados en eventos corporativos clave. Los inversores pueden formular sus preguntas en un panel de mensajes de Say, que luego es votado, como en Reddit, por otros participantes. Tesla, que desde hace mucho evita las comunicaciones tradicionales con Wall Street, es quizás el usuario más conocido del servicio. Ark Investment Management, – la exitosa firma de gestión de activos tecnológicos dirigida por la inversora Cathie Wood – y Palantir Technologies, otra favorita entre los inversionistas individuales, también la han utilizado. Before Lemonade, una empresa que vende seguros a consumidores online, salió a bolsa en julio, hizo un recorrido tradicional en Wall Street, con encuentros con grandes inversores y charlas sobre sus perspectivas. Sin embargo, la compañía descubrió desde entonces que más de la mitad de sus acciones están en manos de pequeños inversores, más allá de la gente de la firma que posee acciones, dijo Daniel Schreiber, su CEO. Eso propició un ajuste en la estrategia. Además de dedicar tiempo a comunicarse con analistas cuyas recomendaciones de ‘comprar’ o ‘vender’ acciones pueden mover el precio, Schreiber dijo que se ocupó de hacer entrevistas en podcasts, sitios web y programas de YouTube populares entre los inversores minoristas. “Creo que son, hoy por hoy, mucho más influyentes y tienen muchos más seguidores en términos de poder de compra o venta de acciones que el poderoso Goldman Sachs”, opinó Schreiber. “Y lo hemos comprobado con nuestros propios papeles”. La investigación académica sugiere que, a largo plazo, para una empresa puede resultar una ventaja competitiva contar con una base paciente de inversores que entienden y confían en su estrategia. Un cimiento tan sólido hace posible que los ejecutivos se concentren en objetivos estratégicos de largo plazo en vez de cumplir con las métricas de corto plazo que suelen dictaminar los analistas de Wall Street, señaló Cunningham.El caso de AmazonEl precio de su acción siguió subiendo año tras año, pese a sus ganancias escasas e impredecibles y al escepticismo generalizado por parte de Wall Street. Los accionistas individuales tenedores de papeles de compañía creyeron en la visión de su fundador, Jeff Bezos, y no vieron ningún problema en que Amazon volcase sus enormes flujos de caja en sí misma en lugar de pagar dividendos. Muchos de esos accionistas hoy están felices: quien compró US$1.000 en acciones de Amazon a comienzos de 2000 hoy tiene más de US$43.000. Las acciones de Tesla, también, explotaron en los últimos años, una victoria para su base de fieles seguidores, que creyeron en las perspectivas de la empresa a pesar de los años de pérdidas. En el último lustro, las acciones de Tesla ganaron más de 1.300%, generando una riqueza del mercado del orden de US$640.000 millones. Mientras que algunas empresas quieren la lealtad de los pequeños accionistas, otras quieren su dinero. Varias de ellas cuyas acciones subieron durante el boom de enero de las ‘meme stocks’ aprovecharon la demanda para emitir nuevos papeles, convirtiendo el entusiasmo por el trading en efectivo real para la compañía. (Las acciones previamente emitidas que se compran y venden en el mercado abierto no generan dinero nuevo para las empresas). La semana pasada, GameStop anunció que venderá 3,5 millones de nuevas acciones, lo que le permitiría a la empresa recaudar al menos un poco del efectivo que los traders volcaron a sus papeles. El dinero – alrededor de US$500 millones a precios corrientes – sería utilizado para ayudar a solventar los esfuerzos de la cadena con vistas a un modelo de negocios digital. Plug Power, fabricante de pilas de combustible de hidrógeno, hizo una maniobra similar a fines de enero. Favorita entre los nuevos traders que hicieron que el precio de su acción subiera un 400% en tres meses, esta compañía embolsó más de US$2.000 millones vendiendo nuevas acciones. AMC Entertainment, la cadena de cines muy popular entre los pequeños traders, también recaudó unos US$917 millones en enero, incluyendo alrededor de US$500 millones a través de la venta de nuevas acciones. Algunos ejecutivos de empresas incluso están cobrando personalmente por la venta de sus acciones. Los directivos de Koss, un pequeño fabricante de auriculares con sede en Milwaukee cuyas acciones son también buscadas por los inversores minoristas, vendieron una parte significativa de sus participaciones. En una semana, en febrero, los ejecutivos de la firma vendieron unos US$44 millones en acciones. Michael J. Koss, CEO e hijo del fundador, se desprendió de papeles valuados en más de US$13 millones. CarParts.com, la firma que utilizaba Clubhouse para conectarse con potenciales accionistas, seguirá buscando pequeños inversores, dijo Meniane, su director financiero. La iniciativa ya está informando el modo de pensar de la empresa sobre su producto y la historia que presenta a los inversores, agregó. “Paso mucho tiempo hablándoles a accionistas institucionales y muchos de ellos entienden el negocio, pero ellos también pasan mucho tiempo armando modelos financieros”, explicó Meniane. “Mientras que cuando les hablo a inversores minoristas, específicamente en Clubhouse, todo se trata del negocio subyacente. O sea, ellos tratan de entender lo que estamos haciendo”.

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David Meniane, director financiero y operativo de CarParts.com, consideró a la sesión como un experimento. “Estamos intentando modificar la manera en que la gente repara su auto”, dijo. “¿Tenemos una manera de modificar el modo en que los inversores minoristas se comunican con las gerencias?” En momentos en que las tenencias accionarias de los hogares estadounidenses se dispararon a un nivel récord durante el año pasado, docenas de compañías de repente prestan más atención a inversores individuales. Algunas, como CarParts.com, están tratando de transformar a los nuevos traders de ‘meme stocks’ (valores bursátiles, generalmente de una marca o empresa reconocible por la cultura popular pero ya venida a menos (Nokia, Kodak…) que se adquieren de forma irónica y/o como protesta social) en fieles accionistas. Y algunas de esas firmas de meme stock como GameStop, están emitiendo nuevos papeles. “Ha vuelto el inversor individual”, dijo Laurence Cunningham, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad George Washington, que estudia el gobierno corporativo y lleva adelante un proyecto de investigación que analiza el comportamiento de los accionistas individuales. “Las empresas deberían prestarles atención y fomentar el vínculo con ellos”. Los pequeños inversores que compran acciones individuales no han representado mayormente una fuerza importante dentro de los mercados financieros en medio siglo. En los años 60, esos inversores controlaban más del 85% del mercado bursátil, con la mayoría de las carteras armadas alrededor de tenencias concentradas en unas pocas compañías de primer nivel. Pero en los 80 y 90, cuando las personas volcaron su dinero a fondos de inversión y planes de retiro 401 (k), los grandes administradores de fondos y los analistas de Wall Street se convirtieron en el elemento constitutivo más importante para los Estados Unidos corporativos. Según SIFMA (Asociación de la Industria de Valores y los Mercados Financieros), en 2018 los inversores individuales tenían apenas el 38% del mercado bursátil en participaciones directas. Esos inversores fueron creciendo en influencia antes de la pandemia, en parte por la popularidad de las apps de negociación bursátil libre como Robinhood, que introdujo en la compra y venta de acciones características de juego. Y firmas como Tesla hace mucho que cuentan con una base fuerte y leal de inversionistas que siguen los tuits de su fundador Elon Musk. Pero con millones de estadounidenses encerrados en sus casas durante la pandemia, la tendencia hacia el trading escaló. Según la Reserva Federal, los hogares estadounidenses compraron cerca de US$211.000 millones en acciones individuales el año pasado, el nivel más alto desde 2014. “El trading minorista hoy representa casi el mismo volumen que la suma de los fondos de inversión y los fondos especulativos”, dijo Amelia Garnett, ejecutiva de la división de Mercados Globales de Goldman Sachs. Es imposible determinar por cuánto tiempo los estadounidenses mantendrán ese interés en el mercado, que surgió con la pandemia. El volumen diario promedio de operaciones en algunas grandes firmas de corredores de bolsa bajó fuertemente de su pico de enero, y a medida que continúan las vacunaciones y la economía se reabre, los estadounidenses, otra vez con más libertad de movimiento, posiblemente estén menos interesados en adquirir acciones. Pero las empresas, ahora conscientes del poder de los inversores individuales, están aprovechando el momento y encontrando nuevos modos de captar su atención. “Esto ha obligado a las empresas a entender la importancia de los inversores minoristas”, dijo Zach Hascoe, cofundador de Say Technologies, una startup de Nueva York que vende servicios de comunicaciones entre accionistas y empresas y firmas de corretaje. “Las compañías ven la oportunidad de sacar provecho de la lealtad de los accionistas, de esa pasión”. Say Technologies ofrece una plataforma de tipo red social que permite que las empresas contesten preguntas de accionistas individuales verificados en eventos corporativos clave. Los inversores pueden formular sus preguntas en un panel de mensajes de Say, que luego es votado, como en Reddit, por otros participantes. Tesla, que desde hace mucho evita las comunicaciones tradicionales con Wall Street, es quizás el usuario más conocido del servicio. Ark Investment Management, – la exitosa firma de gestión de activos tecnológicos dirigida por la inversora Cathie Wood – y Palantir Technologies, otra favorita entre los inversionistas individuales, también la han utilizado. Before Lemonade, una empresa que vende seguros a consumidores online, salió a bolsa en julio, hizo un recorrido tradicional en Wall Street, con encuentros con grandes inversores y charlas sobre sus perspectivas. Sin embargo, la compañía descubrió desde entonces que más de la mitad de sus acciones están en manos de pequeños inversores, más allá de la gente de la firma que posee acciones, dijo Daniel Schreiber, su CEO. Eso propició un ajuste en la estrategia. Además de dedicar tiempo a comunicarse con analistas cuyas recomendaciones de ‘comprar’ o ‘vender’ acciones pueden mover el precio, Schreiber dijo que se ocupó de hacer entrevistas en podcasts, sitios web y programas de YouTube populares entre los inversores minoristas. “Creo que son, hoy por hoy, mucho más influyentes y tienen muchos más seguidores en términos de poder de compra o venta de acciones que el poderoso Goldman Sachs”, opinó Schreiber. “Y lo hemos comprobado con nuestros propios papeles”. La investigación académica sugiere que, a largo plazo, para una empresa puede resultar una ventaja competitiva contar con una base paciente de inversores que entienden y confían en su estrategia. Un cimiento tan sólido hace posible que los ejecutivos se concentren en objetivos estratégicos de largo plazo en vez de cumplir con las métricas de corto plazo que suelen dictaminar los analistas de Wall Street, señaló Cunningham.El caso de AmazonEl precio de su acción siguió subiendo año tras año, pese a sus ganancias escasas e impredecibles y al escepticismo generalizado por parte de Wall Street. Los accionistas individuales tenedores de papeles de compañía creyeron en la visión de su fundador, Jeff Bezos, y no vieron ningún problema en que Amazon volcase sus enormes flujos de caja en sí misma en lugar de pagar dividendos. Muchos de esos accionistas hoy están felices: quien compró US$1.000 en acciones de Amazon a comienzos de 2000 hoy tiene más de US$43.000. Las acciones de Tesla, también, explotaron en los últimos años, una victoria para su base de fieles seguidores, que creyeron en las perspectivas de la empresa a pesar de los años de pérdidas. 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Plug Power, fabricante de pilas de combustible de hidrógeno, hizo una maniobra similar a fines de enero. Favorita entre los nuevos traders que hicieron que el precio de su acción subiera un 400% en tres meses, esta compañía embolsó más de US$2.000 millones vendiendo nuevas acciones. AMC Entertainment, la cadena de cines muy popular entre los pequeños traders, también recaudó unos US$917 millones en enero, incluyendo alrededor de US$500 millones a través de la venta de nuevas acciones. Algunos ejecutivos de empresas incluso están cobrando personalmente por la venta de sus acciones. Los directivos de Koss, un pequeño fabricante de auriculares con sede en Milwaukee cuyas acciones son también buscadas por los inversores minoristas, vendieron una parte significativa de sus participaciones. En una semana, en febrero, los ejecutivos de la firma vendieron unos US$44 millones en acciones. Michael J. Koss, CEO e hijo del fundador, se desprendió de papeles valuados en más de US$13 millones. CarParts.com, la firma que utilizaba Clubhouse para conectarse con potenciales accionistas, seguirá buscando pequeños inversores, dijo Meniane, su director financiero. La iniciativa ya está informando el modo de pensar de la empresa sobre su producto y la historia que presenta a los inversores, agregó. “Paso mucho tiempo hablándoles a accionistas institucionales y muchos de ellos entienden el negocio, pero ellos también pasan mucho tiempo armando modelos financieros”, explicó Meniane. “Mientras que cuando les hablo a inversores minoristas, específicamente en Clubhouse, todo se trata del negocio subyacente. O sea, ellos tratan de entender lo que estamos haciendo”.

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Las empresas en busca de los pequeños inversores

Matt Phillips
New York Times Después que CarParts.com informó sus resultados trimestrales el mes pasado, los ejecutivos de la compañía, que vende autopartes de repuesto, hicieron lo que hacen muchos colegas: realizaron una videoconferencia con analistas de Wall Street, en que respondieron preguntas sobre niveles de existencias, márgenes de ganancias y estrategia corporativa. Unos 30 minutos más tarde, los mismos ejecutivos estaban en Clubhouse, como anfitriones de un público completamente distinto. Sus 2.000 o más invitados se habían reunido en el punto de encuentro online que está en boca de todos para tener información sobre la compañía. Sus preguntas fueron mucho más directas. ¿Cómo funcionó el negocio? ¿Por qué CarParts.com pudo ofrecer precios más bajos que sus rivales ‘de ladrillos y cemento’? ¿Fue conveniente comprar acciones de CarParts.com? David Meniane, director financiero y operativo de CarParts.com, consideró a la sesión como un experimento. “Estamos intentando modificar la manera en que la gente repara su auto”, dijo. “¿Tenemos una manera de modificar el modo en que los inversores minoristas se comunican con las gerencias?” En momentos en que las tenencias accionarias de los hogares estadounidenses se dispararon a un nivel récord durante el año pasado, docenas de compañías de repente prestan más atención a inversores individuales. Algunas, como CarParts.com, están tratando de transformar a los nuevos traders de ‘meme stocks’ (valores bursátiles, generalmente de una marca o empresa reconocible por la cultura popular pero ya venida a menos (Nokia, Kodak…) que se adquieren de forma irónica y/o como protesta social) en fieles accionistas. Y algunas de esas firmas de meme stock como GameStop, están emitiendo nuevos papeles. “Ha vuelto el inversor individual”, dijo Laurence Cunningham, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad George Washington, que estudia el gobierno corporativo y lleva adelante un proyecto de investigación que analiza el comportamiento de los accionistas individuales. “Las empresas deberían prestarles atención y fomentar el vínculo con ellos”. Los pequeños inversores que compran acciones individuales no han representado mayormente una fuerza importante dentro de los mercados financieros en medio siglo. En los años 60, esos inversores controlaban más del 85% del mercado bursátil, con la mayoría de las carteras armadas alrededor de tenencias concentradas en unas pocas compañías de primer nivel. Pero en los 80 y 90, cuando las personas volcaron su dinero a fondos de inversión y planes de retiro 401 (k), los grandes administradores de fondos y los analistas de Wall Street se convirtieron en el elemento constitutivo más importante para los Estados Unidos corporativos. Según SIFMA (Asociación de la Industria de Valores y los Mercados Financieros), en 2018 los inversores individuales tenían apenas el 38% del mercado bursátil en participaciones directas. Esos inversores fueron creciendo en influencia antes de la pandemia, en parte por la popularidad de las apps de negociación bursátil libre como Robinhood, que introdujo en la compra y venta de acciones características de juego. Y firmas como Tesla hace mucho que cuentan con una base fuerte y leal de inversionistas que siguen los tuits de su fundador Elon Musk. Pero con millones de estadounidenses encerrados en sus casas durante la pandemia, la tendencia hacia el trading escaló. Según la Reserva Federal, los hogares estadounidenses compraron cerca de US$211.000 millones en acciones individuales el año pasado, el nivel más alto desde 2014. “El trading minorista hoy representa casi el mismo volumen que la suma de los fondos de inversión y los fondos especulativos”, dijo Amelia Garnett, ejecutiva de la división de Mercados Globales de Goldman Sachs. Es imposible determinar por cuánto tiempo los estadounidenses mantendrán ese interés en el mercado, que surgió con la pandemia. El volumen diario promedio de operaciones en algunas grandes firmas de corredores de bolsa bajó fuertemente de su pico de enero, y a medida que continúan las vacunaciones y la economía se reabre, los estadounidenses, otra vez con más libertad de movimiento, posiblemente estén menos interesados en adquirir acciones. Pero las empresas, ahora conscientes del poder de los inversores individuales, están aprovechando el momento y encontrando nuevos modos de captar su atención. “Esto ha obligado a las empresas a entender la importancia de los inversores minoristas”, dijo Zach Hascoe, cofundador de Say Technologies, una startup de Nueva York que vende servicios de comunicaciones entre accionistas y empresas y firmas de corretaje. “Las compañías ven la oportunidad de sacar provecho de la lealtad de los accionistas, de esa pasión”. Say Technologies ofrece una plataforma de tipo red social que permite que las empresas contesten preguntas de accionistas individuales verificados en eventos corporativos clave. Los inversores pueden formular sus preguntas en un panel de mensajes de Say, que luego es votado, como en Reddit, por otros participantes. Tesla, que desde hace mucho evita las comunicaciones tradicionales con Wall Street, es quizás el usuario más conocido del servicio. Ark Investment Management, – la exitosa firma de gestión de activos tecnológicos dirigida por la inversora Cathie Wood – y Palantir Technologies, otra favorita entre los inversionistas individuales, también la han utilizado. Before Lemonade, una empresa que vende seguros a consumidores online, salió a bolsa en julio, hizo un recorrido tradicional en Wall Street, con encuentros con grandes inversores y charlas sobre sus perspectivas. Sin embargo, la compañía descubrió desde entonces que más de la mitad de sus acciones están en manos de pequeños inversores, más allá de la gente de la firma que posee acciones, dijo Daniel Schreiber, su CEO. Eso propició un ajuste en la estrategia. Además de dedicar tiempo a comunicarse con analistas cuyas recomendaciones de ‘comprar’ o ‘vender’ acciones pueden mover el precio, Schreiber dijo que se ocupó de hacer entrevistas en podcasts, sitios web y programas de YouTube populares entre los inversores minoristas. “Creo que son, hoy por hoy, mucho más influyentes y tienen muchos más seguidores en términos de poder de compra o venta de acciones que el poderoso Goldman Sachs”, opinó Schreiber. “Y lo hemos comprobado con nuestros propios papeles”. La investigación académica sugiere que, a largo plazo, para una empresa puede resultar una ventaja competitiva contar con una base paciente de inversores que entienden y confían en su estrategia. Un cimiento tan sólido hace posible que los ejecutivos se concentren en objetivos estratégicos de largo plazo en vez de cumplir con las métricas de corto plazo que suelen dictaminar los analistas de Wall Street, señaló Cunningham.El caso de AmazonEl precio de su acción siguió subiendo año tras año, pese a sus ganancias escasas e impredecibles y al escepticismo generalizado por parte de Wall Street. Los accionistas individuales tenedores de papeles de compañía creyeron en la visión de su fundador, Jeff Bezos, y no vieron ningún problema en que Amazon volcase sus enormes flujos de caja en sí misma en lugar de pagar dividendos. Muchos de esos accionistas hoy están felices: quien compró US$1.000 en acciones de Amazon a comienzos de 2000 hoy tiene más de US$43.000. Las acciones de Tesla, también, explotaron en los últimos años, una victoria para su base de fieles seguidores, que creyeron en las perspectivas de la empresa a pesar de los años de pérdidas. En el último lustro, las acciones de Tesla ganaron más de 1.300%, generando una riqueza del mercado del orden de US$640.000 millones. Mientras que algunas empresas quieren la lealtad de los pequeños accionistas, otras quieren su dinero. Varias de ellas cuyas acciones subieron durante el boom de enero de las ‘meme stocks’ aprovecharon la demanda para emitir nuevos papeles, convirtiendo el entusiasmo por el trading en efectivo real para la compañía. (Las acciones previamente emitidas que se compran y venden en el mercado abierto no generan dinero nuevo para las empresas). La semana pasada, GameStop anunció que venderá 3,5 millones de nuevas acciones, lo que le permitiría a la empresa recaudar al menos un poco del efectivo que los traders volcaron a sus papeles. El dinero – alrededor de US$500 millones a precios corrientes – sería utilizado para ayudar a solventar los esfuerzos de la cadena con vistas a un modelo de negocios digital. Plug Power, fabricante de pilas de combustible de hidrógeno, hizo una maniobra similar a fines de enero. Favorita entre los nuevos traders que hicieron que el precio de su acción subiera un 400% en tres meses, esta compañía embolsó más de US$2.000 millones vendiendo nuevas acciones. AMC Entertainment, la cadena de cines muy popular entre los pequeños traders, también recaudó unos US$917 millones en enero, incluyendo alrededor de US$500 millones a través de la venta de nuevas acciones. Algunos ejecutivos de empresas incluso están cobrando personalmente por la venta de sus acciones. Los directivos de Koss, un pequeño fabricante de auriculares con sede en Milwaukee cuyas acciones son también buscadas por los inversores minoristas, vendieron una parte significativa de sus participaciones. En una semana, en febrero, los ejecutivos de la firma vendieron unos US$44 millones en acciones. Michael J. Koss, CEO e hijo del fundador, se desprendió de papeles valuados en más de US$13 millones. CarParts.com, la firma que utilizaba Clubhouse para conectarse con potenciales accionistas, seguirá buscando pequeños inversores, dijo Meniane, su director financiero. La iniciativa ya está informando el modo de pensar de la empresa sobre su producto y la historia que presenta a los inversores, agregó. “Paso mucho tiempo hablándoles a accionistas institucionales y muchos de ellos entienden el negocio, pero ellos también pasan mucho tiempo armando modelos financieros”, explicó Meniane. “Mientras que cuando les hablo a inversores minoristas, específicamente en Clubhouse, todo se trata del negocio subyacente. O sea, ellos tratan de entender lo que estamos haciendo”.

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Pobreza: los más afectados son los más chicos

La radiografía de la pobreza pone en primer lugar a las chicas y chicos menores de 14 años: son más de 6.300.000 millones. Es el 57,7% de los 11 millones de esas edades o casi 6 de cada 10 niñas y niños se alimentan, se desarrollan y residen en hogares con privaciones básicas. Son 2,3 millones más que los que vivían en hogares pobres a fines de 2017.
Esta “infantilización de la pobreza” se disparó a pesar de las distintas ayudas sociales, como la AUH y la tarjeta alimentar, lo que revela que son totalmente limitadas e insuficientes, y no atacan la raíz del problema.  Le siguen los que tienen entre 15 y 29 años: suman otros 5.300.000: el 49,2% del total de esas edades. Un aumento de 2 millones en sólo 3 años. En estas edades, entre las mujeres de 14 a 29 años la desocupación asciende al 26%, 3,4 veces la tasa de las mujeres adultas. Y entre los varones jóvenes (14 a 29 años) la tasa es del 19%, representando 2,9 veces la tasa de mayores. Otros 7 millones (37,2%) tienen entre 30 y 64 años, en una alta proporción en empleos informales. Son 3,2 millones más. Y con más de 65 años, hay otros 610.000. (11.9%). Son 250.000 más que a fines de 2017. De estos datos surge que en tan solo 3 años, por recesión, inflación, caída de salarios, jubilaciones e ingresos de la mayoría de la población, pandemia y cuarentena, y con más personas y familias asistidas por el Estado, 7.700.000 personas cayeron en la pobreza. Y de ese total 2,4 millones descendieron aún más: pasaron a ser directamente indigentes. A fines de 2017, sumaban 11.300.000, el 25,7% de la población. Y desde entonces, según las mediciones semestrales del INDEC, no paró de subir, hasta alcanzar el 42% en el segundo semestre del año pasado: 19.000.000 de personas Con ingresos familiares por debajo del valor de la canasta básica, están la mayoría de los asalariados y cuentapropistas no registrados y también buena parte de los asalariados formales o registrados ante la Seguridad Social, que tuvieron en tan solo 3 años caídas del salario real del orden del 15 al 28%. El mismo retroceso de ingresos tuvieron los jubilados y pensionados. En relación a la población activa – gente que trabaja o busca trabajo- la pobreza se compone de los desocupados, el 11% de la población activa: son 2.300.000 personas. Le siguen los subocupados – gente que trabaja pocas horas, en changas, en su amplísima mayoría no registrados: son el 15% de la población activa: 3.100.000. Con un aumento de la población (de 44 millones a 45,4 millones) el nivel del empleo retrocedió del 43% de la población a fines de 2017 al 40,1% al concluir el 2020. Representan a nivel país una pérdida de más de 700.000 empleos. Los salarios, las jubilaciones y las prestaciones sociales perdieron entre un 15% y un 30% frente a la inflación, en tanto fue mayor la caída en relación a la línea o canasta de pobreza. En tres años la inflación fue del 209%, la canasta básica de alimentos el 241% y el índice de salarios del INDEC de apenas un 143%. A su vez por la mayor desocupación y pérdida de empleos, la cantidad de gente con ingresos disminuyó en 1,1 millones de personas (del 61,5 al 58,6%: 2,9 puntos). En consecuencia, menos población con ingresos que a su vez aumentaron menos que la inflación, llevaron a que los ingresos totales aumentaran un 21,3%, una caída del 10,9% con relación a la suba de los precios. En cuanto a la distribución del ingreso, se mantuvo en 21 veces la brecha de ingresos por persona entre el 10% más rico y el 10% más pobre. En 2017 esa distancia era de 17 veces. Subió a 20 veces en 2018 y a 21 veces en 2019. En tanto, se considera la “mediana”( lo que percibe menos de la mitad del decil) la distancia sube de 16 a 18 veces. En 2017 es relación era de 13 veces. Más pobres y más ricos.

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Pobreza: los más afectados son los más chicos

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Esta “infantilización de la pobreza” se disparó a pesar de las distintas ayudas sociales, como la AUH y la tarjeta alimentar, lo que revela que son totalmente limitadas e insuficientes, y no atacan la raíz del problema.  Le siguen los que tienen entre 15 y 29 años: suman otros 5.300.000: el 49,2% del total de esas edades. Un aumento de 2 millones en sólo 3 años. En estas edades, entre las mujeres de 14 a 29 años la desocupación asciende al 26%, 3,4 veces la tasa de las mujeres adultas. Y entre los varones jóvenes (14 a 29 años) la tasa es del 19%, representando 2,9 veces la tasa de mayores. Otros 7 millones (37,2%) tienen entre 30 y 64 años, en una alta proporción en empleos informales. Son 3,2 millones más. Y con más de 65 años, hay otros 610.000. (11.9%). Son 250.000 más que a fines de 2017. De estos datos surge que en tan solo 3 años, por recesión, inflación, caída de salarios, jubilaciones e ingresos de la mayoría de la población, pandemia y cuarentena, y con más personas y familias asistidas por el Estado, 7.700.000 personas cayeron en la pobreza. Y de ese total 2,4 millones descendieron aún más: pasaron a ser directamente indigentes. A fines de 2017, sumaban 11.300.000, el 25,7% de la población. Y desde entonces, según las mediciones semestrales del INDEC, no paró de subir, hasta alcanzar el 42% en el segundo semestre del año pasado: 19.000.000 de personas Con ingresos familiares por debajo del valor de la canasta básica, están la mayoría de los asalariados y cuentapropistas no registrados y también buena parte de los asalariados formales o registrados ante la Seguridad Social, que tuvieron en tan solo 3 años caídas del salario real del orden del 15 al 28%. El mismo retroceso de ingresos tuvieron los jubilados y pensionados. En relación a la población activa – gente que trabaja o busca trabajo- la pobreza se compone de los desocupados, el 11% de la población activa: son 2.300.000 personas. Le siguen los subocupados – gente que trabaja pocas horas, en changas, en su amplísima mayoría no registrados: son el 15% de la población activa: 3.100.000. Con un aumento de la población (de 44 millones a 45,4 millones) el nivel del empleo retrocedió del 43% de la población a fines de 2017 al 40,1% al concluir el 2020. Representan a nivel país una pérdida de más de 700.000 empleos. Los salarios, las jubilaciones y las prestaciones sociales perdieron entre un 15% y un 30% frente a la inflación, en tanto fue mayor la caída en relación a la línea o canasta de pobreza. En tres años la inflación fue del 209%, la canasta básica de alimentos el 241% y el índice de salarios del INDEC de apenas un 143%. A su vez por la mayor desocupación y pérdida de empleos, la cantidad de gente con ingresos disminuyó en 1,1 millones de personas (del 61,5 al 58,6%: 2,9 puntos). En consecuencia, menos población con ingresos que a su vez aumentaron menos que la inflación, llevaron a que los ingresos totales aumentaran un 21,3%, una caída del 10,9% con relación a la suba de los precios. En cuanto a la distribución del ingreso, se mantuvo en 21 veces la brecha de ingresos por persona entre el 10% más rico y el 10% más pobre. En 2017 esa distancia era de 17 veces. Subió a 20 veces en 2018 y a 21 veces en 2019. En tanto, se considera la “mediana”( lo que percibe menos de la mitad del decil) la distancia sube de 16 a 18 veces. En 2017 es relación era de 13 veces. Más pobres y más ricos.

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